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S'estan mostrant les entrades d'aquesta data: desembre, 2012

Un día magnífico, sin duda.

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Hoy ha sido uno de esos días que podemos llamar “felices”, un domingo en familia, con los niños en un entorno precioso en el que hemos gozado de la compañía de la naturaleza, del mar, de un paseo en catamarán, de un almuerzo de lujo en el mejor restaurante del mundo, a pie de playa en la Isla Saona, quizá uno de los lugares más hermosos que hay, y de regreso, a toda máquina en una lancha que debía capitanear el mismísimo Moisés por la forma en que abría el mar, a treinta nudos sobre los tonos turquesas del mar Caribe.
Un día magnífico, sin duda.
Sin embargo, entre salto y salto propiciado por los 220 CV de cada uno de los dos motores de la lancha, he sentido el estreñimiento de las cinchas de la mochila vital cargada en mi espalda, esa presión de las vidas no vividas y que de tanto en tanto, sin avisar, me asalta. El peso de las vidas que dejé para llegar a la actual y su correspondiente "qué hubiera pasado si..."
Quizá una de las mejores cosas de ser escritor, o la causa de,…

El veneno de la nostalgia

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¿Qué harías si de repente, tras mucho tiempo sin sufrir su mordedura, te ataca la nostalgia? ¿Cómo vacunarse contra el deseo de volver a la tierra propia, al calor de los amigos, a los colores conocidos, los olores, los sonidos familiares, la temperatura de la placenta en la que has crecido? ¿Existe cura contra eso? No estoy seguro...

Quizá una solución podría ser recordar los motivos por los que me marché hace más de un lustro: ganas de aventura, superación, demostración de que podía hacer algo más en la vida, dinero, y tiempo para escribir, entre otros. Sí, podría valer, pero resulta que la aventura ya se ha agotado, la superación va por otros derroteros, la auto demostración de valía está más que cumplida, del dinero prefiero no comentar, y tiempo para escribir es lo que más echo de menos…, así pues, ¿qué?
También podría recordar por qué no me quedé, monotonía de la vista, agotamiento de tiempos, corsé de normas infinitas,… Ves, nada de esto ha cambiado.
Esta semana previa a la Nav…

Lágrimas de cemento, sonrisa de titanio

Imatge
Es un post difícil el que voy a escribir hoy. 
Hace apenas unas horas me he hecho una pregunta que continúa sin respuesta, una pregunta que voy a trasladar a los que leáis este artículo y que, ya os aviso con antelación, creo que también os va a quedar flotando cual tarea de Windows sin resolver.
La pregunta en cuestión es: ¿Por qué sonríe la gente que no tiene nada?
Os pondré en situación. Hace unos meses leí un excelente artículo en la revista/periódico local, Bávaro News, firmado por la redacción, en el cual presentaban a una persona que captó mi atención desde el primer segundo, María de Villa Esperanza, a quien el magnífico hacer dominicano ya le ha comido el “de” y la ha apellidado con el nombre del lugar en que vive y trabaja. María es una persona que dejó todo lo que tenía, o sea nada, y se dedicó a levantar una escuela para niños que no tienen opción de ser escolarizados por muchos motivos. En República Dominicana estos motivos son infinitos, por lo que no los detallaré. Desp…