divendres, d’agost 18, 2017

Taínos, un pueblo para no olvidar

Taínos, un pueblo para no olvidar, por Cristina Suárez

Esta opinión es de: Anacaona: La última princesa del Caribe

"Anacaona, Caonabó... Dos nombres propios que representan la historia de un pueblo, los Taínos, los hombres buenos, que habitaban Ahíti, un paraíso lleno de lugares inimaginables, ríos, cascadas, aguas de un mar transparente o el Edén a lo ojos de Fray Ramón Paner. Ellos son el alma de esta historia, de esta realidad que sucedió hace ya unos cuantos siglos, cuando a Cristóbal Colón se le ocurrió la idea de encontrar un camino alternativo para llegar a las Indias y halló la magia de un pueblo que habitaba unas tierras enormemente bellas, unas tierras que los castellanos decidieron hacer suyas, unas tierras cuyos habitantes tuvieron que sufrir la masacre de su pueblo a manos de los que se hacían llamar cristianos.

Conocía parte de esta historia y, cuando pienso en ello, me estremezco al sentir el dolor de unos seres humanos que tuvieron que claudicar ante la superioridad de los conquistadores cuyos actos llevaron a la desolación de los que hasta entonces habitaban esa isla maravillosa que ahora es la República Dominicana. Los relatos de Fray Paner, que son la base de la novela de Jordi Díez, muestran la dureza que aconteció en esos años, la crueldad de los castellanos, su desprecio hacia la vida de los hombres, mujeres, ancianos y niños que asesinaron. Unas personas buenas, que no conocían la mentira ni el odio, que vivían en paz en su Paraíso, respetando sus costumbres, su pasado, sus ancestros y que veían en Caonabó y, más tarde en Anacaona, a aquellos que podrían librarles de tanto horror.

Es una novela para no olvidar, llena de sentimientos y de amor si conseguimos abstraernos de lo que aconteció y pensamos en Anacaona y en su amado Caonabó bañándose en su laguna o recostados en su hamaca, sintiendo la brisa del atardecer. Muy bella su historia y muy triste la que tuvieron que vivir. Siempre que hay alguien que quiere lo que no le pertenece, el dolor está asegurado. Es algo que ha pasado y es algo que sigue pasando en distintas partes del mundo.

Tengo que dar las gracias al autor por escribir esta novela y por permitirnos conocer la vida de la última princesa de Ahíti. Enhorabuena por sus letras y por transmitir tan bien las sensaciones que se esconden entre las páginas de su libro."


Cristina Suárez: Taínos, un pueblo para no olvidar

Taínos, un pueblo para no olvidar
Anacaona, Caonabó... Dos nombres propios que representan la historia de un pueblo, los Taínos, los hombres buenos, que habitaban Ahíti, un paraíso lleno de lugares inimaginables, ríos, cascadas, aguas de un mar transparente o el Edén a lo ojos de Fray Ramón Paner. Ellos son el alma de esta historia, de esta realidad que sucedió hace ya unos cuantos siglos, cuando a Cristóbal Colón se le ocurrió la idea de encontrar un camino alternativo para... Mostrar más

dimarts, d’agost 08, 2017

Libreteria: Caonabó vs Colón: el choque de dos culturas

Jordi Díez: ‘Anacaona’


Anacaona es una novela rica en emociones, sabores profundos, olores intensos, colores vivos…, llena de vida y vitalidad, la de la desconocida y prácticamente desaparecida cultura taína que ocupó el Mar Caribe.

Pero también de matices grises y negros...

dijous, de juliol 27, 2017

divendres, de juliol 21, 2017

Anacaona, la última princesa del Caribe


Haz click si deseas leer gratuitamente los primeros capítulos de mi última novela: "Anacaona, la última princesa del Caribe"

Tras veintiséis años en tierras ignotas, Fray Ramón Paner regresa a su Barcelona natal con el legado de toda una vida: la historia del mayor descubrimiento de la humanidad.
En su memoria carga el testimonio de su llegada a la idílica isla de Ahíti junto a un grupo de bravos aventureros que bajo el mando del Almirante Cristóbal Colón fueron los protagonistas de la mayor gesta conocida por el hombre, pero también los encargados de someter las voluntades escondidas en ese exuberante nuevo mundo. 
Por su parte, aunados en torno a la figura de su líder, Caonabó, y de su bella esposa, Anacaona, los aborígenes intentarán defenderse contra un choque de mundos en el que el amor, el deseo, la envidia, la ambición y el terror arrastrarán a los hombres hasta los límites más recónditos de su condición humana.

dimecres, de juny 21, 2017

El dilema de Adriana

Os propongo un juego, leed con atención el siguiente texto: 

Adriana acaba de independizarse y está empezando su carrera como modelo profesional. Tiene ciertas dificultades económicas para pagar el alquiler de su casa y necesita conseguir un proyecto con carácter urgente.

De repente aparecen dos oportunidades. Alberto, un amigo suyo, le pone en contacto con un conocido que busca una modelo para un catálogo de lencería. Aunque la idea no le seduce, finalmente se decide a visitar la agencia y se da encuentro con Fabio, el conocido de Alberto. Fabio le hace una oferta tentadora, y propone a Adriana salir a cenar esa noche. Ella acepta por el interés de conseguir el trabajo, pero al finalizar la cena, Fabio le invita a tomar una copa en su casa. Ella imagina sus intenciones y amablemente rechaza la invitación, ante lo que su acompañante, enfadado, contesta que él nunca contrata a una modelo sin saber qué puede ofrecer.

Al día siguiente, Adriana llama a Alberto y le cuenta lo sucedido. Él le dice que qué esperaba; que en ese mundo las cosas funcionan así, y que debía haber aceptado. Terminada la conversación, recibe una llamada de Alejandro, su casero, reclamándole las tres últimas mensualidades. Ante las explicaciones que le da la chica, el casero se muestra firme y le comunica que en una semana pondrá una denuncia para desalojar el apartamento.

Adriana está bastante contrariada con los últimos acontecimientos, pero todavía tiene otra oportunidad. Le habían llamado de otra agencia, pero cuando llega, el trabajo ya está adjudicado.

Desesperada, llama a Martina, una de sus amigas con mayor nivel económico para solicitarle un préstamo. Martina le comenta que tiene por costumbre no prestar dinero, y que siente mucho no poder ayudarla.

Ante la situación, se decide a llamar a Fabio, quién después de acostarse con ella, le da el trabajo. Cuando se lo cuenta a Alberto, él la felicita, aunque le dice que, en cualquier caso, él podría haberle prestado el dinero si hubiera conocido su situación.


Este texto que acabáis de leer fue un trabajo de análisis en un congreso de trabajo al que tuve la fortuna de acudir. El ejercicio, una vez leída y analizada la historia, consistió en que cada uno de nosotros marcara los culpables de la situación de Adriana en orden de mayor a menor según la culpabilidad que achacáramos a cada uno de ellos.

Así pues, el trabajo consistía en ordenar a los personajes, Adriana, Alberto, Fabio, Alejandro y Martina, de mayor a menor grado de culpabilidad según lo que creyéramos y después defender nuestra lista ante los demás.

La verdad es que me pareció un buen ejercicio, no tanto para uno mismo, pero sí para observar que cada uno de nosotros valora diferente una misma situación, ver como los valores personales son eso mismo, personales, y cada individuo tiene los suyos (a no ser que seas Groucho Marx, por supuesto).

Ahora os invito a hacer lo mismo en este foro y que digáis la vuestra, ¿quién es el culpable del dilema de Adriana y por qué? 

dissabte, de maig 06, 2017

Gentes de Venezuela

Rescato estas palabras del muro de Facebook de mi querida y admirada amiga Blanca Miosi. Para todos aquellos que vivimos la desgracia venezolana desde lejos, y que además vivimos en países de acogida de las gentes venezolanas, creo que es de obligada lectura.



Vine a este país, Venezuela, hace muchos años, cuando ya Velazco Alvarado había fallecido y estaba temporalmente en el gobierno el general Morales Bermúdez. No recuerdo que en aquella época hubiera marchas de protestas tan sangrientas como las que hoy en día hay en Venezuela, a pesar de que la carestía era grave, las expropiaciones, y la persecución a los opositores. Estuve en el Perú durante toda la dictadura de Velazco, por eso sé cómo fue desde que empezó. En 1977 tuve la oportunidad de venir a Venezuela y me radiqué en este país, en el que fui acogida como una venezolana más. 

Venezuela es un país que ha tenido y sigue teniendo los brazos abiertos para todos los inmigrantes, sean peruanos, argentinos, chilenos, ecuatorianos, colombianos, portugueses, italianos, griegos… gente de cualquier país y de cualquier religión integra una sociedad en la que ningún inmigrante es tratado con desprecio o con odio, creo que es simplemente porque el venezolano es una persona amable por naturaleza, su misma forma de hablar lo indica: tutea a cercanos y extraños, sin importar la clase social, o el puesto que tengan, los mesoneros te dicen “mi amor”, y cualquier desconocido se toma el trabajo de escucharte con paciencia la pregunta que desees hacer (otra cosa es que te den la respuesta correcta), pero siempre la amabilidad es la característica principal. Los conductores dan pase a los ancianos y a los niños, no te lanzan el coche ni tienes que hacer malabarismos para cruzar una calle, y en la época en la que llegué, era muy cotidiano que fueras a casa de cualquiera si había una fiesta y te daban de comer, te divertías y hasta podías quedarte a dormir siendo una perfecta desconocida. 

Este fue el país que me dio la oportunidad de hacer mi sueño realidad: tener un taller de alta costura durante más de veinte años, pero los sueños no siempre son los mismos, y menos cuando las circunstancias van cambiando. Hoy ya no tengo más el taller y me dedico a escribir. ¡Quién lo diría! Hoy las circunstancias han cambiado, y como dijo José Ortega y Gaset, soy yo y mis circunstancias. Y esto es extendible para todos.

Venezuela no es más el país tranquilo y amable que conocí, porque sus gobernantes han traído el caos. Sin embargo la gente lo sigue siendo. Pero el venezolano a pesar de ser tranquilo y amable, tiene una fuerza interior que lo hace un luchador donde sea que se encuentre. En el Perú Velazco decretó que el dólar era ilegal y por tanto había que entregarlo a los bancos, expropió muchos fundos e industrias, y mantuvo al Perú sumido en la escasez y en la miseria, pero nunca vi marchas ni protestas en las calles como aquí, en la que a diario pierden la vida jóvenes, quienes son los más propensos a dejarse llevar por sus pasiones; pero también veo mujeres, viejos, ancianos, yendo a marchar por una Venezuela libre, enfrentándose a tanquetas, bombas de gas lacrimógeno, perdigones y balas de las tropas de asalto del gobierno que pasean impunes vestidos de civil en motos por todas las calles de Venezuela.

Hoy Venezuela es otra pero su gente es la misma. Y esa gente que nunca quiso salir de su país, porque Venezuela no era un país de inmigrantes, ahora necesita la ayuda y la comprensión de los países hermanos. Sin embargo no todos lo entienden así. La mayoría se siente invadida y teme por su seguridad y la de los suyos. Es normal. Hoy ya no es ayer. Hoy las necesidades de los países se han acrecentado. Hoy hay demasiados inmigrantes en todo el mundo. Estoy segura de que si este gobierno se va del poder, muchos venezolanos regresarían a su patria y dejarían de “molestar” en otros países.

Sé que he despertado la sensibilidad de muchas personas al publicar mi post anterior, en donde decía que en Perú los inmigrantes venezolanos no eran bienvenidos. Lo dije porque leí los comentarios que dejó gran parte de la audiencia en un programa en donde se hablaba del problema. LOS COMENTARIOS, no lo que hablaban el moderador del programa y la entrevistada, que dicho sea de paso es mi sobrina y como buena venezolana está sacando la cara por los inmigrantes, indicándoles cómo es el proceso para estar legales en un país que les dio acogida. Por supuesto que sé que el presidente Pedro Pablo Kuczynski decretó un carnet de residente a los venezolanos y a cualquier extranjero que llegara al Perú bajo ciertas condiciones legales. Pero una cosa es un presidente y otra los habitantes de un país.

Sé que mi post ofendió a algunos peruanos que de inmediato saltaron a decir cosas como que yo tenía resentimiento social por ser hija de japonés. No sé a qué se quiso referir el señor Pedro Moyano exactamente, pero le aclaro que me siento bien tal como soy y nunca he tenido problemas por cuestión de razas o religiones. La prueba es que me casé con un polaco.

Bueno, amigos, reitero mi agradecimiento y mi admiración al pueblo venezolano, luchador, con guáramos, que se lanza a las calles a enfrentar a un dictadura que tiene todo el poder, y también el poder militar de los cubanos que van llegando a diario a Venezuela, porque así es. Llegan aviones a muchos aeropuertos militares con comandos y soldados cubanos justo ahora.

dissabte, d’abril 22, 2017

Paga lo que quieras por estos thrillers y decide adónde va tu dinero

Se lanza un pack de ebooks de acción, aventura e intriga (thrillers) en el que el lector decide cuánto paga y qué porcentaje llega a los autores

El servicio de recomendación de libros electrónicos en español Ebrolis.com ha lanzado un nuevo producto al mercado con el que el usuario paga lo que quiere por un pack de libros electrónicos de un género en particular. Además, el lector decide qué parte del dinero de su compra se queda el autor del libro, cuánto recibe una ONG y cuánto se lleva la empresa Ebrolis.


Ebrolis acaba de lanzar, en esta modalidad “paga lo que quieras” un pack de 11 ebooks de acción, aventura e intriga, es decir, thrillers (https://www.ebrolis.com/pack-thriller?orig=aut_JorDi). Los libros seleccionados son de autores independientes de renombre que han obtenido el apoyo de la crítica especializada y del público. Si el usuario compra el pack inicial de 5 libros y decide pagar más que el promedio obtiene otros 6 ebooks de regalo, consiguiendo un total de 11 novelas, una de ellas en formato cómic. Este producto deja en manos de la audiencia la decisión de cuánto dinero desea pagar por la obra de los autores y permite descubrir escritores nuevos a bajo precio.

Para todos los dispositivos y sin DRM

Los libros del pack llegan en un email en formato PDF, EPUB y MOBI, por lo que pueden ser leídos en cualquier dispositivo -tablet, PC, teléfono, Kindle y otros e-readers-. Además, ninguno de los libros está protegido por la tecnología DRM, tradicionalmente utilizada por editoriales para limitar el uso de medios o dispositivos digitales. “No creemos que la tecnología DRM sea un método efectivo contra la piratería”, afirma Cristian Perfumo, fundador de Ebrolis. “Dejar que cada uno pague lo que considera justo por el pack de libros nos asegura que todo el mundo tiene acceso a esta oferta y es un voto de confianza hacia los lectores”, añade Perfumo.

Pionero en el mundo hispanohablante


Ebrolis fue la primera empresa en implementar este modelo de venta de libros en el mundo editorial en español, pero se trata de una modalidad ya afianzada en el mercado de los libros en inglés. Empresas como Humble Bundle llevan vendidos millones de libros y videojuegos dejando decidir al usuario cuánto paga por ellos.

Ayuda a una causa

En este pack de thrillers, el porcentaje que cada lector decida irá a ayudar a la reconstrucción de la ciudad de Comodoro Rivadavia, Comodoro Rivadavia, Argentina (de donde son los fundadores de Ebrolis), después del desastre meteorológico que destrozó a la ciudad y afectó a miles de personas (http://www.infobae.com/sociedad/2017/03/31/el-temporal-en-chubut-no-da-tregua-y-comodoro-rivadavia-sigue-bajo-el-agua/). La donación será gestionada a través del Club de Leones de Puerto Deseado.

Los lectores tienen hasta el 15 de abril para adquirir el pack de Thrillers (https://www.ebrolis.com/pack-thriller), en el que se incluyen las siguientes novelas:

● El secreto de Boca Verde, de Alberto M. Caliani
● El búnker de Noé, de Gabri Rodenas
● Cazador de farsantes, de Cristian Perfumo
● El escultor de cadáveres, de César García Muñoz
● En el cuarto frío, de E. Robinson

Si el usuario paga tan sólo un céntimo más que la media de los pagos en el momento de hacer su compra obtiene también los siguientes cinco libros más un cómic, marcados como bonus:

● El manzano torcido, de E. Robinson
● La mirada de piedra, de Jorge Magano
El péndulo de Dios, de Jordi Diez
● El mundo rojo y el cuarto jinete, de Jose Callado
● El llanto de la Isla de Pascua, de José Vicente Alfaro
● Rabia del sur (cómic), de Marcos Cañada y Francisco Javier Villalba

dimarts, d’abril 11, 2017

Lecturas amazónicas

Hoy es uno de esos días en los que uno se siente agradecido, uno de esos momentos en los que merece la pena echar un vistazo atrás y alegrarse de haber tenido la fortuna de poder participar con Blanca Miosi y Freddy Piedrahíta en el programa La hora amazónica con las reseñas de algunos de los libros que he leído.

Y digo esto porque además de los buenos momentos que me genera el confeccionar esos espacios de Lecturas amazónicas, hoy me ha dado por contar las descargas de esta sección dentro del programa de Blanca en las diferentes plataformas en las que se encuentra activa y he visto, con sorpresa y gran felicidad, que son más de 25.000 las escuchas de las reseñas de mis lecturas. 

De verdad que jamás pensé que llegaría, que llegaríamos, a cifras así, que un proyecto como el que parió el polifacético Freddy Piedrahíta alcanzaría la barbaridad de más de cien mil escuchas, que los programas de radio que hacemos entre cuatro aficionados con más ganas que medios y conocimiento conseguiría cifras de cinco y seis dígitos, audiencias a las que muy pocos programas emitidos únicamente por Internet llegan, y por eso me siento agradecido y orgulloso de participar en este proyecto.

No sé cuánto más dure, ni cuántas más reseñas sea capaz de locutar, pero hoy no es el día de plantearse nada de eso, hoy es el día de daros las ¡GRACIAS! en mayúsculas, a grito tendido, agradecer a los oyentes de Radio Voces Unidas, a los oyentes de La hora amazónica, y muy en especial a los que seguís la sección Lecturas amazónicas:

¡GRACIAS, MUCHAS, MUCHAS GRACIAS!


RADIO VOCES UNIDAS - LINK

EL RINCON DE LAS ARTES, con Katia N. Barillas - LINK

LA HORA ROMÁNTICA, con Cecilia Pérez - LINK

LA HORA AMAZÓNICA, con Blanca Miosi - LINK 

LECTURAS AMAZÓNICAS - LINK

diumenge, de gener 29, 2017

El año que abracé a Rafael Nadal

Hace aproximadamente cinco años, el tenista mallorquín Rafael Nadal, que había sido campeón en 2009, acababa de perder por primera vez una final del Open de Australia contra el serbio Novak Djokovic, en lo que fue considerado como uno de los mejores partidos de todos los tiempos.

Pocas semanas después de su derrota, el tenista de Manacor vino a la isla para un acto de promoción publicitaria con la empresa en la que trabajo y se alojó en la villa que tiene Julio Iglesias en la zona costera de Punta Cana, siendo yo la persona encargada de acompañarlo a él y a su séquito desde la casa del cantante hasta el lugar en el que tendría lugar el acto publicitario. Dos horas largas de carretera con el astro junto al que todo el mundo quería fotografiarse.

No acostumbro a hablar de mi trabajo. No me gusta vincular mi faceta profesional, ni la imagen de la empresa a la que represento, con mis ideas personales ni con mis escritos o posicionamientos políticos, pues son dos ámbitos de mi vida totalmente diferentes, pero aquel inicio de año de 2012 fue especial porque sentí el peso y el orgullo de ser el escogido para representar a la corporación ante la figura de Rafael Nadal.

Recuerdo que justo la noche antes de que tuviera que hacerles de guía, me lo encontré de casualidad cenando en un restaurante de la zona con un grupo de amigos. La gente del restaurante, los clientes, y todo alma que pasaba por allí, se levantaba y se acercaba a interrumpirlo continuamente. Nadal no dejó de sonreír y de tomarse fotos con todos los que hasta él se acercaron aquella noche. Mientras, sentado a pocas mesas de distancia, yo observaba la situación con cierta sorpresa, pues si hubiera sido mi menda a quien hubieran interrumpido de aquella forma, creo que habría sacado la raqueta (que seguro que lleva siempre una encima a pesar de que no se la vi) y hubiera comenzado a repartir drives y reveses entre los asistentes como si me hubiera encontrado en una final de gran Slam. Sin embargo él no lo hizo, aguantó estoicamente y cuando llegó el momento de marchar se fue entre gritos de “Rafa, Rafa”.

A la mañana siguiente llegué pronto a la villa de Julio Iglesias a bordo de un pequeño autocar con espacio para los pasajeros y sus pertenencias, pues me habían avisado que después del acto se marcharían directamente a Miami a jugar en Key Biscane. De camino a la villa albergué la ilusión de encontrarme a Julio Iglesias bajando en batín a lo Hugh Hefner para despedir a la comitiva, pero en su lugar apareció un mayordomo a quien reconocí años más tarde presentando un libro de memorias, por no decir vergüenzas, del propio Julio Iglesias sin permiso de éste. Tras el susodicho mayordomo comenzaron a aparecer unos jóvenes, los mismos con quien había visto a Rafael Nadal en la cena, que se fueron despidiendo del escritor de memorias no autorizadas y entrando al bus por indicaciones mías. Al final llegó Nadal con una chica, su novia, y una señora, su madre, y se unieron al grupo.

El viaje había de durar un par de horas y enseguida comprendí una de las razones por las que había sido escogido para hacerles de guía, pues todo el grupo hablaba en catalán. Apenas me percaté de esa feliz coincidencia, los saludé con un “bon dia”, y arrancamos. 

Recuerdo que hablamos de muchas cosas, me preguntaron por temas del país, costumbres, curiosidades, sorprendidos de lo que iban viendo por la ventana del autocar, cosas como ir cuatro o cinco personas en una moto, o el desorden infinito que supone cruzar un pueblo en este bendito país, y combinaban sus preguntas sobre República Dominicana con temas de actualidad y con preguntas a mí misma condición, qué hacía allí, o cómo había llegado, cosas muy habituales cuando te encuentras con gente de tu país. Aquel domingo jugaba el Barça contra el Sporting de Gijón, que hacía poco había fichado a Javier Clemente como entrenador con la vana esperanza de salvarse de un descenso seguro, y el tema de conversación se desvió hacia el santísimo fútbol. Rafael Nadal hizo un comentario sobre lo bien que le había caído Javier Clemente cuando lo conoció y sus amigos le recriminaron, entre risas, que él no tenía criterio para catalogar a nadie pues todo el mundo era amable con él por ser quien era. Ahí me atreví y le pregunté algo que me abrasaba la garganta, “¿cómo un deportista de su nivel y su trayectoria podía ser del Real Madrid?”, lo solté tal y como me vino a la cabeza, y las risas inundaron el bus. ¡Hasta aquí te lo tienen que decir!, le gritaban su entrenador, su fisio, y todos los que lo acompañaban. Vale decir que Nadal no me contestó, y se limitó a sonreír con franqueza.

Poco a poco nos fuimos acercando al punto de destino donde habían preparado un recibimiento al más puro estilo de Bienvenido Mister Marshall, algo que por otra parte era totalmente normal si tenemos en cuenta el calado del personaje. El bus fue entrando al recinto residencial, y cuando Nadal vio el panorama se levantó, se cambió la camiseta que llevaba por un polo de la marca correcta, vino a la parte delantera del vehículo y me pidió que no me parara, que siguiera adelante. Sorprendido, di las instrucciones al chófer y el autocar pasó de largo unos cincuenta metros de la zona preparada para su recibimiento, “prefiero que no esté mi familia”, me aclaró abarcando con los brazos a todos los que iban en el autocar. Paramos, bajé delante y él me siguió. La comitiva de recibimiento, aturdida en un inicio por el hecho de que no nos hubiéramos detenido frente al lugar donde lo esperaban, arrancó con fanfarria y baile en dirección al bus, de modo que cuando bajó Rafael Nadal con su uniforme correcto, la comitiva estaba casi encima del autocar. Cuando estuvo seguro de que los flashes no alcanzarían a su familia, Nadal se encaminó hacia ellos entre vítores de los asistentes, pero de repente, apenas a un par de metros de los patrocinadores, los músicos, los bailarines, la prensa, a tocar de los brazos abiertos y las manos tendidas que lo esperaban, Rafael Nadal se dio la vuelta y vino de nuevo hacia mí. Me pidió que bajara del bus, me abrazó y me dio las gracias.

No sé porque lo hizo, la verdad, pero su acto me pilló por sorpresa dejándome de piedra, tanto así que después de abrazar a aquel tipo forjado en acero puro, me sentí en el derecho de no volver a llamarlo Rafa nunca más, y sí Rafel, que es como lo conocen en realidad todos sus amigos. Ya sé que no soy su amigo, no lo he vuelto a ver, ni creo que lo haga jamás, pero aquel chico que no tenía ninguna necesidad de reconocer mi trabajo, dejó a todo el mundo esperando un momento y lo hizo. Aquel muchacho, que no tenía por qué aguantar bromas de un desconocido, no sólo las aguantó sino que participó en ellas, un multimillonario que no tenía por qué aguantar a un montón de gente que lo interrumpiera hasta el agotamiento mientras cenaba con sus amigos, y aún así lo hizo. Aquel chico, que se había sentado al final del bus entre su madre y su novia, y a quien ambas lo habían reprendido un par de veces por comentarios "jocosos", tuvo su último gesto de normalidad apenas un segundo antes de convertirse en la gran súper figura mundial que todo el mundo esperaba. 

Al integrarse en la comitiva, el Rafa figura se comió al Rafel persona en una canibalización fascinante a la que asistí en primera persona, y ya metamorfoseado en súper figura mundial recibió de golpe miles de impactos de flash, elogios, gritos, fotos con y de los presentes (vale decir que yo no me hice una foto con él, ni me la hubiera hecho jamás en ese contexto), y aguantó con una profesionalidad increíble todo el acto publicitario. Recuerdo también que destacó algunas maravillas del país y dejó ir un par de cosas de las que habíamos comentado durante el trayecto. Cuando acabó, se fue con los patrocinadores a almorzar y yo me fui al buffet del hotel. Allí me encontré a su madre y su novia, que me reconocieron y me alentaron a compartir el almuerzo con ellas. 

De esto hace ya cinco años, y desde entonces sólo lo he visto, como es normal y como casi todo el mundo, por TV.  Como hoy, que por desgracia lo he visto perder de nuevo contra otro gran campeón, Roger Federer, en la misma cita, el Open de Australia, y cuyo recuerdo me ha llevado a hacer pública esta historia, pues me hubiera gustado muchísimo que alguien como él hubiera conseguido ese éxito, uno más que añadir a sus otros triunfos entre los que me atrevo a destacar la capacidad inmensa de ser Rafel y Rafa en una misma buena persona.