dissabte, de setembre 23, 2017

Excelente obra

Excelente

Esta opinión es de: Anacaona: La última princesa del Caribe

"Hacía mucho tiempo que una novela no me “enganchaba” de esta forma. Hace 10 años que investigo en los personajes reales que se tratan aquí, y me ha causado una excelente impresión el modo de tratarlos en la historia, lo bien descritos que están, la utilización de sus nombres reales, la cronología perfecta y la excelente narrativa que te lleva a sentir en ti mismo los sentimientos de esos indígenas que vivían en un paraíso (con sus virtudes y defectos) y su destrucción por gente que sólo ambicionaba oro y poder y que pensaba que su forma de vida era la mejor.

La utilización de fray Ramón Pané como hilo conductor de la historia me parece muy acertada. Ermitaño que convivió casi 2 años con el cacique Guarionex y escribió una relación que es un auténtico tesoro sobre la mitología, creencias y costumbres de la población indígena antillana, incluida por Hernando Colón en su Historia del Almirante.

En fin, excelente obra, muy bien documentada y escrita, la cual es, con sinceridad, la que a mí me hubiera gustado escribir.".


Una reseña magnífica que no puedo dejar de compartir. He ojeado la lista pública de compras y reseñas de José D. (del que no tengo más datos para agradecer sus palabras), y realmente es un apasionado de la época de la conquista. Estas son algunas de sus compras y comentarios:

2017-08-27 Compra verificada
Es una tomadura de pelo
Es un libro convertido de pdf y sin una mínima revisión. No se puede leer. Es vergonzoso que pongan a la venta un libro en estas condiciones. Una estafa
1 Star Cristóbal Colón: su vida, sus viajes, sus descubrimientos Vol1 
2017-08-19 Compra verificada
Muy simple
Simple enumeración de las tribus que poblaban el continente americano antes de la llegada de los europeos. No aporta demasiado.
2 Star La conquista de América (La otra historia)
2017-08-19 Compra verificada
Múltiples errores ortográficos
Se nota que el libro ha sido escaneado con OCR y convertido sin revisar. Se observan múltiples errores ortográficos que dificultan su lectura
1 Star Historia verdadera de la conquista de la Nueva España
2017-08-19 Compra verificada
Muy malo
Manida historia de judío listo y con suerte. Lo introduce en la época del descubrimiento de América utilizando personajes históricos y emplazamientos sin ninguna base histórica ni cronológica. Novela romántica y «pastelosa» que ni siguiera está bien escrita.
1 Star 1492: Una Historia Alternativa del Descubrimiento de América

Por eso sus palabras tienen un doble valor para mí. Muchas gracias José.

dimecres, de setembre 20, 2017

Un Excelente Libro

Un excelente libro

Esta opinión es de: Anacaona: La última princesa del Caribe

"No habia leído nada de este autor, sabia de su bien hacer, pero nunca imaginé que un libro suyo me afectara tan hondo. Es impresionante como el autor va desgranando la supervivencia del pueblo taíno frente a sus invasores españoles ávidos de poder y de encontrar riquezas. Para mi no ha sido un libro más de esta trama.

Los personajes van atrapándote en el, que yo los sentía como míos. Sus ciudades, sus amores, sus muertes....me hicieron derramar alguna lágrima. Describe, con mucho cuidado, la ambientación de aquella época. En resumen, para mi es un libro que primero, deberían leer todos los amantes de la historia y también todos los que buscan una buena aventura. Desde aquí le felicito a su autor y le animo para que nos cuente otras historias.

Gracias Jordi por todos los sentimientos que me ha producido tu libro.".


dilluns, de setembre 18, 2017

Fray Ramón Pané, el notario del Edén

“Una especie de gran canoa entraba por la boca de la bahía ayudada por la corriente. Un casco acabado en cuña, sobre el que unas grandes telas se inflaban al viento, rompía las trazas del mar en su recorrido. Los veinte hombres se estremecieron al ver aquella bestia gigantesca que violaba la bahía ante sus propios ojos”



Jordi Díez recupera de la memoria histórica la figura olvidada del ermitaño Fray Ramón Pané, el primer notario de la llegada de los españoles a la actual República Dominicana.


Por Jordi Díez

“Yo, Fr. Román, pobre Heremita del Orden de San Gerónimo, escribo lo que he podido entender y saber de la creencia e idolatría de los indios y cómo observaban sus Dioses, de orden del ilustre señor el Almirante, virey y gobernador de las islas, y tierra firme de las Indias, de lo cual trataré en la presente escritura”, con estas palabras transcritas de la traducción más honrosa que se tiene de los escritos originales, comienza el primer tratado etnológico sobre los habitantes de la isla de la Hispaniola, allá por el año de 1495, de la mano de Fray Ramón Paner...

La Isabela, primera ciudad fundada por los españoles en la actual República Dominicana

dilluns, de setembre 11, 2017

Todo un homenaje al pueblo Taíno

Todo un homenaje al pueblo Taíno

Esta opinión es de: Anacaona: La última princesa del Caribe

"El libro de Jordi Díez es un relato para saborear, para disfrutar, para dejar que nuestros sentidos se inunden con cada descripción, para recuperar nuestro lado salvaje e inocente; pero también para asistir y ser testigos de cómo el Paraíso puede desmoronarse por la ambición de los hombres.

El autor nos describe el primer contacto entre el Viejo y el Nuevo Mundo, y lo hace a través de la mirada de un gran personaje histórico como lo es el padre Ramón Pané. Por los escritos del monje catalán conoceremos sus vivencias, y asistiremos al cruel destino de un pueblo que en un principio recibió de forma pacífica y amigable a Cristóbal Colón, pero que en poco tiempo acabó diezmado a manos de los colonizadores, y descubriremos una apasionante historia de resistencia y lucha, la del cacique Caonabó y su bella y valiente esposa Anacaona, la que sería la última princesa del Caribe.

Es una novela extraordinaria, que todo amante de la buena literatura debería leer.".


dissabte, de setembre 09, 2017

Extraordinaria historia

Extraordinaria historia por Francisco Casero Viana

Esta opinión es de: Anacaona: La última princesa del Caribe

"Exquisita es la palabra exacta que tengo para esta novela de Jordi Díez, en la que uno se queda estupefacto por las barbaridades cometidas por los conquistadores españoles sobre los indios de la Hispaniola, pero hay que leerla despacio para captar cada detalle, cada intención y cada motivo de una de las mejores y más completas historias que he leído hasta la fecha. Creo que ya no quedan palabras de alabanza hacia esta novela porque ya se han dicho por otras personas y yo me ratifico en ellas. Se trata de una historia de costumbres ancestrales indígenas, de amor, de amistad, pero también es una novela de guerras crueles, de ambiciones sin límite, de demostración de poder sin olvidar la capacidad de sacrificio de otras gentes, nativos y españoles, pero en su contexto y olvidando algunos pasajes, es una novela hermosísima. Gracias, Jordi. Seguro que te ha costado mucho más escribirla que a nosotros leerla.".


dimecres, d’agost 23, 2017

No dejen de leerla

No dejen de leerla, por Manuel Navarro

Esta opinión es de: Anacaona: La última princesa del Caribe

"He terminado de leer 'Anacaona' con pena de acabarla, y, antes de intentar escribir un comentario sobre ella, pido disculpas si no consigo estar a la altura de la obra. Quizás sea la mejor novela que he leído desde hace tiempo. Mis felicitaciones más efusivas al autor.

Se trata de una novela de ficción histórica que recrea, desde dos puntos de vista (el de los indígenas, mediante un narrador omnisciente de lenguaje actual, y el de los conquistadores, a través de los escritos de Fray Ramón Paner de prosa similar a la lengua de la época), una parte de la historia del descubrimiento de América por Cristobal Colón.

Comienza la narración describiendo el origen de la princesa Anacaona, con un lenguaje claro, fluido, correcto, rico, y la vida apacible de los indígenas, haciendo hincapié en sus costumbres, sus juegos, su organización territorial… en un lugar paradisíaco como la isla La Española. Continúa la narración con la llegada de los castellanos bajo el mando de Cristóbal Colón y los cambios que ello supuso en la vida de los indios, las luchas entre estos, dirigidos por Caonabó, y los invasores, con secuencias trepidantes, para terminar con el sometimiento del pueblo taíno.

Con magníficas descripciones, una prosa exquisita, exuberante como la vegetación que describe, un extenso vocabulario de términos taínos, del que pueden encontrar un glosario al final del libro, un buen trabajo de documentación y una historia interesante y creíble que transmite sentimientos y hace recapacitar sobre cómo debieron ocurrir los hechos en los años del descubrimiento de América, Jordi Diez nos transporta al paraíso y al infierno, y nos mantiene pegados a las páginas de una obra bien estructurada y magníficamente escrita.

Destacable la fuerza de los personajes, en especial los protagonistas principales, la princesa Anacoana y el indio Caonabó, y también de los secundarios, tanto aborígenes como castellanos, de esta maravillosa historia que deja poso.

No dejen de leerla. Les gustará."


dilluns, d’agost 21, 2017

Albert Salvadó: Anacaona es literatura, y de la buena.


El señor Albert Salvadó es uno de los mejores escritores que conozco. Fue el revitalizador de la novela histórica en castellano y catalán, ha ganado varios premios literarios en su vasta carrera, tiene en su haber una de las mejores trilogías históricas de la literatura moderna, la historia de Jaume I el Conqueridor, por eso, que una figura de su relevancia hable así de Anacaona, la útlima princesa del Caribe, me llena de una emoción tan intensa que no puedo más que compartirla con todos vosotros. Muchas gracias, Albert, de tot cor, moltes gràcies.

Albert Salvadó
La buena literatura divierte, informa, transmite sentimientos y, además, ayuda a formar el espíritu. Por esa razón, cuando una buena obra literaria cae en nuestras manos, vale la pena mecerse en sus hojas, como si fuese la copa de un gran árbol que se balancea al son de la música que compone una ligera brisa.
Anacaona es literatura, y de la buena. Ésta es una obra obra que hay que leer despacio y perderse entre el análisis de los infinitos detalles que posee.
El ritmo es ágil, como corresponde a una historia plagada de hechos y más hechos y sazonada con sentimientos y reflexiones. La historia te atrapa desde un primer momento, intuyes que hay mucho más de lo que se muestra, pero no hay que caer en la tentación de echar a correr y devorar las palabras que contiene.
Hace tiempo, en una entrevista y a preguntas de un periodista, dije que el gran drama de un historiador es tener que morderse la lengua porque debe ceñirse a los documentos y a los hechos, mientras que el autor de narración histórica posee la inmensa libertad de llenar los corazones de sus personajes con sentimientos e inundar sus mentes con pensamientos. Y he aquí que estamos en presencia de un claro ejemplo de ello.
Hay un gran acierto en la utilización de dos narradores, de dos voces distintas. Una en tercera persona y otra en primera persona, que dan al conjunto un realismo innegable. Máxime, cuando se dejan caer expresiones que recuerdan el lenguaje de otros días, lejanos días, pero no en demasía para no perder al lector. Y esa doble voz nos permite pasar de un bando al otro, del mundo del invasor al universo indígena de una forma suave y sin perder el hilo ni por un instante..
Jordi Díez Rojas indudablemente consigue el objetivo de entretenernos con sus descripciones llenas de colores que van desde los más vivos y propios de un paisaje sin igual, comparable con el Edén, hasta los más oscuros, perversos y agazapados que corresponden al alma humana en sus más bajos instintos.
Jordi de una forma senzilla y llana consigue informarnos de unos hechos acaecidos en los primeros tiempos de la conquista del continente americano, de cómo era la vida en aquellas tierras y de lo que aconteció con sus habitantes que habitaban un lugar maravilloso.
Jordi transmite sentimientos, por supuesto que lo hace, y lo hace con trazo magistral, dibujando escenas que te llegan al alma y sin obviar la dureza de situaciones que te dejan con un sabor amargo en los labios. La realidad es la realidad y de todo hay en la viña del Señor.
Y Jordi ayuda a formar nuestro espíritu al unir a los sentimientos reflexiones que te llevan más allá de las simples palabras. Una notable reflexión sobre el papel del invasor, del ser que deja de ser humano porque olvida que los demás también son humanos y arremete contra todos y contra todo creyendo que el mundo es suyo.
Evidentmente, un análisis de una obra que va dirigida al público no debe desvelar el misterio y yo no lo haré. Quien desee conocer la historia, que la lea despacio y que la disfrute, porque Anacaona fue escrito desde el corazón. De eso no tengo la menor duda.
Una obra completa, bien estructurada y mejor escrita que consigue todos los atributos que la convierten en literatura. He seguido la trayectoria de Jordi con quien, dicho sea de paso, me une una sincera amistad. He intentado dejar a un lado ese detalle y centrarme en la obra, porque creo, también con mucha sinceridad, que merece todos los honores.

diumenge, d’agost 20, 2017

Lo nuestro

Hace años que dejé de explicarme y de excursarme por mi catalanidad. Hace años que dejé de sentirme acomplejado, o de intentar convencer a los otros de que yo era catalán porque sí, no para joder a nadie. Hace mucho tiempo que dejé de explicar a los demás que los catalanes hablamos catalán incluso con las personas que amamos porque no es una enfermedad contagiosa, no lo utilizamos contra los demás para joderlos. Hace años, desde que escuché al President Maragall decir que estaba harto de explicarse, yo también me cansé de hacerlo. 

Sé que mi caso no es ejemplo de nada, pero este hartazgo de la autojustificación continua ha acentuado el sentimiento de pertenencia y la necesidad de normalizar el ser catalán en un país que sencillamente no quiere entender, porque ese es el gran problema de una parte de España, que un porcentaje de la población no comprende que hay gente diferente, no mejor (que no lo soy, ni lo somos), no peor (que quizá en muchas cosas sí lo soy), sino ligeramente diferente. Estos días, y tras el abominable atentado en la capital de mi país, he visto cientos de tuits, de mensajes en los muros de Facebook y de comentarios en prensa de gente que insulta al President de la Generalitat por haber hablado en catalán, a la alcaldesa de Barcelona, al Major del Mossos, al Conseller d’Interior, a toda una serie de responsables de las administraciones catalanas que sencillamente han hablado en su idioma. ¿Cómo puede ofender esto a nadie, en qué cabeza cabe que hablar el idioma propio de uno se considere una afrenta al resto?

Es evidente que no toda España piensa así, por supuesto, y también se cae por su peso que es una minoría quien se expresa en estos modos, pero el silencio de una buena parte del resto ante la crítica feroz a todo lo que huela a catalán, en mi opinión, los hace cómplices. Hoy he visto que en el faro de Maspalomas han proyectado la senyera y que en el Ayuntamiento de Albacete ondeaba la bandera catalana a media asta (seguro que hay muchos más ejemplos en la gran España), pero a raíz de estas iniciativas no he podido dejar de preguntarme cómo es posible que ese gesto hermoso no haya sido oficiado, obligado o recomendado por el gobierno central del estado, colgando una bandera de Barcelona, o de Catalunya, por ejemplo, en todas las instituciones españolas. Eso habría sido una muestra de respeto y comprensión.

Creo que hay que tener una mentalidad muy pobre, provinciana me dijo una querida amiga madrileña que trabaja conmigo, para no entender que justamente en este momento no sólo no debería haber habido una sola crítica a nuestro idioma, sino que toda España debería haber hablado catalán, como se colgaron en su momento el “Je suis Charlie Hebdo” o tiñeron miles de perfiles de FB con la bandera francesa de fondo. 

Ya estoy harto de leer en contra nuestra, de las bromitas, de sentirnos acomplejados por tener una doble cultura, de saber que apenas cuelgue estas líneas un porcentaje de gente dejará de seguirme en las redes, otro me insultará, otros me echarán en cara que escribo mis libros en castellanos para vender más (como si vendiera una mierda en ningún idioma), otros dirán que soy cansino, otros me llamarán cualquier barbaridad, como hacen día tras día, nazis, talibanes, chavistas, …, y no sé cuántas cosas más. Estoy harto de que en cada estadio donde compite un equipo catalán se cante el “puta Catalunya” sin que el resto del estadio se pronuncie en contra. Estoy harto de que el piloto que se cae sea catalán y el que gana sea español, harto de que cada vez que alguno de nosotros intenta explicarse en un foro, al cabo de tres o cuatro mensajes comiencen los insultos, harto de los chistes que destilan odio visceral, cansado de escuchar que para ser catalán no soy mala persona, o que aún siendo catalán soy simpático (que no lo soy) y no es por el tema de la independencia, esto ya pasaba antes. Los que tenemos una edad hemos escuchado el “niño, habla en cristiano”, “catalufo” o “qué te pasa en la boca” desde que tenemos uso de razón.

Como decía, no es esta arenga achacable a toda España, por supuesto que no. La mayor parte de los españoles además pasan olímpicamente de este asunto, los tiene cansados, les importa un pepino, por no ser chabacano y decir un huevo, y es normal que así sea, a mí también me traería al pairo si no fuera catalán, así como soy consciente del exacerbamiento para el provecho político del tema por ambas partes, aunque jamás había escuchado, hasta hace bien poco, soflamas o proclamas anti españolas en casa. Pero creo que más allá de las ideas políticas de cada uno, tanto los que entendemos que nos iría mejor como país independiente, aún con miles de dudas, como los que se sienten parte de otra realidad mayor, por fuerza harta la falta de respeto continua a nuestro idioma y a nuestra cultura. Cansados de que se entienda que hablar en catalán es faltar al respeto a los demás, de que hablar en catalán no es correcto en grandes ocasiones, que hablar en catalán cuando se gana un Roland Garros o cualquier otro premio importante es de mala educación, que cuando se gana un mundial de MotoGP o el Dakar y se saca la bandera catalana es un insulto al resto de España, y no lo es. A mí nunca se me ocurriría entrar en una tienda deportiva y pedir que retiraran toda la ropa de un equipo porque en su equipación lleva la Senyera, la bandera española o la de los Lanister, ni se me pasaría por la cabeza cuestionar a un padre porque le hable en un  idioma u otro a su hijo, y nosotros lo vivimos continuamente, esa es la maldita realidad.

Hace unas semanas compartí cena de trabajo con una amiga italiana, un compañero de Madrid y dos comensales más, uno mallorquín y una señora madrileña, y al finalizar la cena mi amiga me preguntó cómo aguantábamos todo eso, porque tras los primeros temas habituales de mesa, enseguida salió la bilis en cuanto manifesté que era, tras contenerme un buen rato a sus preguntas, catalán. También es igual de cierto que una de las personas con las que paso mayor tiempo, laboral y lúdico, y que poco a poco se va convirtiendo en un amigo de verdad, es de Alcobendas y un ejemplo de lo que debería ser una sociedad normal, como durante tanto tiempo ha sido (o es, hace mucho que no vivo allí) Catalunya. Toda mi familia por vía materna es cordobesa, y jamás han tenido un solo problema por ser de un lugar u otro, ni he oído a mi abuelo quejarse de que nadie le faltara por hablar con su acento de Monturque, al contrario, es ahora cuando mis tíos y primos bajan al pueblo que los importunan preguntándoles cómo pueden vivir en Catalunya, ¡el lugar en el que se ganan la vida!. Mi esposa en extranjera y mi hijo también, y nunca hemos tenido un solo incidente por hablar español en ningún lugar del mundo, y sin embargo he tenido que aguantar que una señora imbécil me preguntara por qué le hablaba a mi hijo en catalán “siendo tan pequeño”, como si esa mierda se contagiara y fuera a lastrar el crecimiento del menor. 

No es este un alegato al victimismo, real o no, que se nos ha achacado por años, ni un intento por explicarme, porque como decía, hace mucho tiempo que dejé de predicar lo que nadie quiere oír. Hace mucho que me di cuenta de lo cansinos que somos los catalanes con “lo nuestro”, de verdad, tan cansinos que incluso molesta que hablemos de lo nuestro entre nosotros en nuestro idioma. Es evidente que son muchas las opiniones, tantas como personas somos, pero en estos días y tras el brutal atentado en Barcelona y Cambrils, no podía imaginar que la televisión pública española evitaría sacar al President de la Generalitat en los actos oficiales, o que los medios de comunicación vincularían la brutalidad a la opción legítima de querer ser un país normal donde podamos hablar en el idioma que nos salga de las narices y que el que se ofenda se vaya a otra parte, y mucho menos que nadie se ofendería porque los catalanes hablaran en catalán en Catalunya. Claro que esa estupidez congénita también forma parte de lo nuestro, pues era de cajón que iba a repetirse lo mismo que tras el accidente aéreo donde murieron un buen número de catalanes y el gobierno español, el de todos dicen, ni siquiera permitió poner una placa conmemorativa en el idioma de esas víctimas…

divendres, d’agost 18, 2017

Taínos, un pueblo para no olvidar

Taínos, un pueblo para no olvidar, por Cristina Suárez

Esta opinión es de: Anacaona: La última princesa del Caribe

"Anacaona, Caonabó... Dos nombres propios que representan la historia de un pueblo, los Taínos, los hombres buenos, que habitaban Ahíti, un paraíso lleno de lugares inimaginables, ríos, cascadas, aguas de un mar transparente o el Edén a lo ojos de Fray Ramón Paner. Ellos son el alma de esta historia, de esta realidad que sucedió hace ya unos cuantos siglos, cuando a Cristóbal Colón se le ocurrió la idea de encontrar un camino alternativo para llegar a las Indias y halló la magia de un pueblo que habitaba unas tierras enormemente bellas, unas tierras que los castellanos decidieron hacer suyas, unas tierras cuyos habitantes tuvieron que sufrir la masacre de su pueblo a manos de los que se hacían llamar cristianos.

Conocía parte de esta historia y, cuando pienso en ello, me estremezco al sentir el dolor de unos seres humanos que tuvieron que claudicar ante la superioridad de los conquistadores cuyos actos llevaron a la desolación de los que hasta entonces habitaban esa isla maravillosa que ahora es la República Dominicana. Los relatos de Fray Paner, que son la base de la novela de Jordi Díez, muestran la dureza que aconteció en esos años, la crueldad de los castellanos, su desprecio hacia la vida de los hombres, mujeres, ancianos y niños que asesinaron. Unas personas buenas, que no conocían la mentira ni el odio, que vivían en paz en su Paraíso, respetando sus costumbres, su pasado, sus ancestros y que veían en Caonabó y, más tarde en Anacaona, a aquellos que podrían librarles de tanto horror.

Es una novela para no olvidar, llena de sentimientos y de amor si conseguimos abstraernos de lo que aconteció y pensamos en Anacaona y en su amado Caonabó bañándose en su laguna o recostados en su hamaca, sintiendo la brisa del atardecer. Muy bella su historia y muy triste la que tuvieron que vivir. Siempre que hay alguien que quiere lo que no le pertenece, el dolor está asegurado. Es algo que ha pasado y es algo que sigue pasando en distintas partes del mundo.

Tengo que dar las gracias al autor por escribir esta novela y por permitirnos conocer la vida de la última princesa de Ahíti. Enhorabuena por sus letras y por transmitir tan bien las sensaciones que se esconden entre las páginas de su libro."


Cristina Suárez: Taínos, un pueblo para no olvidar

Taínos, un pueblo para no olvidar
Anacaona, Caonabó... Dos nombres propios que representan la historia de un pueblo, los Taínos, los hombres buenos, que habitaban Ahíti, un paraíso lleno de lugares inimaginables, ríos, cascadas, aguas de un mar transparente o el Edén a lo ojos de Fray Ramón Paner. Ellos son el alma de esta historia, de esta realidad que sucedió hace ya unos cuantos siglos, cuando a Cristóbal Colón se le ocurrió la idea de encontrar un camino alternativo para... Mostrar más

dimarts, d’agost 08, 2017

Libreteria: Caonabó vs Colón: el choque de dos culturas

Jordi Díez: ‘Anacaona’


Anacaona es una novela rica en emociones, sabores profundos, olores intensos, colores vivos…, llena de vida y vitalidad, la de la desconocida y prácticamente desaparecida cultura taína que ocupó el Mar Caribe.

Pero también de matices grises y negros...

dijous, de juliol 27, 2017

Blanca Miosi y su Mundo: ANACAONA, de Jordi Díez. Una opinión.

Hablar de las novelas de Jordi Díez significa un compromiso para mí. No porque sus novelas no sean buenas y me sienta obligada a dar una opinión favorable, es porque él es un excelente lector y crítico —las muestras están en las incontables reseñas que tiene en su blog Mis Últimas Lecturas— de manera que ya solo hablar de uno de sus libros es para mí todo un honor, pues en cuanto a opiniones él deja el listón muy alto. 
 
Hoy hablaré de su más reciente publicación: ANACAONA, LA ÚLTIMA PRINCESA DEL CARIBE. Supe en cuanto la leí que no sería una novela al estilo El péndulo de Dios sino más bien en la línea de su primera novela La virgen del Sol, un libro que me cautivó porque es diferente de los libros que se han escrito ambientados en la época del imperio incaico. Sin embargo Anacaona es diferente. En esta novela Jordi Díez tal vez por estar inmerso en el lugar de los acontecimientos se muestra particularmente emotivo. Se puede sentir en sus páginas: una historia relatada a través de los apuntes de un monje que formó parte del descubrimiento de la actual Ahití y República dominicana, y que de manera fidedigna da a conocer los infaustos días y, por qué no, los también gloriosos momentos de las gentes que habitaban esa isla, la más grande del mar caribe ahora divida en dos. Fue el primer lugar adonde llegó Cristóbal Colón y la primera capital de España en el Nuevo Mundo: Santo Domingo.
Aunque la reina Anacaona forma parte importante de la novela, hay un personaje que según mi opinión es absolutamente relevante: Caonabó. Un cacique indio (como Colón llamaba a los habitantes de las tierras descubiertas) valiente, guerrero, viril, imbatible, un líder de su pueblo y de las tantas tribus que vivían en la Ahíti de la época, que se atrevió a enfrentarse a los españoles. Quedé enamorada de Caonabó.
Pero Anacaona, la novela, no se trata únicamente de conquistadores y vencidos, aunque hay partes que parten el alma, debido a la exquisitez narrativa del autor que por momentos hacen tan vívidas las escenas como si uno estuviera allí, frente a ellos, como testigo de primera mano sufriendo, gozando y riendo con ellos; se trata, como decía, de conocer, de comprender a los seres humanos en una época en la que tanto la conquista como la lucha por no ser conquistados formaba parte de la cotidianidad de las vidas de los seres que poblaban la Tierra. El mundo está formado basado en conquistas, desde los romanos pasando por los musulmanes, los vikingos, españoles y también entre las civilizaciones americanas precolombinas, así que no voy a caer en prejuicios “anti-tal” un prefijo que se usa en exceso cuando se trata de reivindicar pueblos caídos bajos yugos extranjeros. Se trataba de la sobrevivencia del conquistador o del pueblo conquistado, de sus maneras de pensar y ver la vida, de sus acciones valientes y de sus bajezas, de uno y otro bando, porque en todos lados se cuecen habas.
Creo que esta novela es una de las mejores que he leído de Jordi Díez, se nota en ella madurez en sus letras, en el detalle, en los sentimientos y también en el uso del lenguaje.
La portada merece un renglón aparte. Sobria, con fondo oscuro, sin imágenes de paisajes que puedan desvirtuar el rostro de la mujer que parece decirnos: "esta es mi historia".

Felicitaciones al autor, espero seguir gozando de sus obras.

divendres, de juliol 21, 2017

Anacaona, la última princesa del Caribe


Haz click si deseas leer gratuitamente los primeros capítulos de mi última novela: "Anacaona, la última princesa del Caribe"

Tras veintiséis años en tierras ignotas, Fray Ramón Paner regresa a su Barcelona natal con el legado de toda una vida: la historia del mayor descubrimiento de la humanidad.
En su memoria carga el testimonio de su llegada a la idílica isla de Ahíti junto a un grupo de bravos aventureros que bajo el mando del Almirante Cristóbal Colón fueron los protagonistas de la mayor gesta conocida por el hombre, pero también los encargados de someter las voluntades escondidas en ese exuberante nuevo mundo. 
Por su parte, aunados en torno a la figura de su líder, Caonabó, y de su bella esposa, Anacaona, los aborígenes intentarán defenderse contra un choque de mundos en el que el amor, el deseo, la envidia, la ambición y el terror arrastrarán a los hombres hasta los límites más recónditos de su condición humana.

dimecres, de juny 21, 2017

El dilema de Adriana

Os propongo un juego, leed con atención el siguiente texto: 

Adriana acaba de independizarse y está empezando su carrera como modelo profesional. Tiene ciertas dificultades económicas para pagar el alquiler de su casa y necesita conseguir un proyecto con carácter urgente.

De repente aparecen dos oportunidades. Alberto, un amigo suyo, le pone en contacto con un conocido que busca una modelo para un catálogo de lencería. Aunque la idea no le seduce, finalmente se decide a visitar la agencia y se da encuentro con Fabio, el conocido de Alberto. Fabio le hace una oferta tentadora, y propone a Adriana salir a cenar esa noche. Ella acepta por el interés de conseguir el trabajo, pero al finalizar la cena, Fabio le invita a tomar una copa en su casa. Ella imagina sus intenciones y amablemente rechaza la invitación, ante lo que su acompañante, enfadado, contesta que él nunca contrata a una modelo sin saber qué puede ofrecer.

Al día siguiente, Adriana llama a Alberto y le cuenta lo sucedido. Él le dice que qué esperaba; que en ese mundo las cosas funcionan así, y que debía haber aceptado. Terminada la conversación, recibe una llamada de Alejandro, su casero, reclamándole las tres últimas mensualidades. Ante las explicaciones que le da la chica, el casero se muestra firme y le comunica que en una semana pondrá una denuncia para desalojar el apartamento.

Adriana está bastante contrariada con los últimos acontecimientos, pero todavía tiene otra oportunidad. Le habían llamado de otra agencia, pero cuando llega, el trabajo ya está adjudicado.

Desesperada, llama a Martina, una de sus amigas con mayor nivel económico para solicitarle un préstamo. Martina le comenta que tiene por costumbre no prestar dinero, y que siente mucho no poder ayudarla.

Ante la situación, se decide a llamar a Fabio, quién después de acostarse con ella, le da el trabajo. Cuando se lo cuenta a Alberto, él la felicita, aunque le dice que, en cualquier caso, él podría haberle prestado el dinero si hubiera conocido su situación.


Este texto que acabáis de leer fue un trabajo de análisis en un congreso de trabajo al que tuve la fortuna de acudir. El ejercicio, una vez leída y analizada la historia, consistió en que cada uno de nosotros marcara los culpables de la situación de Adriana en orden de mayor a menor según la culpabilidad que achacáramos a cada uno de ellos.

Así pues, el trabajo consistía en ordenar a los personajes, Adriana, Alberto, Fabio, Alejandro y Martina, de mayor a menor grado de culpabilidad según lo que creyéramos y después defender nuestra lista ante los demás.

La verdad es que me pareció un buen ejercicio, no tanto para uno mismo, pero sí para observar que cada uno de nosotros valora diferente una misma situación, ver como los valores personales son eso mismo, personales, y cada individuo tiene los suyos (a no ser que seas Groucho Marx, por supuesto).

Ahora os invito a hacer lo mismo en este foro y que digáis la vuestra, ¿quién es el culpable del dilema de Adriana y por qué? 

dissabte, de maig 06, 2017

Gentes de Venezuela

Rescato estas palabras del muro de Facebook de mi querida y admirada amiga Blanca Miosi. Para todos aquellos que vivimos la desgracia venezolana desde lejos, y que además vivimos en países de acogida de las gentes venezolanas, creo que es de obligada lectura.



Vine a este país, Venezuela, hace muchos años, cuando ya Velazco Alvarado había fallecido y estaba temporalmente en el gobierno el general Morales Bermúdez. No recuerdo que en aquella época hubiera marchas de protestas tan sangrientas como las que hoy en día hay en Venezuela, a pesar de que la carestía era grave, las expropiaciones, y la persecución a los opositores. Estuve en el Perú durante toda la dictadura de Velazco, por eso sé cómo fue desde que empezó. En 1977 tuve la oportunidad de venir a Venezuela y me radiqué en este país, en el que fui acogida como una venezolana más. 

Venezuela es un país que ha tenido y sigue teniendo los brazos abiertos para todos los inmigrantes, sean peruanos, argentinos, chilenos, ecuatorianos, colombianos, portugueses, italianos, griegos… gente de cualquier país y de cualquier religión integra una sociedad en la que ningún inmigrante es tratado con desprecio o con odio, creo que es simplemente porque el venezolano es una persona amable por naturaleza, su misma forma de hablar lo indica: tutea a cercanos y extraños, sin importar la clase social, o el puesto que tengan, los mesoneros te dicen “mi amor”, y cualquier desconocido se toma el trabajo de escucharte con paciencia la pregunta que desees hacer (otra cosa es que te den la respuesta correcta), pero siempre la amabilidad es la característica principal. Los conductores dan pase a los ancianos y a los niños, no te lanzan el coche ni tienes que hacer malabarismos para cruzar una calle, y en la época en la que llegué, era muy cotidiano que fueras a casa de cualquiera si había una fiesta y te daban de comer, te divertías y hasta podías quedarte a dormir siendo una perfecta desconocida. 

Este fue el país que me dio la oportunidad de hacer mi sueño realidad: tener un taller de alta costura durante más de veinte años, pero los sueños no siempre son los mismos, y menos cuando las circunstancias van cambiando. Hoy ya no tengo más el taller y me dedico a escribir. ¡Quién lo diría! Hoy las circunstancias han cambiado, y como dijo José Ortega y Gaset, soy yo y mis circunstancias. Y esto es extendible para todos.

Venezuela no es más el país tranquilo y amable que conocí, porque sus gobernantes han traído el caos. Sin embargo la gente lo sigue siendo. Pero el venezolano a pesar de ser tranquilo y amable, tiene una fuerza interior que lo hace un luchador donde sea que se encuentre. En el Perú Velazco decretó que el dólar era ilegal y por tanto había que entregarlo a los bancos, expropió muchos fundos e industrias, y mantuvo al Perú sumido en la escasez y en la miseria, pero nunca vi marchas ni protestas en las calles como aquí, en la que a diario pierden la vida jóvenes, quienes son los más propensos a dejarse llevar por sus pasiones; pero también veo mujeres, viejos, ancianos, yendo a marchar por una Venezuela libre, enfrentándose a tanquetas, bombas de gas lacrimógeno, perdigones y balas de las tropas de asalto del gobierno que pasean impunes vestidos de civil en motos por todas las calles de Venezuela.

Hoy Venezuela es otra pero su gente es la misma. Y esa gente que nunca quiso salir de su país, porque Venezuela no era un país de inmigrantes, ahora necesita la ayuda y la comprensión de los países hermanos. Sin embargo no todos lo entienden así. La mayoría se siente invadida y teme por su seguridad y la de los suyos. Es normal. Hoy ya no es ayer. Hoy las necesidades de los países se han acrecentado. Hoy hay demasiados inmigrantes en todo el mundo. Estoy segura de que si este gobierno se va del poder, muchos venezolanos regresarían a su patria y dejarían de “molestar” en otros países.

Sé que he despertado la sensibilidad de muchas personas al publicar mi post anterior, en donde decía que en Perú los inmigrantes venezolanos no eran bienvenidos. Lo dije porque leí los comentarios que dejó gran parte de la audiencia en un programa en donde se hablaba del problema. LOS COMENTARIOS, no lo que hablaban el moderador del programa y la entrevistada, que dicho sea de paso es mi sobrina y como buena venezolana está sacando la cara por los inmigrantes, indicándoles cómo es el proceso para estar legales en un país que les dio acogida. Por supuesto que sé que el presidente Pedro Pablo Kuczynski decretó un carnet de residente a los venezolanos y a cualquier extranjero que llegara al Perú bajo ciertas condiciones legales. Pero una cosa es un presidente y otra los habitantes de un país.

Sé que mi post ofendió a algunos peruanos que de inmediato saltaron a decir cosas como que yo tenía resentimiento social por ser hija de japonés. No sé a qué se quiso referir el señor Pedro Moyano exactamente, pero le aclaro que me siento bien tal como soy y nunca he tenido problemas por cuestión de razas o religiones. La prueba es que me casé con un polaco.

Bueno, amigos, reitero mi agradecimiento y mi admiración al pueblo venezolano, luchador, con guáramos, que se lanza a las calles a enfrentar a un dictadura que tiene todo el poder, y también el poder militar de los cubanos que van llegando a diario a Venezuela, porque así es. Llegan aviones a muchos aeropuertos militares con comandos y soldados cubanos justo ahora.

dissabte, d’abril 22, 2017

Paga lo que quieras por estos thrillers y decide adónde va tu dinero

Se lanza un pack de ebooks de acción, aventura e intriga (thrillers) en el que el lector decide cuánto paga y qué porcentaje llega a los autores

El servicio de recomendación de libros electrónicos en español Ebrolis.com ha lanzado un nuevo producto al mercado con el que el usuario paga lo que quiere por un pack de libros electrónicos de un género en particular. Además, el lector decide qué parte del dinero de su compra se queda el autor del libro, cuánto recibe una ONG y cuánto se lleva la empresa Ebrolis.


Ebrolis acaba de lanzar, en esta modalidad “paga lo que quieras” un pack de 11 ebooks de acción, aventura e intriga, es decir, thrillers (https://www.ebrolis.com/pack-thriller?orig=aut_JorDi). Los libros seleccionados son de autores independientes de renombre que han obtenido el apoyo de la crítica especializada y del público. Si el usuario compra el pack inicial de 5 libros y decide pagar más que el promedio obtiene otros 6 ebooks de regalo, consiguiendo un total de 11 novelas, una de ellas en formato cómic. Este producto deja en manos de la audiencia la decisión de cuánto dinero desea pagar por la obra de los autores y permite descubrir escritores nuevos a bajo precio.

Para todos los dispositivos y sin DRM

Los libros del pack llegan en un email en formato PDF, EPUB y MOBI, por lo que pueden ser leídos en cualquier dispositivo -tablet, PC, teléfono, Kindle y otros e-readers-. Además, ninguno de los libros está protegido por la tecnología DRM, tradicionalmente utilizada por editoriales para limitar el uso de medios o dispositivos digitales. “No creemos que la tecnología DRM sea un método efectivo contra la piratería”, afirma Cristian Perfumo, fundador de Ebrolis. “Dejar que cada uno pague lo que considera justo por el pack de libros nos asegura que todo el mundo tiene acceso a esta oferta y es un voto de confianza hacia los lectores”, añade Perfumo.

Pionero en el mundo hispanohablante


Ebrolis fue la primera empresa en implementar este modelo de venta de libros en el mundo editorial en español, pero se trata de una modalidad ya afianzada en el mercado de los libros en inglés. Empresas como Humble Bundle llevan vendidos millones de libros y videojuegos dejando decidir al usuario cuánto paga por ellos.

Ayuda a una causa

En este pack de thrillers, el porcentaje que cada lector decida irá a ayudar a la reconstrucción de la ciudad de Comodoro Rivadavia, Comodoro Rivadavia, Argentina (de donde son los fundadores de Ebrolis), después del desastre meteorológico que destrozó a la ciudad y afectó a miles de personas (http://www.infobae.com/sociedad/2017/03/31/el-temporal-en-chubut-no-da-tregua-y-comodoro-rivadavia-sigue-bajo-el-agua/). La donación será gestionada a través del Club de Leones de Puerto Deseado.

Los lectores tienen hasta el 15 de abril para adquirir el pack de Thrillers (https://www.ebrolis.com/pack-thriller), en el que se incluyen las siguientes novelas:

● El secreto de Boca Verde, de Alberto M. Caliani
● El búnker de Noé, de Gabri Rodenas
● Cazador de farsantes, de Cristian Perfumo
● El escultor de cadáveres, de César García Muñoz
● En el cuarto frío, de E. Robinson

Si el usuario paga tan sólo un céntimo más que la media de los pagos en el momento de hacer su compra obtiene también los siguientes cinco libros más un cómic, marcados como bonus:

● El manzano torcido, de E. Robinson
● La mirada de piedra, de Jorge Magano
El péndulo de Dios, de Jordi Diez
● El mundo rojo y el cuarto jinete, de Jose Callado
● El llanto de la Isla de Pascua, de José Vicente Alfaro
● Rabia del sur (cómic), de Marcos Cañada y Francisco Javier Villalba

dimarts, d’abril 11, 2017

Lecturas amazónicas

Hoy es uno de esos días en los que uno se siente agradecido, uno de esos momentos en los que merece la pena echar un vistazo atrás y alegrarse de haber tenido la fortuna de poder participar con Blanca Miosi y Freddy Piedrahíta en el programa La hora amazónica con las reseñas de algunos de los libros que he leído.

Y digo esto porque además de los buenos momentos que me genera el confeccionar esos espacios de Lecturas amazónicas, hoy me ha dado por contar las descargas de esta sección dentro del programa de Blanca en las diferentes plataformas en las que se encuentra activa y he visto, con sorpresa y gran felicidad, que son más de 25.000 las escuchas de las reseñas de mis lecturas. 

De verdad que jamás pensé que llegaría, que llegaríamos, a cifras así, que un proyecto como el que parió el polifacético Freddy Piedrahíta alcanzaría la barbaridad de más de cien mil escuchas, que los programas de radio que hacemos entre cuatro aficionados con más ganas que medios y conocimiento conseguiría cifras de cinco y seis dígitos, audiencias a las que muy pocos programas emitidos únicamente por Internet llegan, y por eso me siento agradecido y orgulloso de participar en este proyecto.

No sé cuánto más dure, ni cuántas más reseñas sea capaz de locutar, pero hoy no es el día de plantearse nada de eso, hoy es el día de daros las ¡GRACIAS! en mayúsculas, a grito tendido, agradecer a los oyentes de Radio Voces Unidas, a los oyentes de La hora amazónica, y muy en especial a los que seguís la sección Lecturas amazónicas:

¡GRACIAS, MUCHAS, MUCHAS GRACIAS!


RADIO VOCES UNIDAS - LINK

EL RINCON DE LAS ARTES, con Katia N. Barillas - LINK

LA HORA ROMÁNTICA, con Cecilia Pérez - LINK

LA HORA AMAZÓNICA, con Blanca Miosi - LINK 

LECTURAS AMAZÓNICAS - LINK

diumenge, de gener 29, 2017

El año que abracé a Rafael Nadal

Hace aproximadamente cinco años, el tenista mallorquín Rafael Nadal, que había sido campeón en 2009, acababa de perder por primera vez una final del Open de Australia contra el serbio Novak Djokovic, en lo que fue considerado como uno de los mejores partidos de todos los tiempos.

Pocas semanas después de su derrota, el tenista de Manacor vino a la isla para un acto de promoción publicitaria con la empresa en la que trabajo y se alojó en la villa que tiene Julio Iglesias en la zona costera de Punta Cana, siendo yo la persona encargada de acompañarlo a él y a su séquito desde la casa del cantante hasta el lugar en el que tendría lugar el acto publicitario. Dos horas largas de carretera con el astro junto al que todo el mundo quería fotografiarse.

No acostumbro a hablar de mi trabajo. No me gusta vincular mi faceta profesional, ni la imagen de la empresa a la que represento, con mis ideas personales ni con mis escritos o posicionamientos políticos, pues son dos ámbitos de mi vida totalmente diferentes, pero aquel inicio de año de 2012 fue especial porque sentí el peso y el orgullo de ser el escogido para representar a la corporación ante la figura de Rafael Nadal.

Recuerdo que justo la noche antes de que tuviera que hacerles de guía, me lo encontré de casualidad cenando en un restaurante de la zona con un grupo de amigos. La gente del restaurante, los clientes, y todo alma que pasaba por allí, se levantaba y se acercaba a interrumpirlo continuamente. Nadal no dejó de sonreír y de tomarse fotos con todos los que hasta él se acercaron aquella noche. Mientras, sentado a pocas mesas de distancia, yo observaba la situación con cierta sorpresa, pues si hubiera sido mi menda a quien hubieran interrumpido de aquella forma, creo que habría sacado la raqueta (que seguro que lleva siempre una encima a pesar de que no se la vi) y hubiera comenzado a repartir drives y reveses entre los asistentes como si me hubiera encontrado en una final de gran Slam. Sin embargo él no lo hizo, aguantó estoicamente y cuando llegó el momento de marchar se fue entre gritos de “Rafa, Rafa”.

A la mañana siguiente llegué pronto a la villa de Julio Iglesias a bordo de un pequeño autocar con espacio para los pasajeros y sus pertenencias, pues me habían avisado que después del acto se marcharían directamente a Miami a jugar en Key Biscane. De camino a la villa albergué la ilusión de encontrarme a Julio Iglesias bajando en batín a lo Hugh Hefner para despedir a la comitiva, pero en su lugar apareció un mayordomo a quien reconocí años más tarde presentando un libro de memorias, por no decir vergüenzas, del propio Julio Iglesias sin permiso de éste. Tras el susodicho mayordomo comenzaron a aparecer unos jóvenes, los mismos con quien había visto a Rafael Nadal en la cena, que se fueron despidiendo del escritor de memorias no autorizadas y entrando al bus por indicaciones mías. Al final llegó Nadal con una chica, su novia, y una señora, su madre, y se unieron al grupo.

El viaje había de durar un par de horas y enseguida comprendí una de las razones por las que había sido escogido para hacerles de guía, pues todo el grupo hablaba en catalán. Apenas me percaté de esa feliz coincidencia, los saludé con un “bon dia”, y arrancamos. 

Recuerdo que hablamos de muchas cosas, me preguntaron por temas del país, costumbres, curiosidades, sorprendidos de lo que iban viendo por la ventana del autocar, cosas como ir cuatro o cinco personas en una moto, o el desorden infinito que supone cruzar un pueblo en este bendito país, y combinaban sus preguntas sobre República Dominicana con temas de actualidad y con preguntas a mí misma condición, qué hacía allí, o cómo había llegado, cosas muy habituales cuando te encuentras con gente de tu país. Aquel domingo jugaba el Barça contra el Sporting de Gijón, que hacía poco había fichado a Javier Clemente como entrenador con la vana esperanza de salvarse de un descenso seguro, y el tema de conversación se desvió hacia el santísimo fútbol. Rafael Nadal hizo un comentario sobre lo bien que le había caído Javier Clemente cuando lo conoció y sus amigos le recriminaron, entre risas, que él no tenía criterio para catalogar a nadie pues todo el mundo era amable con él por ser quien era. Ahí me atreví y le pregunté algo que me abrasaba la garganta, “¿cómo un deportista de su nivel y su trayectoria podía ser del Real Madrid?”, lo solté tal y como me vino a la cabeza, y las risas inundaron el bus. ¡Hasta aquí te lo tienen que decir!, le gritaban su entrenador, su fisio, y todos los que lo acompañaban. Vale decir que Nadal no me contestó, y se limitó a sonreír con franqueza.

Poco a poco nos fuimos acercando al punto de destino donde habían preparado un recibimiento al más puro estilo de Bienvenido Mister Marshall, algo que por otra parte era totalmente normal si tenemos en cuenta el calado del personaje. El bus fue entrando al recinto residencial, y cuando Nadal vio el panorama se levantó, se cambió la camiseta que llevaba por un polo de la marca correcta, vino a la parte delantera del vehículo y me pidió que no me parara, que siguiera adelante. Sorprendido, di las instrucciones al chófer y el autocar pasó de largo unos cincuenta metros de la zona preparada para su recibimiento, “prefiero que no esté mi familia”, me aclaró abarcando con los brazos a todos los que iban en el autocar. Paramos, bajé delante y él me siguió. La comitiva de recibimiento, aturdida en un inicio por el hecho de que no nos hubiéramos detenido frente al lugar donde lo esperaban, arrancó con fanfarria y baile en dirección al bus, de modo que cuando bajó Rafael Nadal con su uniforme correcto, la comitiva estaba casi encima del autocar. Cuando estuvo seguro de que los flashes no alcanzarían a su familia, Nadal se encaminó hacia ellos entre vítores de los asistentes, pero de repente, apenas a un par de metros de los patrocinadores, los músicos, los bailarines, la prensa, a tocar de los brazos abiertos y las manos tendidas que lo esperaban, Rafael Nadal se dio la vuelta y vino de nuevo hacia mí. Me pidió que bajara del bus, me abrazó y me dio las gracias.

No sé porque lo hizo, la verdad, pero su acto me pilló por sorpresa dejándome de piedra, tanto así que después de abrazar a aquel tipo forjado en acero puro, me sentí en el derecho de no volver a llamarlo Rafa nunca más, y sí Rafel, que es como lo conocen en realidad todos sus amigos. Ya sé que no soy su amigo, no lo he vuelto a ver, ni creo que lo haga jamás, pero aquel chico que no tenía ninguna necesidad de reconocer mi trabajo, dejó a todo el mundo esperando un momento y lo hizo. Aquel muchacho, que no tenía por qué aguantar bromas de un desconocido, no sólo las aguantó sino que participó en ellas, un multimillonario que no tenía por qué aguantar a un montón de gente que lo interrumpiera hasta el agotamiento mientras cenaba con sus amigos, y aún así lo hizo. Aquel chico, que se había sentado al final del bus entre su madre y su novia, y a quien ambas lo habían reprendido un par de veces por comentarios "jocosos", tuvo su último gesto de normalidad apenas un segundo antes de convertirse en la gran súper figura mundial que todo el mundo esperaba. 

Al integrarse en la comitiva, el Rafa figura se comió al Rafel persona en una canibalización fascinante a la que asistí en primera persona, y ya metamorfoseado en súper figura mundial recibió de golpe miles de impactos de flash, elogios, gritos, fotos con y de los presentes (vale decir que yo no me hice una foto con él, ni me la hubiera hecho jamás en ese contexto), y aguantó con una profesionalidad increíble todo el acto publicitario. Recuerdo también que destacó algunas maravillas del país y dejó ir un par de cosas de las que habíamos comentado durante el trayecto. Cuando acabó, se fue con los patrocinadores a almorzar y yo me fui al buffet del hotel. Allí me encontré a su madre y su novia, que me reconocieron y me alentaron a compartir el almuerzo con ellas. 

De esto hace ya cinco años, y desde entonces sólo lo he visto, como es normal y como casi todo el mundo, por TV.  Como hoy, que por desgracia lo he visto perder de nuevo contra otro gran campeón, Roger Federer, en la misma cita, el Open de Australia, y cuyo recuerdo me ha llevado a hacer pública esta historia, pues me hubiera gustado muchísimo que alguien como él hubiera conseguido ese éxito, uno más que añadir a sus otros triunfos entre los que me atrevo a destacar la capacidad inmensa de ser Rafel y Rafa en una misma buena persona.

divendres, de novembre 18, 2016

Albert Salvadó: Si yo volviese a nacer...

Este año, con motivo del 70º aniversario de trabajo en favor de los niños, UNICEF ha invitado a escritores de todo el mundo a escribir una historia breve sobre el tema: “Mis deseos para cada niño”. Más de 200 autores han respondido a esa petición y han dado forma a su visión de un mundo en el que todo los niños gocen del derecho a sobrevivir y salir adelante, de aprender y de crecer sanos y a salvo del peligro, y tengo el orgullo de ser amigo de uno de ellos, del escritor andorrano Albert Salvadó, cuyo escrito ha sido escogido por el editor del proyecto para formar parte de esta magnífica iniciativa. 


Albert Salvadó:
Si yo volviese a nacer...
...Si yo volviera a nacer, os agradecería que tengáis presente que soy algo más que una simple pieza que hay que moldear para ajustarla al gran engranaje de la sociedad.
...Si yo volviese a nacer, os rogaría que no me atiborréis de conocimientos, sino que me eduquéis en la observación, en la atención y en el sentimiento, porque nací para crear.
...Si yo volviera a nacer, os recordaría que soy yo quien ha decidido venir, y no vosotros quienes habéis ido a buscarme.
...Si yo volviese a nacer, os pediría que afloréis lo mejor que hay en mí, y no sembréis la rabia, la tristeza y el infortunio que son el fiel reflejo de vuestras frustraciones.
...Si yo volviera a nacer, os diría que he venido para vivir en plena libertad, y no como un ser mecánico que sigue ciegamente consignas políticas, dogmas religiosos o leyes de mercado.
...Si yo volviese a nacer, os exigiría que no me trasladéis vuestra infelicidad, sino que os la quedéis para vosotros porque no habéis entendido qué habéis venido a hacer.
...Sin embargo, como no volveré a nacer, todo esto me lo aplico a mí mismo, porque he creado una falsa imagen que me impide ver que había venido para vivir en libertad pero la olvidé en algún rincón del camino.

Selección del editor

Estimat amic, moltes felicitats. Ens omples d'orgull de saber-nos amics teus.

diumenge, d’octubre 30, 2016

Anacaona y Caonabó, una historia maravillosa

"Anacaona y Caonabo", Enrique Royo 
Si todo va bien, como parece que así es, en pocos meses saldrá a la luz mi última novela. 

Aquellos amigos con los que compartimos redes sociales es muy probable que ya sepáis, más o menos, de qué trata esta historia, pero la realidad es que apenas he compartido algunos retazos, frases sueltas, fotos con más o menos acierto y pistas vagas. Y si bien es cierto que tuve la necesidad de decir, recién finalizada la novela, que era la más dura que jamás había escrito y probablemente la más dura que jamás escribiré, también es cierto que no he hablado apenas de ella porque en esta novela se ha conjurado el maldito milagro de que un cobarde como yo escriba la historia de uno de los hombres más valientes que han poblado la isla que me acoge desde hace diez años, y eso, mis queridos amigos, acojona al más pintado.

La historia nació un día por casualidad mientras me bañaba con la familia en las aguas de playa Rincón e intenté imaginar qué habrían sentido los primeros europeos al llegar a la isla que hoy ocupa República Dominicana, cómo se habrían quedado al ver la belleza sobrenatural de nuestros paisajes, la hermosura de las costas, la fuerza de los colores, los olores, las formas tan infinitamente diferentes a las de Europa. Pensé entonces que si nosotros, los viajeros actuales, ya sufríamos un espasmo en los sentidos al acaparar tanta belleza de golpe, aun siendo conocedores del lugar por fotos y referencias, cómo hubo de ser para aquellos hombres que en los albores del siglo XVI se acercaron a unas tierras vírgenes, ricas y plenas como éstas. No pude dejar de imaginar la visión de estar hollando el propio Edén para aquellos aventureros allende los mares.

Pero también pensé inmediatamente qué habrían sentido los habitantes de este paraíso al ver llegar a aquellos tipos barbudos, gritones, rudos y vestidos de maneras tan ridículas como poco apropiadas para el clima tropical. Qué pensarían al ver llegar sus barcos, sus animales, sus armas, sus maneras bruscas de hacerse con todo, y de la misma forma que imaginé que esto pudiera ser el Edén para los recién llegados, pensé también que para los infelices habitantes de estas tierras de aguas turquesas y verdes intensos, la llegada de los europeos hubo de ser lo más parecido a una invasión alienígena en nuestros días.

Poco a poco el gusanito de la curiosidad se fue instalando en mi imaginario, comencé a leer, a investigar, a buscar hasta que me di de bruces con varias realidades que me abdujeron sin remedio. Una de ellas fue la casualidad de que una amiga me hablara, sin saber ella lo que ya se cocía en mi cabeza, de fray Raimón Paner, un ermitaño del monasterio de la Murtra, Barcelona, que vino con Cristóbal Colón en su segundo viaje y que fue el primer antropólogo, por decirlo de alguna forma, que convivió y estudió a los taínos. Después, fruto de una investigación más seria, me crucé con unos personajes de una fuerza brutal, con unas historias que me dejaron en vela varias noches, con unas vidas que se vieron truncadas, con una historia de amor que se rompió en la noche de los tiempos por la violencia y la necesidad de supervivencia. Conocí a Anacaona, la última princesa del Caribe, y cuyo nombre significa literalmente Flor de Oro, y al que fue su esposo, Caonabó, el guerrero cuyo nombre significa el Señor de la Casa del Oro, y a quien Alonso de Ojeda “engañó” haciéndole poner unos grilletes como si fueran un gran regalo.

Siguieron entonces las preguntas, las dudas sobre si la historia pudo ser cómo nos la han contado o no, y pensé que no era posible que una sociedad capaz de hacer las más extraordinarias piezas de artesanía se volviera loca al ver espejitos como si fueran imbéciles. No creí que un hombre, un guerrero como Caonabó, capaz de vencer a tribus caribes, de enfrentarse a los conquistadores, de una fuerza descomunal que hacía temblar a sus enemigos con la sola mención de su nombre, se pusiera unos grilletes y encima lo considerara un regalo. Si ni siquiera un niño se pondría unos grilletes metálicos con una cadena unida a cuatro argollas para atar sus muñecas y tobillos, cómo lo iba a hacer un guerrero, y más aún si ese “regalo” venía de las manos de alguien con quien pocas semanas atrás había combatido en la toma de la fortaleza de Santo Tomás.

Y creo que fue en ese momento cuando a fuerza de preguntarme, de imaginar, de querer saber qué pasó en realidad, las voces comenzaron a hablarme, a no dejarme dormir, a colarse en cada descanso, a explicarme sus vidas, sus historias, la verdad de lo que ocurrió, su verdad. Una historia que no me dejó vivir hasta que la plasmé en la que ha de ser, si todo va bien, mi tercera novela, la más dura que jamás he escrito y probablemente la más dura que jamás escribiré, y que se fue dejando un vacío mayúsculo en mi alma y un temblor de vértigo en mi corazón.

Apenas media decena de amigos han leído el manuscrito, y entre ellas mi compañera, la verdadera dueña de la casa del oro, y sus palabras no pudieron ser más alentadoras. También ella se vio cautivada, no por mi capacidad narrativa, sino por la inmensa historia que he tenido el honor de contar y que hoy ha llegado en forma de obra de arte de la mano del artista Enrique Royo. Muchas gracias a mis lectores, y en especial a mi amada Luz por tan inmenso regalo que me ha llegado al alma.

diumenge, d’octubre 23, 2016

Gente Rara

Libretería es una página dedicada a autores, libros y cosas de esas en la que tengo la infinita fortuna de participar, y en la que hoy se publica un texto que preparé hace unos días para la sección "A mi manera", un espacio creado por Pedro Araque para que los escritores podamos explicar lo que más nos plazca abusando de su hospitalidad. Transcribo aquí el texto del artículo, pero si queréis leerlo en la versión original cargada en Libreteria.com podéis pulsar en el enlace: https://libreteria.com/A-mi-manera-Gente-rara/


No acostumbro a hablar casi nunca en los vuelos. No me gusta hablar de mis cosas, y en las conversaciones triviales nunca me he manejado bien. Me atasco, no tengo capacidad de demostrar interés por lo que no me lo genera y paso un mal rato poniendo caras de imbécil en los largos e incómodos silencios que se generan con mi falta de atención. No soy, con toda sinceridad y por decirlo de una forma políticamente correcta, un buen compañero de viaje. Tras muchos años de volar y transitar por diferentes aeropuertos he desarrollado una técnica infalible que me permite observar todo lo que pasa a mi alrededor, en muchos los casos incluso inventar historias sobre los transeúntes o imaginar aventuras desenfrenadas con ellos sin que nadie se me acerque, y que no es otra que llevar siempre unos auriculares en mis oídos aun cuando en la mayoría de los casos estén desconectados.

Así, hace unos meses, realicé un vuelo de Panamá a Chile en uno de esos aviones terribles en los que la configuración obliga, cuando el vuelo va lleno, a compartir una fila de dos asientos con otra persona. Si tienes la suerte de que te toque en medio, en una fila de cuatro asientos, y además en uno de los dos extremos, puedes eludir bastante bien la conversación porque si tu compañero no ve demasiado interés en ti siempre puede girar la cabeza en dirección opuesta y taladrar con sus muchos e interesantes pensamientos a la pobre alma cándida que no ponga la misma cara de perro que un servidor. Pero si te toca en una fila con dos asientos y encima en un vuelo de más de ocho horas, ¡ay amigo!, las posibilidades de salir indemne se reducen de forma peligrosísima.

Esto me ocurrió en el vuelo al que hacía referencia. Un señor de edad comprendida entre los cincuenta y muchos y los sesenta y pocos se sentó a mi lado. Yo en la ventana, otro error, y él en el pasillo, circunstancia que solventé apenas mi castigado culo tocó la ajada tela de la tapicería de Copa Airlines desplegando un libro sobre mis piernas y asegurándome los auriculares en los oídos, pues por experiencia sabía que aquel hombre, sin más distracción que mirar a su alrededor, aprovecharía la mínima rendija para preguntarme cualquier estupidez que diera paso a una conversación. La táctica funcionó hasta el primer almuerzo a bordo cuando, y aprovechando mi atención a las preguntas de la azafata, el hombre aprovechó para meter baza y atacar.

—¿Es usted chileno? —me preguntó.

Con la mejor de mis sonrisas negué e hice ver que me sumía en mi lectura de nuevo, pero el hombre no se dejó amedrentar y cuando me ayudó a pasar la bandeja de comida vegetariana, previamente masticada y regurgitada por todo el staff de la compañía de catering, que me tendía la azafata, se vio con fuerzas para explicarme que él sí era chileno y que vivía en New York. Sin tiempo entonces ni para respirar, me hizo la confidencia inmediata de que estaba extremadamente agradecido a la hospitalidad estadounidense y que gracias a ellos, y a la infinita oportunidad que le habían dado, había podido sacar a su familia adelante con un carrito de salchichas frente a Central Park.

Me explicó la dureza de verse apartado de su tierra, de sus orígenes, de su familia, de sus amigos, lo terrible de la adaptación, la dificultad de encontrar un lugar en el que sentirse cómodo en tierra extraña, de hacer amigos, y yo le hice saber que también era inmigrante, un catalán en lares caribeños por cerca de una década, así que entendía muy bien lo que me estaba explicando. “No siempre has de ser un gilipollas estúpido con la gente”, pensé, y seguimos conversando al ritmo cansino de abrir y cerrar bandejas de comida asquerosa. Me reconoció el señor que a pesar de estar muy agradecido, de haber conseguido que sus hijos estudiaran, de haber podido enviar dinero a la familia en Santiago, de haber salido adelante, e incluso a pesar de haber conseguido un seguro médico excepcional, no había logrado adaptarse nunca a la vida de los Estados Unidos, y que por eso había intentado por todos los medios mantener sus raíces, sus costumbres chilenas, su idioma, sus comidas, sus tiempos, “viviendo a mi manera en la gran manzana”, remató. Aplaudí su decisión y supuse que estaba feliz por viajar a Santiago a ver su familia. Me hizo saber que sí, pero me confesó que la intención oculta de ese viaje era comprar una casa en Santiago para poderse retirar cuando dejara el carrito de HotDog, ¡el sueño de cualquier inmigrante!, reconocí. Lo felicité, claro, y me vi reflejado en su alegría por la inminencia del regreso a casa tras muchos años de vida en el extranjero.

—Pero ocurre una cosa que me haced dudar, sabe usted —me dijo. —Algo que hace que Santiago ya no sea como antes.
—Caramba —le respondí con no demasiado fingido interés — ¿y qué es eso que ocurre en Santiago?
—Se ha llenado de gente extraña.
—¿Extraña? —dije desconcertado.
—Sí. Gente rara, de color —susurró a mi oído tensando el cinturón de seguridad que lo mantenía atado a la silla.
—¿De qué color? —pregunté.
—¡Negros!
—¿Y qué tienen de extraño los negros? —inquirí.
—¡Hombre, cómo me pregunta eso! No se adaptan, no comprenden las costumbres chilenas, no comprenden que ya no están en su país y quieren cambiar el nuestro. No se adaptan, no entienden, y a pesar de haberlos acogido sólo quieren hacer las cosas a su manera.

Con un rictus de rabia inmensa por haber cedido al buenismo de las costumbres y haber sucumbido a la charla con aquel impresentable, le expliqué que yo tenía tres hijos, uno blanco, uno negro y otro muy negro, y que preferiría que no volviera a dirigirme la palabra nunca más, incluso si alguna vez cometía el infinito error de comprarle un refresco en su maldito puesto de salchichas asquerosas en New York. Se deshizo entonces en mil disculpas que por fortuna ya no llegué a escuchar, pues me puse mis auriculares, subí el volumen del reproductor al máximo y lo mandé, a mi manera, a la mierda.

diumenge, d’octubre 09, 2016

El puto amo de la novela de aventuras


Ya lo dijo el gran Guardiola, ex entrenador del Fútbol Club Barcelona, “el puto amo”, y si bien no se refería al autor barcelonés, no encuentro otra definición mejor para él, porque Fernando Gamboa es, hoy por hoy, el puto amo de la novela de aventuras.

Con su primera obra,  La última cripta, y a pesar de las características que acompañan a casi toda obra primeriza de un autor, ya me enamoró, pero con Ciudad Negra me ha acabado de conquistar completamente. 

Si pongo la máquina de la memoria en modo de rebobinar no encuentro una novela de aventuras que me lo haya hecho pasar tan bien como ésta en años. No sé ni qué decir de ella, porque lo único que me sale es pum, pim, clas, y subió, y se cayó, y entonces se escapó con un paracaídas que había convertido en dirigible, y ella le dio un beso, y pam, y pom, y un tiro, y ufff,…! Pulsa aquí para seguir leyendo