dimarts, de gener 20, 2009

Desayuno en Tiffany's, Truman Capote

Deliciosa.

Una novela corta en la que cada frase te transporta a un mundo tan irreal como hermoso, siempre que te guste el glamour de la gran ciudad, la gente guapa y todo eso.

Capote crea en esta novela un personaje del que estoy enamorado desde que lo vi en la adaptación al cine por primera vez, sin saber siquiera que existía una novela del mismo nombre, Holly Golightly. Es imposible leer esta novela y no ver a Audrey Hepburn en cada frase, en cada gesto, en cada palabra de la obra. Así la define Capote la primera vez que entra en escena:

"Ella seguía subiendo la escalera, llegó a su piso, y la luz del rellano iluminó la mezcolanza de colores de su pelo cortado a lo chico, con franjas leonadas, mechas de rubio albino y rubio amarillo. Era una noche calurosa, casi de verano, y Holly llevaba un fresco vestido negro, sandalias negras, collar de perlas. Pese a su distinguida delgadez, tenía un aspecto casi tan saludable como un anuncio de cereales para el desayuno, una pulcritud de jabón al limón, una pueblerina intensificación del rosa en las mejillas. Tenía la boca grande, la nariz respingosa. Unas gafas oscuras le ocultaban los ojos."

En la película también es así como aparece por primera vez, vista desde un piso superior mientras forcejea con la cerradura e intenta zafarse de un tipo que quiere entrar tras ella. Reconozco que haber leído esta novela sin haber visto la película hubiese sido muy diferente, pero en mi caso no he podido evitar la referencia continua entre la obra escrita y la película.

La novela en sí no es mucho más que el retrato de una sociedad, de un momento puntual que, por supuesto, está muy lejos de la realidad social, al menos de la realidad de la gran mayoría de estadounidenses, inmersos en plena guerra. Igualmente los personajes no son muy importantes, un escritor casi tan malo como yo, el propietario de un bar, un hermano que aparece de refilón, un antiguo marido, y varios miembros de la Beatiful People neoyorquina, que conforman el cinturón perfecto para la protagonista, un personaje, éste sí, impresionante. Una mujer por la que cualquier hombre podría perder la cabeza y la fortuna, aún a sabiendas de que jamás se verá correspondido de igual manera.

Leer esta novela, en la que no se invierten más de un par de horas, es enamorarse de Holly como les ocurre a todos los personajes, sean del sexo que sean, que aparecen en la novela. Es la descripción de una época en una ciudad de grandes excesos, grandes lujos, riqueza y apariencia continuada, el sueño americano en su versión más glamourosa, pero ya lo advierte el propio Capote,

"No se enamore nunca de ninguna criatura salvaje, Mr. Bell. Esa fue la equivocación de Doc. Siempre se llevaba a su casa seres salvajes. Halcones con el ala rota. Otra vez trajo un lince rojo con una pata fracturada. Pero no hay que entregarles el corazón a los seres salvajes: cuanto más se lo entregas, más fuertes se hacen. Hasta que se sienten lo suficientemente fuertes para huir al bosque. O subirse volando a un árbol. Y luego a otro árbol más alto. Y luego al cielo. Así terminará usted, Mr. Bell, si se entrega a alguna criatura salvaje. Terminará con la mirada fija en el cielo."

Eso es lo que ocurre cuando acabas la novela, sientes que la criatura salvaje se marcha sin ni siquiera agradecer que te hayas enamorado de ella.

Así estoy yo, feliz de haber conocido a Holly en el cuerpo, el rostro y los andares de Audrey Hepburn, y triste porque me ha dejado, como a todos, con el corazón roto y unos deseos incontenibles de volver a verla.

Resumen del libro (editorial)

Atractiva sin ser guapa, tras rechazar una carrera de actriz en Hollywood, Holly se convierte en una estrella del Nueva York más sofisticado; bebiendo cócteles y rompiendo corazones, parece ganarse la vida pidiendo suelto para sus expediciones al tocador en los restaurantes y clubes de moda, y vive rodeada de los tipos más disparatados, desde un mafioso que cumple condena y al que visita semanalmente, hasta un millonario caprichoso de afinidades nazis, pasando por un viejo barman secretamente enamorado de ella.

dilluns, de gener 19, 2009

Parada i Fonda dels Dos Peixos

Hola,

El passat 14 de juliol de 2007 vaig publicar un article desitjan sort i presentant-vos a tots vosaltres a una parella d'amics, la Sandra i l'Ivan, que havien decidit deixar-ho tot i marxar per un temps indefinit a vitjar per la vida.

Be, fa un parell de mesos que van decidir tornar després d'un any i mig d'aventures que els han omplert més que trenta darrera un escriptori.

Desconec qué tenen al cap, qué han patit (recordo un dia que la Sandra explicava com a un hotel a mitja nit els queia un líquid al damunt mentre dormien, i era el veí de l'habitació de dalt que s'estava pixant a sobre i els pixums regalimaven entre les canyes que separaven els dos pisos), qué han gaudit, a les fotos ho podreu veure, però sobre tot m'agradaria saber que tenen a dins, perquè ara somriuen amb la mateixa expresió de la Gioconda..., ¿qué saben ells que no sabem la resta?

Si voleu trobar alguna solució o voleu saber una mica més d'ells aquí us posso, de manera molt reduïda, un petit tast del seu àlbum de fotos, però per veure-les haureu de punxar a: http://www.dospeixos.net/fotos/)

Llocs com Taiwan, Hong Kong, Tailàndia, Malaysia, Singapore, Auroville, Tamil, Nadu Kerala, Sri Lanka, Ahmedabad, Amritsar, Jodhpur, Vashisht, Delhi, ...

No està malament, oi. Déu n'hi do quina barbaritat de llocs que han visitat, i nosaltres a l'oficina...

Si voleu saber més coses visiteu-los directament a:

http://www.dospeixos.net/blog

Estaran molt feliços de saber de vosaltres.

dissabte, de gener 17, 2009

122.105 ...

Hola,

Hace un par de noches, en uno de los más de cien canales de televisión que se reciben en casa, vi un programa en el que agrupaban, para nuestra vergüenza y asombro, todo lo consumimos durante la vida de golpe, es decir, calculaban (siempre en base a la sociedad británica) que tomamos unos diecisiete mil litros de leche y colocaban diecisiete mil botellas de leche en un descampado, lo mismo con los rollos de papel higiénico, piscinas rebosantes de excrementos, latas de cerveza, zapatos, judías en lata, y así todo el ingenio que desbordaron los guionistas. Cuando paga otro...

Pero hubo una parte del reportaje que me dejó pensativo y que enseguida supe que haría un artículo sobre eso, aunque no estaba seguro de qué escribir en él. En el video de NatGeo aseguraron que la media de palabras de una persona en toda su vida es de ciento veintidós mil ciento cinco. ¡En mi caso particular me parecieron muy pocas! (debo reconocer que también me parecieron pocas diecisiete mil botellas de leche...)

Lo primero que hice al conocer la cifra fue contar las palabras de mis novelas, a ver cuantas eran entre las dos, y mi sorpresa aún fue mayor ya que según el procesador de textos la cantidad de ambos escritos es de unas 285.000 palabras, sólo en dos novelas. Si contamos que una persona media pueda leer unas quinientas obras en su vida la cifra del reportaje no cuadra por ningún sitio. Claro que ellos se referian a las palabras "habladas" fonéticamente en una vida, pero aún así me parecen muy pocas.

Si damos por cierta esa cifra (que no me la creo mucho) quiere decir que habemos algunos que hablamos como cotorras y otros que no dicen nada. Yo estoy en el primer grupo y eso me ha hecho tomar en serio la cantidad de tonterías que puedo decir al día. Y no me refiero a tonterías de tonto (que también las digo en cantidad) sino a intrascendencias, bobadas de trabajo, gilipolleces de cotilleo, comentarios sobre Fernando Alonso, estupideces de ésas.

Si sólo tenemos cien mil palabras no podemos desperdiciarlas en bobadas, ¡con la de cosas importantes que tenemos para decir y no decimos! Claro, después se nos acaba la cifra y se nos quedan la mitad de las cosas en el tintero vocal.

Por eso os animo desde aquí a hablar menos, bajemos entre todos la cifra de las cien mil palabras y dejémosla en cincuenta mil, pero que sean cincuenta mil palabras reales, de verdad, con sentido, que expresen cosas ciertas, huyamos de la banalidad absurda en la que nos hemos visto metidos. No hablemos con gente que no nos interese, no digamos cosas sin sustancia, porque cuando mezclamos algo importante se pierde en esa amalgama de palabrería. No hablemos mal de los demás, no alabemos el juego de Messi con más palabras de las que merece, digamos a los nuestros lo que nos interesan y dejemos el par de palabras básicas "Hola" y "Adiós" para los demás.

No nos preocupemos por si nos tratan de antisociables o de raros, ya lo somos, yo por escribir esto y ustedes por leerlo hasta el final. No nos preocupemos de gente que su contador de palabras ya ha expirado por el mal uso.

¡Hagamos huelga de palabras caídas! ¡No a la banalidad!

(los SMS y los e-mails estúpidos también cuentan)
... silencio.