dimecres, de novembre 01, 2017

Desde Londres con amor, por John Carlin


Me levanto aquí en Londres antes del amanecer, leo lo último sobre Catalunya y pienso qué feo que es todo esto. Qué feo y qué doloroso y qué decepcionante.

Esperaba más de España, el país donde nació mi madre, donde he vivido quince de los últimos diecinueve años, donde me he propuesto vivir –en Catalunya, sea independiente o no– la mayor parte del resto de los días que me quedan. La gente es más simpática, noble y generosa que en cualquiera de los otros siete países en los que he vivido. Comparado con los más de 70 países que he visitado es un buen lugar para ser un inmigrante, es un buen país para ser homosexual, para ser mujer, para ser un niño o un anciano. Hay tanto en España que es admirable, envidiable, moderno y ejemplar.


Es por todo esto que me decepciona y me deprime tanto constatar lo primitiva que sigue siendo la joven democracia española, en particular lo desquiciada que se vuelve cuando entra en juego el tema de la soberanía territorial. Tanto yo como mis muchos amigos extranjeros que conocen bien España y la aman hemos descubierto en las últimas semanas del drama catalán algo oscuro en el alma política de este país que hubiéramos preferido no ver.

Esto no es tomar una posición a favor de la independencia. Creo que sin excepción todos mis amigos nacidos fuera comparten mi rechazo al independentismo. No me gusta el antagonismo que define la esencia del sentimiento nacionalista siempre y en todos los lugares; sospecho que el precio económico de abandonar ­España sería catastrófico para Catalunya, en cuyo suelo, por cierto, tengo todos mis ­ahorros.

(EFE)

Catastrófica también la decisión de Carles Puigdemont y los demás políticos independentistas de optar no por convocar elecciones la semana pasada, sino por declarar la independencia unilateral. ¡Y hacerlo sobre la base de la supuesta legitimidad de un referéndum que nunca fue un referéndum! Aquello del 1 de octubre fue una protesta masiva con más teatro que sustancia electoral. No sólo Trump vive en un mundo de realidades alternativas.

Pero no fue esto lo que me abrumó esta mañana al despertarme. Lo que me abrumó fue la claridad con la que vi la mezcla de ira, u odio o revanchismo o quién sabe qué complejos que motivan las acciones políticas de aquellos señores y señoras del establishment político español, pero especialmente los del Partido Popular con las ganas locas que han tenido de imponer su autoridad sobre Catalunya. Lo vi y lo entendí cuando me vino a la mente el momento más revelador y siniestro de los días locos en los que vivimos: la rabiosa ovación que Mariano Rajoy recibió de sus correligionarios en el Senado tras su discurso el viernes en el que se exculpó de toda responsabilidad por el actual desmadre (otra realidad alternativa), insistió en que el que pecó fue Puigdemont “y sólo Puigdemont” y exigió la imposición del artículo 155. Sí, Puigdemont se lo acabó poniendo en bandeja, pero es muy difícil evitar la conclusión de que para Rajoy y compañía invadir y ocupar Catalunya políticamente siempre fue el primer recurso, no el último; que aprobar el artículo 155, la oscuridad hecha ley, fue motivo no de lamentación sino de festejo.

Lo que el PP no parece entender es que aunque su jugada funcione y el independentismo sufra una derrota en las elecciones del 21 de diciembre no va a dejar de ser una fuerza política importante. El intento de aplastarlo y humillarlo creará más resentimiento en sus filas, y el resentimiento es un motor político de inagotable energía.

Veremos qué pasa en las próximas semanas. Existen tantos riesgos de que las cosas vayan a peor como de que se tranquilicen. Pero hoy todo es feo. Desde fuera no hay otra forma de ver la toma de poder del PP en Catalunya. Y no sólo feo sino absurdo: lo chocante para mí y para todos los extranjeros con los que hablo es lo espectacularmente innecesario que ha sido todo este lío. Lo fácil que hubiera sido evitarlo. Primero, y obviamente, con un cambio del texto sagrado de la Constitución y con la aprobación de un referéndum pactado, como hubiera hecho cualquier otro Estado moderno y democrático (Canadá, Reino Unido) en similares circunstancias. Pero seguramente se hubiera evitado con menos: con gestos conciliadores y palabras respetuosas, con alguna cesión de poder a la región autónoma catalana, con un mínimo de espíritu estadista, con el afán de pensar primero en el bien general.

En una democracia la política consiste en persuadir, en ganar corazones y mentes a través de los argumentos, las palabras y los gestos. En un sistema autoritario la política consiste en imponer la ley. ¿A cuál de los dos se parece más el Estado español hoy? Sabemos la respuesta. ¿Pero por qué son tan torpes, tan inflexibles y tan estrechos? La respuesta es obligatoriamente larga y complicada, pero un artículo en la revista The New Yorker este fin de semana de mi amigo y laureado periodista Jon Lee Anderson creo que ofrece una pista. “Una profunda inseguridad –concluyó Anderson– late en el corazón del establishment político y mediático español sobre el calado que tiene la cultura democrática española. Y con buena ­razón”.

diumenge, d’octubre 22, 2017

Excepcional

Excepcional

Esta opinión es de: Anacaona: La última princesa del Caribe

"Fantástica novela histórica que narra el encuentro entre dos mundos, y que adopta alternativamente los puntos de vista de uno y otro bando, para ofrecernos una visión conjunta de los hechos que tuvieron lugar.

La prosa es impecable y el trabajo de documentación excepcional. Personalmente, la he disfrutado de principio a fin.

La recomiendo con fervor..".


Si Fernando Gamboa es "el puto amo" de la novela de aventuras, el señor José Vicente Alfaro lo es, sin duda, de la novela histórica, por eso, recibir un comentario de este calibre de un escritor como él me llena de felicidad y de agradecimiento. Muchas gracias querido José Vicente.Ex

dissabte, d’octubre 21, 2017

Anacaona, la última princesa del Caribe

Una historia de una vitalidad tan brutal que es imposible que mis letras estén a la altura de la misma, pero que tras cinco años de trabajo me atrevo a presentar bajo el rostro de una de las mayores olvidadas de la historia americana, Anacaona, la última princesa del Caribe.

dijous, d’octubre 19, 2017

Cuando la historia no la cuentan los vencedores

Cuando la historia no la cuentan los vencedores

Esta opinión es de: Anacaona: La última princesa del Caribe

"Uno de los mejores libros que he leído últimamente. Una historia de ficción basada en hechos reales que, por lo bien documentada que está, bien podrían haber ocurrido como se describe.

Una tragedia histórica contada desde el punto de vista de los que la sufrieron. El autor describe exquisitamente y con todo lujo de detalles cómo era la vida de los pueblos precolombinos, su sencillez, su ingenuidad y apacibilidad, su día a día, sus placeres, sus peligros... y tras la llegada de los conquistadores españoles. en qué condiciones se produce un choque de culturas donde desde el principio se sabe quién es el ganador y quién el perdedor. Me ha hecho llorar.

¡Gran trabajo, Jordi!.".


dissabte, de setembre 23, 2017

Excelente obra

Excelente

Esta opinión es de: Anacaona: La última princesa del Caribe

"Hacía mucho tiempo que una novela no me “enganchaba” de esta forma. Hace 10 años que investigo en los personajes reales que se tratan aquí, y me ha causado una excelente impresión el modo de tratarlos en la historia, lo bien descritos que están, la utilización de sus nombres reales, la cronología perfecta y la excelente narrativa que te lleva a sentir en ti mismo los sentimientos de esos indígenas que vivían en un paraíso (con sus virtudes y defectos) y su destrucción por gente que sólo ambicionaba oro y poder y que pensaba que su forma de vida era la mejor.

La utilización de fray Ramón Pané como hilo conductor de la historia me parece muy acertada. Ermitaño que convivió casi 2 años con el cacique Guarionex y escribió una relación que es un auténtico tesoro sobre la mitología, creencias y costumbres de la población indígena antillana, incluida por Hernando Colón en su Historia del Almirante.

En fin, excelente obra, muy bien documentada y escrita, la cual es, con sinceridad, la que a mí me hubiera gustado escribir.".


Una reseña magnífica que no puedo dejar de compartir. He ojeado la lista pública de compras y reseñas de José D. (del que no tengo más datos para agradecer sus palabras), y realmente es un apasionado de la época de la conquista. Estas son algunas de sus compras y comentarios:

2017-08-27 Compra verificada
Es una tomadura de pelo
Es un libro convertido de pdf y sin una mínima revisión. No se puede leer. Es vergonzoso que pongan a la venta un libro en estas condiciones. Una estafa
1 Star Cristóbal Colón: su vida, sus viajes, sus descubrimientos Vol1 
2017-08-19 Compra verificada
Muy simple
Simple enumeración de las tribus que poblaban el continente americano antes de la llegada de los europeos. No aporta demasiado.
2 Star La conquista de América (La otra historia)
2017-08-19 Compra verificada
Múltiples errores ortográficos
Se nota que el libro ha sido escaneado con OCR y convertido sin revisar. Se observan múltiples errores ortográficos que dificultan su lectura
1 Star Historia verdadera de la conquista de la Nueva España
2017-08-19 Compra verificada
Muy malo
Manida historia de judío listo y con suerte. Lo introduce en la época del descubrimiento de América utilizando personajes históricos y emplazamientos sin ninguna base histórica ni cronológica. Novela romántica y «pastelosa» que ni siguiera está bien escrita.
1 Star 1492: Una Historia Alternativa del Descubrimiento de América

Por eso sus palabras tienen un doble valor para mí. Muchas gracias José.

dimecres, de setembre 20, 2017

Un Excelente Libro

Un excelente libro

Esta opinión es de: Anacaona: La última princesa del Caribe

"No habia leído nada de este autor, sabia de su bien hacer, pero nunca imaginé que un libro suyo me afectara tan hondo. Es impresionante como el autor va desgranando la supervivencia del pueblo taíno frente a sus invasores españoles ávidos de poder y de encontrar riquezas. Para mi no ha sido un libro más de esta trama.

Los personajes van atrapándote en el, que yo los sentía como míos. Sus ciudades, sus amores, sus muertes....me hicieron derramar alguna lágrima. Describe, con mucho cuidado, la ambientación de aquella época. En resumen, para mi es un libro que primero, deberían leer todos los amantes de la historia y también todos los que buscan una buena aventura. Desde aquí le felicito a su autor y le animo para que nos cuente otras historias.

Gracias Jordi por todos los sentimientos que me ha producido tu libro.".


dilluns, de setembre 18, 2017

Fray Ramón Pané, el notario del Edén

“Una especie de gran canoa entraba por la boca de la bahía ayudada por la corriente. Un casco acabado en cuña, sobre el que unas grandes telas se inflaban al viento, rompía las trazas del mar en su recorrido. Los veinte hombres se estremecieron al ver aquella bestia gigantesca que violaba la bahía ante sus propios ojos”



Jordi Díez recupera de la memoria histórica la figura olvidada del ermitaño Fray Ramón Pané, el primer notario de la llegada de los españoles a la actual República Dominicana.


Por Jordi Díez

“Yo, Fr. Román, pobre Heremita del Orden de San Gerónimo, escribo lo que he podido entender y saber de la creencia e idolatría de los indios y cómo observaban sus Dioses, de orden del ilustre señor el Almirante, virey y gobernador de las islas, y tierra firme de las Indias, de lo cual trataré en la presente escritura”, con estas palabras transcritas de la traducción más honrosa que se tiene de los escritos originales, comienza el primer tratado etnológico sobre los habitantes de la isla de la Hispaniola, allá por el año de 1495, de la mano de Fray Ramón Paner...

La Isabela, primera ciudad fundada por los españoles en la actual República Dominicana

dilluns, de setembre 11, 2017

Todo un homenaje al pueblo Taíno

Todo un homenaje al pueblo Taíno

Esta opinión es de: Anacaona: La última princesa del Caribe

"El libro de Jordi Díez es un relato para saborear, para disfrutar, para dejar que nuestros sentidos se inunden con cada descripción, para recuperar nuestro lado salvaje e inocente; pero también para asistir y ser testigos de cómo el Paraíso puede desmoronarse por la ambición de los hombres.

El autor nos describe el primer contacto entre el Viejo y el Nuevo Mundo, y lo hace a través de la mirada de un gran personaje histórico como lo es el padre Ramón Pané. Por los escritos del monje catalán conoceremos sus vivencias, y asistiremos al cruel destino de un pueblo que en un principio recibió de forma pacífica y amigable a Cristóbal Colón, pero que en poco tiempo acabó diezmado a manos de los colonizadores, y descubriremos una apasionante historia de resistencia y lucha, la del cacique Caonabó y su bella y valiente esposa Anacaona, la que sería la última princesa del Caribe.

Es una novela extraordinaria, que todo amante de la buena literatura debería leer.".


dissabte, de setembre 09, 2017

Extraordinaria historia

Extraordinaria historia por Francisco Casero Viana

Esta opinión es de: Anacaona: La última princesa del Caribe

"Exquisita es la palabra exacta que tengo para esta novela de Jordi Díez, en la que uno se queda estupefacto por las barbaridades cometidas por los conquistadores españoles sobre los indios de la Hispaniola, pero hay que leerla despacio para captar cada detalle, cada intención y cada motivo de una de las mejores y más completas historias que he leído hasta la fecha. Creo que ya no quedan palabras de alabanza hacia esta novela porque ya se han dicho por otras personas y yo me ratifico en ellas. Se trata de una historia de costumbres ancestrales indígenas, de amor, de amistad, pero también es una novela de guerras crueles, de ambiciones sin límite, de demostración de poder sin olvidar la capacidad de sacrificio de otras gentes, nativos y españoles, pero en su contexto y olvidando algunos pasajes, es una novela hermosísima. Gracias, Jordi. Seguro que te ha costado mucho más escribirla que a nosotros leerla.".


dimecres, d’agost 23, 2017

No dejen de leerla

No dejen de leerla, por Manuel Navarro

Esta opinión es de: Anacaona: La última princesa del Caribe

"He terminado de leer 'Anacaona' con pena de acabarla, y, antes de intentar escribir un comentario sobre ella, pido disculpas si no consigo estar a la altura de la obra. Quizás sea la mejor novela que he leído desde hace tiempo. Mis felicitaciones más efusivas al autor.

Se trata de una novela de ficción histórica que recrea, desde dos puntos de vista (el de los indígenas, mediante un narrador omnisciente de lenguaje actual, y el de los conquistadores, a través de los escritos de Fray Ramón Paner de prosa similar a la lengua de la época), una parte de la historia del descubrimiento de América por Cristobal Colón.

Comienza la narración describiendo el origen de la princesa Anacaona, con un lenguaje claro, fluido, correcto, rico, y la vida apacible de los indígenas, haciendo hincapié en sus costumbres, sus juegos, su organización territorial… en un lugar paradisíaco como la isla La Española. Continúa la narración con la llegada de los castellanos bajo el mando de Cristóbal Colón y los cambios que ello supuso en la vida de los indios, las luchas entre estos, dirigidos por Caonabó, y los invasores, con secuencias trepidantes, para terminar con el sometimiento del pueblo taíno.

Con magníficas descripciones, una prosa exquisita, exuberante como la vegetación que describe, un extenso vocabulario de términos taínos, del que pueden encontrar un glosario al final del libro, un buen trabajo de documentación y una historia interesante y creíble que transmite sentimientos y hace recapacitar sobre cómo debieron ocurrir los hechos en los años del descubrimiento de América, Jordi Diez nos transporta al paraíso y al infierno, y nos mantiene pegados a las páginas de una obra bien estructurada y magníficamente escrita.

Destacable la fuerza de los personajes, en especial los protagonistas principales, la princesa Anacoana y el indio Caonabó, y también de los secundarios, tanto aborígenes como castellanos, de esta maravillosa historia que deja poso.

No dejen de leerla. Les gustará."


dilluns, d’agost 21, 2017

Albert Salvadó: Anacaona es literatura, y de la buena.


El señor Albert Salvadó es uno de los mejores escritores que conozco. Fue el revitalizador de la novela histórica en castellano y catalán, ha ganado varios premios literarios en su vasta carrera, tiene en su haber una de las mejores trilogías históricas de la literatura moderna, la historia de Jaume I el Conqueridor, por eso, que una figura de su relevancia hable así de Anacaona, la útlima princesa del Caribe, me llena de una emoción tan intensa que no puedo más que compartirla con todos vosotros. Muchas gracias, Albert, de tot cor, moltes gràcies.

Albert Salvadó
La buena literatura divierte, informa, transmite sentimientos y, además, ayuda a formar el espíritu. Por esa razón, cuando una buena obra literaria cae en nuestras manos, vale la pena mecerse en sus hojas, como si fuese la copa de un gran árbol que se balancea al son de la música que compone una ligera brisa.
Anacaona es literatura, y de la buena. Ésta es una obra obra que hay que leer despacio y perderse entre el análisis de los infinitos detalles que posee.
El ritmo es ágil, como corresponde a una historia plagada de hechos y más hechos y sazonada con sentimientos y reflexiones. La historia te atrapa desde un primer momento, intuyes que hay mucho más de lo que se muestra, pero no hay que caer en la tentación de echar a correr y devorar las palabras que contiene.
Hace tiempo, en una entrevista y a preguntas de un periodista, dije que el gran drama de un historiador es tener que morderse la lengua porque debe ceñirse a los documentos y a los hechos, mientras que el autor de narración histórica posee la inmensa libertad de llenar los corazones de sus personajes con sentimientos e inundar sus mentes con pensamientos. Y he aquí que estamos en presencia de un claro ejemplo de ello.
Hay un gran acierto en la utilización de dos narradores, de dos voces distintas. Una en tercera persona y otra en primera persona, que dan al conjunto un realismo innegable. Máxime, cuando se dejan caer expresiones que recuerdan el lenguaje de otros días, lejanos días, pero no en demasía para no perder al lector. Y esa doble voz nos permite pasar de un bando al otro, del mundo del invasor al universo indígena de una forma suave y sin perder el hilo ni por un instante..
Jordi Díez Rojas indudablemente consigue el objetivo de entretenernos con sus descripciones llenas de colores que van desde los más vivos y propios de un paisaje sin igual, comparable con el Edén, hasta los más oscuros, perversos y agazapados que corresponden al alma humana en sus más bajos instintos.
Jordi de una forma senzilla y llana consigue informarnos de unos hechos acaecidos en los primeros tiempos de la conquista del continente americano, de cómo era la vida en aquellas tierras y de lo que aconteció con sus habitantes que habitaban un lugar maravilloso.
Jordi transmite sentimientos, por supuesto que lo hace, y lo hace con trazo magistral, dibujando escenas que te llegan al alma y sin obviar la dureza de situaciones que te dejan con un sabor amargo en los labios. La realidad es la realidad y de todo hay en la viña del Señor.
Y Jordi ayuda a formar nuestro espíritu al unir a los sentimientos reflexiones que te llevan más allá de las simples palabras. Una notable reflexión sobre el papel del invasor, del ser que deja de ser humano porque olvida que los demás también son humanos y arremete contra todos y contra todo creyendo que el mundo es suyo.
Evidentmente, un análisis de una obra que va dirigida al público no debe desvelar el misterio y yo no lo haré. Quien desee conocer la historia, que la lea despacio y que la disfrute, porque Anacaona fue escrito desde el corazón. De eso no tengo la menor duda.
Una obra completa, bien estructurada y mejor escrita que consigue todos los atributos que la convierten en literatura. He seguido la trayectoria de Jordi con quien, dicho sea de paso, me une una sincera amistad. He intentado dejar a un lado ese detalle y centrarme en la obra, porque creo, también con mucha sinceridad, que merece todos los honores.

diumenge, d’agost 20, 2017

Lo nuestro

Hace años que dejé de explicarme y de excursarme por mi catalanidad. Hace años que dejé de sentirme acomplejado, o de intentar convencer a los otros de que yo era catalán porque sí, no para joder a nadie. Hace mucho tiempo que dejé de explicar a los demás que los catalanes hablamos catalán incluso con las personas que amamos porque no es una enfermedad contagiosa, no lo utilizamos contra los demás para joderlos. Hace años, desde que escuché al President Maragall decir que estaba harto de explicarse, yo también me cansé de hacerlo. 

Sé que mi caso no es ejemplo de nada, pero este hartazgo de la autojustificación continua ha acentuado el sentimiento de pertenencia y la necesidad de normalizar el ser catalán en un país que sencillamente no quiere entender, porque ese es el gran problema de una parte de España, que un porcentaje de la población no comprende que hay gente diferente, no mejor (que no lo soy, ni lo somos), no peor (que quizá en muchas cosas sí lo soy), sino ligeramente diferente. Estos días, y tras el abominable atentado en la capital de mi país, he visto cientos de tuits, de mensajes en los muros de Facebook y de comentarios en prensa de gente que insulta al President de la Generalitat por haber hablado en catalán, a la alcaldesa de Barcelona, al Major del Mossos, al Conseller d’Interior, a toda una serie de responsables de las administraciones catalanas que sencillamente han hablado en su idioma. ¿Cómo puede ofender esto a nadie, en qué cabeza cabe que hablar el idioma propio de uno se considere una afrenta al resto?

Es evidente que no toda España piensa así, por supuesto, y también se cae por su peso que es una minoría quien se expresa en estos modos, pero el silencio de una buena parte del resto ante la crítica feroz a todo lo que huela a catalán, en mi opinión, los hace cómplices. Hoy he visto que en el faro de Maspalomas han proyectado la senyera y que en el Ayuntamiento de Albacete ondeaba la bandera catalana a media asta (seguro que hay muchos más ejemplos en la gran España), pero a raíz de estas iniciativas no he podido dejar de preguntarme cómo es posible que ese gesto hermoso no haya sido oficiado, obligado o recomendado por el gobierno central del estado, colgando una bandera de Barcelona, o de Catalunya, por ejemplo, en todas las instituciones españolas. Eso habría sido una muestra de respeto y comprensión.

Creo que hay que tener una mentalidad muy pobre, provinciana me dijo una querida amiga madrileña que trabaja conmigo, para no entender que justamente en este momento no sólo no debería haber habido una sola crítica a nuestro idioma, sino que toda España debería haber hablado catalán, como se colgaron en su momento el “Je suis Charlie Hebdo” o tiñeron miles de perfiles de FB con la bandera francesa de fondo. 

Ya estoy harto de leer en contra nuestra, de las bromitas, de sentirnos acomplejados por tener una doble cultura, de saber que apenas cuelgue estas líneas un porcentaje de gente dejará de seguirme en las redes, otro me insultará, otros me echarán en cara que escribo mis libros en castellanos para vender más (como si vendiera una mierda en ningún idioma), otros dirán que soy cansino, otros me llamarán cualquier barbaridad, como hacen día tras día, nazis, talibanes, chavistas, …, y no sé cuántas cosas más. Estoy harto de que en cada estadio donde compite un equipo catalán se cante el “puta Catalunya” sin que el resto del estadio se pronuncie en contra. Estoy harto de que el piloto que se cae sea catalán y el que gana sea español, harto de que cada vez que alguno de nosotros intenta explicarse en un foro, al cabo de tres o cuatro mensajes comiencen los insultos, harto de los chistes que destilan odio visceral, cansado de escuchar que para ser catalán no soy mala persona, o que aún siendo catalán soy simpático (que no lo soy) y no es por el tema de la independencia, esto ya pasaba antes. Los que tenemos una edad hemos escuchado el “niño, habla en cristiano”, “catalufo” o “qué te pasa en la boca” desde que tenemos uso de razón.

Como decía, no es esta arenga achacable a toda España, por supuesto que no. La mayor parte de los españoles además pasan olímpicamente de este asunto, los tiene cansados, les importa un pepino, por no ser chabacano y decir un huevo, y es normal que así sea, a mí también me traería al pairo si no fuera catalán, así como soy consciente del exacerbamiento para el provecho político del tema por ambas partes, aunque jamás había escuchado, hasta hace bien poco, soflamas o proclamas anti españolas en casa. Pero creo que más allá de las ideas políticas de cada uno, tanto los que entendemos que nos iría mejor como país independiente, aún con miles de dudas, como los que se sienten parte de otra realidad mayor, por fuerza harta la falta de respeto continua a nuestro idioma y a nuestra cultura. Cansados de que se entienda que hablar en catalán es faltar al respeto a los demás, de que hablar en catalán no es correcto en grandes ocasiones, que hablar en catalán cuando se gana un Roland Garros o cualquier otro premio importante es de mala educación, que cuando se gana un mundial de MotoGP o el Dakar y se saca la bandera catalana es un insulto al resto de España, y no lo es. A mí nunca se me ocurriría entrar en una tienda deportiva y pedir que retiraran toda la ropa de un equipo porque en su equipación lleva la Senyera, la bandera española o la de los Lanister, ni se me pasaría por la cabeza cuestionar a un padre porque le hable en un  idioma u otro a su hijo, y nosotros lo vivimos continuamente, esa es la maldita realidad.

Hace unas semanas compartí cena de trabajo con una amiga italiana, un compañero de Madrid y dos comensales más, uno mallorquín y una señora madrileña, y al finalizar la cena mi amiga me preguntó cómo aguantábamos todo eso, porque tras los primeros temas habituales de mesa, enseguida salió la bilis en cuanto manifesté que era, tras contenerme un buen rato a sus preguntas, catalán. También es igual de cierto que una de las personas con las que paso mayor tiempo, laboral y lúdico, y que poco a poco se va convirtiendo en un amigo de verdad, es de Alcobendas y un ejemplo de lo que debería ser una sociedad normal, como durante tanto tiempo ha sido (o es, hace mucho que no vivo allí) Catalunya. Toda mi familia por vía materna es cordobesa, y jamás han tenido un solo problema por ser de un lugar u otro, ni he oído a mi abuelo quejarse de que nadie le faltara por hablar con su acento de Monturque, al contrario, es ahora cuando mis tíos y primos bajan al pueblo que los importunan preguntándoles cómo pueden vivir en Catalunya, ¡el lugar en el que se ganan la vida!. Mi esposa en extranjera y mi hijo también, y nunca hemos tenido un solo incidente por hablar español en ningún lugar del mundo, y sin embargo he tenido que aguantar que una señora imbécil me preguntara por qué le hablaba a mi hijo en catalán “siendo tan pequeño”, como si esa mierda se contagiara y fuera a lastrar el crecimiento del menor. 

No es este un alegato al victimismo, real o no, que se nos ha achacado por años, ni un intento por explicarme, porque como decía, hace mucho tiempo que dejé de predicar lo que nadie quiere oír. Hace mucho que me di cuenta de lo cansinos que somos los catalanes con “lo nuestro”, de verdad, tan cansinos que incluso molesta que hablemos de lo nuestro entre nosotros en nuestro idioma. Es evidente que son muchas las opiniones, tantas como personas somos, pero en estos días y tras el brutal atentado en Barcelona y Cambrils, no podía imaginar que la televisión pública española evitaría sacar al President de la Generalitat en los actos oficiales, o que los medios de comunicación vincularían la brutalidad a la opción legítima de querer ser un país normal donde podamos hablar en el idioma que nos salga de las narices y que el que se ofenda se vaya a otra parte, y mucho menos que nadie se ofendería porque los catalanes hablaran en catalán en Catalunya. Claro que esa estupidez congénita también forma parte de lo nuestro, pues era de cajón que iba a repetirse lo mismo que tras el accidente aéreo donde murieron un buen número de catalanes y el gobierno español, el de todos dicen, ni siquiera permitió poner una placa conmemorativa en el idioma de esas víctimas…

divendres, d’agost 18, 2017

Taínos, un pueblo para no olvidar

Taínos, un pueblo para no olvidar, por Cristina Suárez

Esta opinión es de: Anacaona: La última princesa del Caribe

"Anacaona, Caonabó... Dos nombres propios que representan la historia de un pueblo, los Taínos, los hombres buenos, que habitaban Ahíti, un paraíso lleno de lugares inimaginables, ríos, cascadas, aguas de un mar transparente o el Edén a lo ojos de Fray Ramón Paner. Ellos son el alma de esta historia, de esta realidad que sucedió hace ya unos cuantos siglos, cuando a Cristóbal Colón se le ocurrió la idea de encontrar un camino alternativo para llegar a las Indias y halló la magia de un pueblo que habitaba unas tierras enormemente bellas, unas tierras que los castellanos decidieron hacer suyas, unas tierras cuyos habitantes tuvieron que sufrir la masacre de su pueblo a manos de los que se hacían llamar cristianos.

Conocía parte de esta historia y, cuando pienso en ello, me estremezco al sentir el dolor de unos seres humanos que tuvieron que claudicar ante la superioridad de los conquistadores cuyos actos llevaron a la desolación de los que hasta entonces habitaban esa isla maravillosa que ahora es la República Dominicana. Los relatos de Fray Paner, que son la base de la novela de Jordi Díez, muestran la dureza que aconteció en esos años, la crueldad de los castellanos, su desprecio hacia la vida de los hombres, mujeres, ancianos y niños que asesinaron. Unas personas buenas, que no conocían la mentira ni el odio, que vivían en paz en su Paraíso, respetando sus costumbres, su pasado, sus ancestros y que veían en Caonabó y, más tarde en Anacaona, a aquellos que podrían librarles de tanto horror.

Es una novela para no olvidar, llena de sentimientos y de amor si conseguimos abstraernos de lo que aconteció y pensamos en Anacaona y en su amado Caonabó bañándose en su laguna o recostados en su hamaca, sintiendo la brisa del atardecer. Muy bella su historia y muy triste la que tuvieron que vivir. Siempre que hay alguien que quiere lo que no le pertenece, el dolor está asegurado. Es algo que ha pasado y es algo que sigue pasando en distintas partes del mundo.

Tengo que dar las gracias al autor por escribir esta novela y por permitirnos conocer la vida de la última princesa de Ahíti. Enhorabuena por sus letras y por transmitir tan bien las sensaciones que se esconden entre las páginas de su libro."


Cristina Suárez: Taínos, un pueblo para no olvidar

Taínos, un pueblo para no olvidar
Anacaona, Caonabó... Dos nombres propios que representan la historia de un pueblo, los Taínos, los hombres buenos, que habitaban Ahíti, un paraíso lleno de lugares inimaginables, ríos, cascadas, aguas de un mar transparente o el Edén a lo ojos de Fray Ramón Paner. Ellos son el alma de esta historia, de esta realidad que sucedió hace ya unos cuantos siglos, cuando a Cristóbal Colón se le ocurrió la idea de encontrar un camino alternativo para... Mostrar más

dimarts, d’agost 08, 2017

Libreteria: Caonabó vs Colón: el choque de dos culturas

Jordi Díez: ‘Anacaona’


Anacaona es una novela rica en emociones, sabores profundos, olores intensos, colores vivos…, llena de vida y vitalidad, la de la desconocida y prácticamente desaparecida cultura taína que ocupó el Mar Caribe.

Pero también de matices grises y negros...

dijous, de juliol 27, 2017

Blanca Miosi y su Mundo: ANACAONA, de Jordi Díez. Una opinión.

Hablar de las novelas de Jordi Díez significa un compromiso para mí. No porque sus novelas no sean buenas y me sienta obligada a dar una opinión favorable, es porque él es un excelente lector y crítico —las muestras están en las incontables reseñas que tiene en su blog Mis Últimas Lecturas— de manera que ya solo hablar de uno de sus libros es para mí todo un honor, pues en cuanto a opiniones él deja el listón muy alto. 
 
Hoy hablaré de su más reciente publicación: ANACAONA, LA ÚLTIMA PRINCESA DEL CARIBE. Supe en cuanto la leí que no sería una novela al estilo El péndulo de Dios sino más bien en la línea de su primera novela La virgen del Sol, un libro que me cautivó porque es diferente de los libros que se han escrito ambientados en la época del imperio incaico. Sin embargo Anacaona es diferente. En esta novela Jordi Díez tal vez por estar inmerso en el lugar de los acontecimientos se muestra particularmente emotivo. Se puede sentir en sus páginas: una historia relatada a través de los apuntes de un monje que formó parte del descubrimiento de la actual Ahití y República dominicana, y que de manera fidedigna da a conocer los infaustos días y, por qué no, los también gloriosos momentos de las gentes que habitaban esa isla, la más grande del mar caribe ahora divida en dos. Fue el primer lugar adonde llegó Cristóbal Colón y la primera capital de España en el Nuevo Mundo: Santo Domingo.
Aunque la reina Anacaona forma parte importante de la novela, hay un personaje que según mi opinión es absolutamente relevante: Caonabó. Un cacique indio (como Colón llamaba a los habitantes de las tierras descubiertas) valiente, guerrero, viril, imbatible, un líder de su pueblo y de las tantas tribus que vivían en la Ahíti de la época, que se atrevió a enfrentarse a los españoles. Quedé enamorada de Caonabó.
Pero Anacaona, la novela, no se trata únicamente de conquistadores y vencidos, aunque hay partes que parten el alma, debido a la exquisitez narrativa del autor que por momentos hacen tan vívidas las escenas como si uno estuviera allí, frente a ellos, como testigo de primera mano sufriendo, gozando y riendo con ellos; se trata, como decía, de conocer, de comprender a los seres humanos en una época en la que tanto la conquista como la lucha por no ser conquistados formaba parte de la cotidianidad de las vidas de los seres que poblaban la Tierra. El mundo está formado basado en conquistas, desde los romanos pasando por los musulmanes, los vikingos, españoles y también entre las civilizaciones americanas precolombinas, así que no voy a caer en prejuicios “anti-tal” un prefijo que se usa en exceso cuando se trata de reivindicar pueblos caídos bajos yugos extranjeros. Se trataba de la sobrevivencia del conquistador o del pueblo conquistado, de sus maneras de pensar y ver la vida, de sus acciones valientes y de sus bajezas, de uno y otro bando, porque en todos lados se cuecen habas.
Creo que esta novela es una de las mejores que he leído de Jordi Díez, se nota en ella madurez en sus letras, en el detalle, en los sentimientos y también en el uso del lenguaje.
La portada merece un renglón aparte. Sobria, con fondo oscuro, sin imágenes de paisajes que puedan desvirtuar el rostro de la mujer que parece decirnos: "esta es mi historia".

Felicitaciones al autor, espero seguir gozando de sus obras.

divendres, de juliol 21, 2017

Anacaona, la última princesa del Caribe


Haz click si deseas leer gratuitamente los primeros capítulos de mi última novela: "Anacaona, la última princesa del Caribe"

Tras veintiséis años en tierras ignotas, Fray Ramón Paner regresa a su Barcelona natal con el legado de toda una vida: la historia del mayor descubrimiento de la humanidad.
En su memoria carga el testimonio de su llegada a la idílica isla de Ahíti junto a un grupo de bravos aventureros que bajo el mando del Almirante Cristóbal Colón fueron los protagonistas de la mayor gesta conocida por el hombre, pero también los encargados de someter las voluntades escondidas en ese exuberante nuevo mundo. 
Por su parte, aunados en torno a la figura de su líder, Caonabó, y de su bella esposa, Anacaona, los aborígenes intentarán defenderse contra un choque de mundos en el que el amor, el deseo, la envidia, la ambición y el terror arrastrarán a los hombres hasta los límites más recónditos de su condición humana.

dimecres, de juny 21, 2017

El dilema de Adriana

Os propongo un juego, leed con atención el siguiente texto: 

Adriana acaba de independizarse y está empezando su carrera como modelo profesional. Tiene ciertas dificultades económicas para pagar el alquiler de su casa y necesita conseguir un proyecto con carácter urgente.

De repente aparecen dos oportunidades. Alberto, un amigo suyo, le pone en contacto con un conocido que busca una modelo para un catálogo de lencería. Aunque la idea no le seduce, finalmente se decide a visitar la agencia y se da encuentro con Fabio, el conocido de Alberto. Fabio le hace una oferta tentadora, y propone a Adriana salir a cenar esa noche. Ella acepta por el interés de conseguir el trabajo, pero al finalizar la cena, Fabio le invita a tomar una copa en su casa. Ella imagina sus intenciones y amablemente rechaza la invitación, ante lo que su acompañante, enfadado, contesta que él nunca contrata a una modelo sin saber qué puede ofrecer.

Al día siguiente, Adriana llama a Alberto y le cuenta lo sucedido. Él le dice que qué esperaba; que en ese mundo las cosas funcionan así, y que debía haber aceptado. Terminada la conversación, recibe una llamada de Alejandro, su casero, reclamándole las tres últimas mensualidades. Ante las explicaciones que le da la chica, el casero se muestra firme y le comunica que en una semana pondrá una denuncia para desalojar el apartamento.

Adriana está bastante contrariada con los últimos acontecimientos, pero todavía tiene otra oportunidad. Le habían llamado de otra agencia, pero cuando llega, el trabajo ya está adjudicado.

Desesperada, llama a Martina, una de sus amigas con mayor nivel económico para solicitarle un préstamo. Martina le comenta que tiene por costumbre no prestar dinero, y que siente mucho no poder ayudarla.

Ante la situación, se decide a llamar a Fabio, quién después de acostarse con ella, le da el trabajo. Cuando se lo cuenta a Alberto, él la felicita, aunque le dice que, en cualquier caso, él podría haberle prestado el dinero si hubiera conocido su situación.


Este texto que acabáis de leer fue un trabajo de análisis en un congreso de trabajo al que tuve la fortuna de acudir. El ejercicio, una vez leída y analizada la historia, consistió en que cada uno de nosotros marcara los culpables de la situación de Adriana en orden de mayor a menor según la culpabilidad que achacáramos a cada uno de ellos.

Así pues, el trabajo consistía en ordenar a los personajes, Adriana, Alberto, Fabio, Alejandro y Martina, de mayor a menor grado de culpabilidad según lo que creyéramos y después defender nuestra lista ante los demás.

La verdad es que me pareció un buen ejercicio, no tanto para uno mismo, pero sí para observar que cada uno de nosotros valora diferente una misma situación, ver como los valores personales son eso mismo, personales, y cada individuo tiene los suyos (a no ser que seas Groucho Marx, por supuesto).

Ahora os invito a hacer lo mismo en este foro y que digáis la vuestra, ¿quién es el culpable del dilema de Adriana y por qué? 

dissabte, de maig 06, 2017

Gentes de Venezuela

Rescato estas palabras del muro de Facebook de mi querida y admirada amiga Blanca Miosi. Para todos aquellos que vivimos la desgracia venezolana desde lejos, y que además vivimos en países de acogida de las gentes venezolanas, creo que es de obligada lectura.



Vine a este país, Venezuela, hace muchos años, cuando ya Velazco Alvarado había fallecido y estaba temporalmente en el gobierno el general Morales Bermúdez. No recuerdo que en aquella época hubiera marchas de protestas tan sangrientas como las que hoy en día hay en Venezuela, a pesar de que la carestía era grave, las expropiaciones, y la persecución a los opositores. Estuve en el Perú durante toda la dictadura de Velazco, por eso sé cómo fue desde que empezó. En 1977 tuve la oportunidad de venir a Venezuela y me radiqué en este país, en el que fui acogida como una venezolana más. 

Venezuela es un país que ha tenido y sigue teniendo los brazos abiertos para todos los inmigrantes, sean peruanos, argentinos, chilenos, ecuatorianos, colombianos, portugueses, italianos, griegos… gente de cualquier país y de cualquier religión integra una sociedad en la que ningún inmigrante es tratado con desprecio o con odio, creo que es simplemente porque el venezolano es una persona amable por naturaleza, su misma forma de hablar lo indica: tutea a cercanos y extraños, sin importar la clase social, o el puesto que tengan, los mesoneros te dicen “mi amor”, y cualquier desconocido se toma el trabajo de escucharte con paciencia la pregunta que desees hacer (otra cosa es que te den la respuesta correcta), pero siempre la amabilidad es la característica principal. Los conductores dan pase a los ancianos y a los niños, no te lanzan el coche ni tienes que hacer malabarismos para cruzar una calle, y en la época en la que llegué, era muy cotidiano que fueras a casa de cualquiera si había una fiesta y te daban de comer, te divertías y hasta podías quedarte a dormir siendo una perfecta desconocida. 

Este fue el país que me dio la oportunidad de hacer mi sueño realidad: tener un taller de alta costura durante más de veinte años, pero los sueños no siempre son los mismos, y menos cuando las circunstancias van cambiando. Hoy ya no tengo más el taller y me dedico a escribir. ¡Quién lo diría! Hoy las circunstancias han cambiado, y como dijo José Ortega y Gaset, soy yo y mis circunstancias. Y esto es extendible para todos.

Venezuela no es más el país tranquilo y amable que conocí, porque sus gobernantes han traído el caos. Sin embargo la gente lo sigue siendo. Pero el venezolano a pesar de ser tranquilo y amable, tiene una fuerza interior que lo hace un luchador donde sea que se encuentre. En el Perú Velazco decretó que el dólar era ilegal y por tanto había que entregarlo a los bancos, expropió muchos fundos e industrias, y mantuvo al Perú sumido en la escasez y en la miseria, pero nunca vi marchas ni protestas en las calles como aquí, en la que a diario pierden la vida jóvenes, quienes son los más propensos a dejarse llevar por sus pasiones; pero también veo mujeres, viejos, ancianos, yendo a marchar por una Venezuela libre, enfrentándose a tanquetas, bombas de gas lacrimógeno, perdigones y balas de las tropas de asalto del gobierno que pasean impunes vestidos de civil en motos por todas las calles de Venezuela.

Hoy Venezuela es otra pero su gente es la misma. Y esa gente que nunca quiso salir de su país, porque Venezuela no era un país de inmigrantes, ahora necesita la ayuda y la comprensión de los países hermanos. Sin embargo no todos lo entienden así. La mayoría se siente invadida y teme por su seguridad y la de los suyos. Es normal. Hoy ya no es ayer. Hoy las necesidades de los países se han acrecentado. Hoy hay demasiados inmigrantes en todo el mundo. Estoy segura de que si este gobierno se va del poder, muchos venezolanos regresarían a su patria y dejarían de “molestar” en otros países.

Sé que he despertado la sensibilidad de muchas personas al publicar mi post anterior, en donde decía que en Perú los inmigrantes venezolanos no eran bienvenidos. Lo dije porque leí los comentarios que dejó gran parte de la audiencia en un programa en donde se hablaba del problema. LOS COMENTARIOS, no lo que hablaban el moderador del programa y la entrevistada, que dicho sea de paso es mi sobrina y como buena venezolana está sacando la cara por los inmigrantes, indicándoles cómo es el proceso para estar legales en un país que les dio acogida. Por supuesto que sé que el presidente Pedro Pablo Kuczynski decretó un carnet de residente a los venezolanos y a cualquier extranjero que llegara al Perú bajo ciertas condiciones legales. Pero una cosa es un presidente y otra los habitantes de un país.

Sé que mi post ofendió a algunos peruanos que de inmediato saltaron a decir cosas como que yo tenía resentimiento social por ser hija de japonés. No sé a qué se quiso referir el señor Pedro Moyano exactamente, pero le aclaro que me siento bien tal como soy y nunca he tenido problemas por cuestión de razas o religiones. La prueba es que me casé con un polaco.

Bueno, amigos, reitero mi agradecimiento y mi admiración al pueblo venezolano, luchador, con guáramos, que se lanza a las calles a enfrentar a un dictadura que tiene todo el poder, y también el poder militar de los cubanos que van llegando a diario a Venezuela, porque así es. Llegan aviones a muchos aeropuertos militares con comandos y soldados cubanos justo ahora.

dissabte, d’abril 22, 2017

Paga lo que quieras por estos thrillers y decide adónde va tu dinero

Se lanza un pack de ebooks de acción, aventura e intriga (thrillers) en el que el lector decide cuánto paga y qué porcentaje llega a los autores

El servicio de recomendación de libros electrónicos en español Ebrolis.com ha lanzado un nuevo producto al mercado con el que el usuario paga lo que quiere por un pack de libros electrónicos de un género en particular. Además, el lector decide qué parte del dinero de su compra se queda el autor del libro, cuánto recibe una ONG y cuánto se lleva la empresa Ebrolis.


Ebrolis acaba de lanzar, en esta modalidad “paga lo que quieras” un pack de 11 ebooks de acción, aventura e intriga, es decir, thrillers (https://www.ebrolis.com/pack-thriller?orig=aut_JorDi). Los libros seleccionados son de autores independientes de renombre que han obtenido el apoyo de la crítica especializada y del público. Si el usuario compra el pack inicial de 5 libros y decide pagar más que el promedio obtiene otros 6 ebooks de regalo, consiguiendo un total de 11 novelas, una de ellas en formato cómic. Este producto deja en manos de la audiencia la decisión de cuánto dinero desea pagar por la obra de los autores y permite descubrir escritores nuevos a bajo precio.

Para todos los dispositivos y sin DRM

Los libros del pack llegan en un email en formato PDF, EPUB y MOBI, por lo que pueden ser leídos en cualquier dispositivo -tablet, PC, teléfono, Kindle y otros e-readers-. Además, ninguno de los libros está protegido por la tecnología DRM, tradicionalmente utilizada por editoriales para limitar el uso de medios o dispositivos digitales. “No creemos que la tecnología DRM sea un método efectivo contra la piratería”, afirma Cristian Perfumo, fundador de Ebrolis. “Dejar que cada uno pague lo que considera justo por el pack de libros nos asegura que todo el mundo tiene acceso a esta oferta y es un voto de confianza hacia los lectores”, añade Perfumo.

Pionero en el mundo hispanohablante


Ebrolis fue la primera empresa en implementar este modelo de venta de libros en el mundo editorial en español, pero se trata de una modalidad ya afianzada en el mercado de los libros en inglés. Empresas como Humble Bundle llevan vendidos millones de libros y videojuegos dejando decidir al usuario cuánto paga por ellos.

Ayuda a una causa

En este pack de thrillers, el porcentaje que cada lector decida irá a ayudar a la reconstrucción de la ciudad de Comodoro Rivadavia, Comodoro Rivadavia, Argentina (de donde son los fundadores de Ebrolis), después del desastre meteorológico que destrozó a la ciudad y afectó a miles de personas (http://www.infobae.com/sociedad/2017/03/31/el-temporal-en-chubut-no-da-tregua-y-comodoro-rivadavia-sigue-bajo-el-agua/). La donación será gestionada a través del Club de Leones de Puerto Deseado.

Los lectores tienen hasta el 15 de abril para adquirir el pack de Thrillers (https://www.ebrolis.com/pack-thriller), en el que se incluyen las siguientes novelas:

● El secreto de Boca Verde, de Alberto M. Caliani
● El búnker de Noé, de Gabri Rodenas
● Cazador de farsantes, de Cristian Perfumo
● El escultor de cadáveres, de César García Muñoz
● En el cuarto frío, de E. Robinson

Si el usuario paga tan sólo un céntimo más que la media de los pagos en el momento de hacer su compra obtiene también los siguientes cinco libros más un cómic, marcados como bonus:

● El manzano torcido, de E. Robinson
● La mirada de piedra, de Jorge Magano
El péndulo de Dios, de Jordi Diez
● El mundo rojo y el cuarto jinete, de Jose Callado
● El llanto de la Isla de Pascua, de José Vicente Alfaro
● Rabia del sur (cómic), de Marcos Cañada y Francisco Javier Villalba

dimarts, d’abril 11, 2017

Lecturas amazónicas

Hoy es uno de esos días en los que uno se siente agradecido, uno de esos momentos en los que merece la pena echar un vistazo atrás y alegrarse de haber tenido la fortuna de poder participar con Blanca Miosi y Freddy Piedrahíta en el programa La hora amazónica con las reseñas de algunos de los libros que he leído.

Y digo esto porque además de los buenos momentos que me genera el confeccionar esos espacios de Lecturas amazónicas, hoy me ha dado por contar las descargas de esta sección dentro del programa de Blanca en las diferentes plataformas en las que se encuentra activa y he visto, con sorpresa y gran felicidad, que son más de 25.000 las escuchas de las reseñas de mis lecturas. 

De verdad que jamás pensé que llegaría, que llegaríamos, a cifras así, que un proyecto como el que parió el polifacético Freddy Piedrahíta alcanzaría la barbaridad de más de cien mil escuchas, que los programas de radio que hacemos entre cuatro aficionados con más ganas que medios y conocimiento conseguiría cifras de cinco y seis dígitos, audiencias a las que muy pocos programas emitidos únicamente por Internet llegan, y por eso me siento agradecido y orgulloso de participar en este proyecto.

No sé cuánto más dure, ni cuántas más reseñas sea capaz de locutar, pero hoy no es el día de plantearse nada de eso, hoy es el día de daros las ¡GRACIAS! en mayúsculas, a grito tendido, agradecer a los oyentes de Radio Voces Unidas, a los oyentes de La hora amazónica, y muy en especial a los que seguís la sección Lecturas amazónicas:

¡GRACIAS, MUCHAS, MUCHAS GRACIAS!


RADIO VOCES UNIDAS - LINK

EL RINCON DE LAS ARTES, con Katia N. Barillas - LINK

LA HORA ROMÁNTICA, con Cecilia Pérez - LINK

LA HORA AMAZÓNICA, con Blanca Miosi - LINK 

LECTURAS AMAZÓNICAS - LINK

diumenge, de gener 29, 2017

El año que abracé a Rafael Nadal

Hace aproximadamente cinco años, el tenista mallorquín Rafael Nadal, que había sido campeón en 2009, acababa de perder por primera vez una final del Open de Australia contra el serbio Novak Djokovic, en lo que fue considerado como uno de los mejores partidos de todos los tiempos.

Pocas semanas después de su derrota, el tenista de Manacor vino a la isla para un acto de promoción publicitaria con la empresa en la que trabajo y se alojó en la villa que tiene Julio Iglesias en la zona costera de Punta Cana, siendo yo la persona encargada de acompañarlo a él y a su séquito desde la casa del cantante hasta el lugar en el que tendría lugar el acto publicitario. Dos horas largas de carretera con el astro junto al que todo el mundo quería fotografiarse.

No acostumbro a hablar de mi trabajo. No me gusta vincular mi faceta profesional, ni la imagen de la empresa a la que represento, con mis ideas personales ni con mis escritos o posicionamientos políticos, pues son dos ámbitos de mi vida totalmente diferentes, pero aquel inicio de año de 2012 fue especial porque sentí el peso y el orgullo de ser el escogido para representar a la corporación ante la figura de Rafael Nadal.

Recuerdo que justo la noche antes de que tuviera que hacerles de guía, me lo encontré de casualidad cenando en un restaurante de la zona con un grupo de amigos. La gente del restaurante, los clientes, y todo alma que pasaba por allí, se levantaba y se acercaba a interrumpirlo continuamente. Nadal no dejó de sonreír y de tomarse fotos con todos los que hasta él se acercaron aquella noche. Mientras, sentado a pocas mesas de distancia, yo observaba la situación con cierta sorpresa, pues si hubiera sido mi menda a quien hubieran interrumpido de aquella forma, creo que habría sacado la raqueta (que seguro que lleva siempre una encima a pesar de que no se la vi) y hubiera comenzado a repartir drives y reveses entre los asistentes como si me hubiera encontrado en una final de gran Slam. Sin embargo él no lo hizo, aguantó estoicamente y cuando llegó el momento de marchar se fue entre gritos de “Rafa, Rafa”.

A la mañana siguiente llegué pronto a la villa de Julio Iglesias a bordo de un pequeño autocar con espacio para los pasajeros y sus pertenencias, pues me habían avisado que después del acto se marcharían directamente a Miami a jugar en Key Biscane. De camino a la villa albergué la ilusión de encontrarme a Julio Iglesias bajando en batín a lo Hugh Hefner para despedir a la comitiva, pero en su lugar apareció un mayordomo a quien reconocí años más tarde presentando un libro de memorias, por no decir vergüenzas, del propio Julio Iglesias sin permiso de éste. Tras el susodicho mayordomo comenzaron a aparecer unos jóvenes, los mismos con quien había visto a Rafael Nadal en la cena, que se fueron despidiendo del escritor de memorias no autorizadas y entrando al bus por indicaciones mías. Al final llegó Nadal con una chica, su novia, y una señora, su madre, y se unieron al grupo.

El viaje había de durar un par de horas y enseguida comprendí una de las razones por las que había sido escogido para hacerles de guía, pues todo el grupo hablaba en catalán. Apenas me percaté de esa feliz coincidencia, los saludé con un “bon dia”, y arrancamos. 

Recuerdo que hablamos de muchas cosas, me preguntaron por temas del país, costumbres, curiosidades, sorprendidos de lo que iban viendo por la ventana del autocar, cosas como ir cuatro o cinco personas en una moto, o el desorden infinito que supone cruzar un pueblo en este bendito país, y combinaban sus preguntas sobre República Dominicana con temas de actualidad y con preguntas a mí misma condición, qué hacía allí, o cómo había llegado, cosas muy habituales cuando te encuentras con gente de tu país. Aquel domingo jugaba el Barça contra el Sporting de Gijón, que hacía poco había fichado a Javier Clemente como entrenador con la vana esperanza de salvarse de un descenso seguro, y el tema de conversación se desvió hacia el santísimo fútbol. Rafael Nadal hizo un comentario sobre lo bien que le había caído Javier Clemente cuando lo conoció y sus amigos le recriminaron, entre risas, que él no tenía criterio para catalogar a nadie pues todo el mundo era amable con él por ser quien era. Ahí me atreví y le pregunté algo que me abrasaba la garganta, “¿cómo un deportista de su nivel y su trayectoria podía ser del Real Madrid?”, lo solté tal y como me vino a la cabeza, y las risas inundaron el bus. ¡Hasta aquí te lo tienen que decir!, le gritaban su entrenador, su fisio, y todos los que lo acompañaban. Vale decir que Nadal no me contestó, y se limitó a sonreír con franqueza.

Poco a poco nos fuimos acercando al punto de destino donde habían preparado un recibimiento al más puro estilo de Bienvenido Mister Marshall, algo que por otra parte era totalmente normal si tenemos en cuenta el calado del personaje. El bus fue entrando al recinto residencial, y cuando Nadal vio el panorama se levantó, se cambió la camiseta que llevaba por un polo de la marca correcta, vino a la parte delantera del vehículo y me pidió que no me parara, que siguiera adelante. Sorprendido, di las instrucciones al chófer y el autocar pasó de largo unos cincuenta metros de la zona preparada para su recibimiento, “prefiero que no esté mi familia”, me aclaró abarcando con los brazos a todos los que iban en el autocar. Paramos, bajé delante y él me siguió. La comitiva de recibimiento, aturdida en un inicio por el hecho de que no nos hubiéramos detenido frente al lugar donde lo esperaban, arrancó con fanfarria y baile en dirección al bus, de modo que cuando bajó Rafael Nadal con su uniforme correcto, la comitiva estaba casi encima del autocar. Cuando estuvo seguro de que los flashes no alcanzarían a su familia, Nadal se encaminó hacia ellos entre vítores de los asistentes, pero de repente, apenas a un par de metros de los patrocinadores, los músicos, los bailarines, la prensa, a tocar de los brazos abiertos y las manos tendidas que lo esperaban, Rafael Nadal se dio la vuelta y vino de nuevo hacia mí. Me pidió que bajara del bus, me abrazó y me dio las gracias.

No sé porque lo hizo, la verdad, pero su acto me pilló por sorpresa dejándome de piedra, tanto así que después de abrazar a aquel tipo forjado en acero puro, me sentí en el derecho de no volver a llamarlo Rafa nunca más, y sí Rafel, que es como lo conocen en realidad todos sus amigos. Ya sé que no soy su amigo, no lo he vuelto a ver, ni creo que lo haga jamás, pero aquel chico que no tenía ninguna necesidad de reconocer mi trabajo, dejó a todo el mundo esperando un momento y lo hizo. Aquel muchacho, que no tenía por qué aguantar bromas de un desconocido, no sólo las aguantó sino que participó en ellas, un multimillonario que no tenía por qué aguantar a un montón de gente que lo interrumpiera hasta el agotamiento mientras cenaba con sus amigos, y aún así lo hizo. Aquel chico, que se había sentado al final del bus entre su madre y su novia, y a quien ambas lo habían reprendido un par de veces por comentarios "jocosos", tuvo su último gesto de normalidad apenas un segundo antes de convertirse en la gran súper figura mundial que todo el mundo esperaba. 

Al integrarse en la comitiva, el Rafa figura se comió al Rafel persona en una canibalización fascinante a la que asistí en primera persona, y ya metamorfoseado en súper figura mundial recibió de golpe miles de impactos de flash, elogios, gritos, fotos con y de los presentes (vale decir que yo no me hice una foto con él, ni me la hubiera hecho jamás en ese contexto), y aguantó con una profesionalidad increíble todo el acto publicitario. Recuerdo también que destacó algunas maravillas del país y dejó ir un par de cosas de las que habíamos comentado durante el trayecto. Cuando acabó, se fue con los patrocinadores a almorzar y yo me fui al buffet del hotel. Allí me encontré a su madre y su novia, que me reconocieron y me alentaron a compartir el almuerzo con ellas. 

De esto hace ya cinco años, y desde entonces sólo lo he visto, como es normal y como casi todo el mundo, por TV.  Como hoy, que por desgracia lo he visto perder de nuevo contra otro gran campeón, Roger Federer, en la misma cita, el Open de Australia, y cuyo recuerdo me ha llevado a hacer pública esta historia, pues me hubiera gustado muchísimo que alguien como él hubiera conseguido ese éxito, uno más que añadir a sus otros triunfos entre los que me atrevo a destacar la capacidad inmensa de ser Rafel y Rafa en una misma buena persona.