dilluns, de febrer 07, 2011

La desesperación vs la estupidez

Hola,

Anoche viví una de las situaciones más extrañas y deprimentes de mi vida en República Dominicana.

Anoche, mientras cenaba tranquilamente en casa, me avisaron del aeropuerto que una pasajera había sido detenida, supuestamente por portar sustancias prohíbidas. Esto, por desgracia, se está convirtiendo en una rutina y rara es la semana que no detienen a algún turista por creer que el personal de seguridad del aeropuerto y las personas que aguantan, por un sueldo de pena, sus gracias en los hoteles son la misma cosa.

Tanto es así que ya ni siquiera nos avisan de urgencia cuando un pasajero es detenido por este motivo. Sin embargo anoche la persona detenida andaba acompañada de un menor, de un menor de 2 años, y esto cambia totalmente la ecuación.

El primer impulso fue ir al aeropuerto para hacernos cargo del menor, conocedor de la precariedad de medios de algunas instituciones del país, que por mucha voluntad que tengan sus miembros, los medios son restringidos cuando no inexistentes. Por supuesto el magistrado que estaba al frente del caso nos prohibió llevarnos al menor, y pasó a formar parte del rodillo burocrático del sistema.

Hoy, después de catorce horas, no sé dónde está el menor ni en que estado se encuentra.

Esta circunstancia, si bien la viví como un espectador, me conmocionó hasta el punto de intentar comprender qué puede haber pasado por la cabeza del adulto para embarcarse en algo tan peligroso acompañado por su hijo menor. Y no lo sé.

Acostumbro a no juzgar nunca, y a tener una empatía congénita siempre con la parte contraria, pero en este caso no puedo dejar de culpar al adulto. La pregunta que me hago desde anoche es porqué. ¿Porqué alguien se mete en algo tan turbio acompañado únicamente de un bebé? Desesperación, quizá sí, pero para los mil o dos mil euros que se hubiese sacado haciendo de mula (como mucho), bien podría haber hecho cualquier otra cosa, incluso prostituirse mientras el menor estaba en la guardería, o con los abuelos. Ojo, no es que esté a favor de que haga algo así, pero a hacer barbaridades, por lo menos esta opción no compromete a nadie más que al adulto.

Hablando con la seguridad del aeropuerto me explicaron que ni siquiera quería facilitar los datos de la familia en origen porque creían que estaba de vacaciones en otro lugar totalmente diferente, lo que me da dos pistas, primero que todo el invento estaba premeditado, y segundo, que una vez más la estupidez ha vencido a la desesperación.

Al adulto no le esperan buenos tiempos, tengamos esperanza que la Embajada, la familia y, en lo que podamos ayudar, nosotros seamos capaces de devolver a este menor a casa lo más rápido posible.

1 comentari:

Vicsabelle ha dit...

Ay!!! Yordi, Leo esto y se me saltan las lágrimas. Cuando uno tiene hijos, esas son situaciones que le calan el alma. !Pobre chiquillo!!!... (seguramente al tonto se ocurrió que si llevaba al menor no le revisarían gran cosa!!!) Eso es en Punta Cana o la Romana??? Escribeme

Un gran saludo