diumenge, d’octubre 07, 2007

Hauria d'anar jo a Fràncfurt?

Hola,

Avui, per ser políticament correcte, com sempre ho sóc, escriuré en castellà, ja que crec que és molt més adient.

Estos días estoy alucinado de toda la basura que escucho y leo en la prensa, sobre todo en la prensa local catalana, de mi nación, y me avergüenzo.

El título del artículo es si yo debería ir a Frankfurt, evidentemente NO. Y no sólo por no tener ni la trayectoria ni la calidad suficiente como escritor, que eso cae de perogrullo, sino por un motivo muy fácil de comprender, porqué yo no soy ni hago Cultura Catalana.

La feria de Frankurt, que creo que todavía se estará arrepintiendo, invitó a la Cultura Catalana como huésped de honor en su edición anual de 2007. Con mi inglés macarrónico por bandera he navegado por la Feria de Frankurt y por más que me he esforzado, sólo he visto una cosa, Cultura Catalana.

Oye, no he visto que invitaran Políticos Catalanes, ni DNI Catalanes, ni Editores Catalanes, ni Independentistas Catalanes, ni siquiera Escritores Catalanes, sólo Cultura Catalana. Y entonces, con la ignorancia que me caracteriza, he comenzado a preguntarme qué coño hacen más de 200 tipos barra tipas tomando cerveza y comiendo salchichas con el dinero público, ese sí catalán, por las calles de Frankfurt. Y no lo sé.

¡Si han invitado a la cultura catalana!, no a los nacidos en Catalunya, ni a los que somos catalanes, ni a los socios del Barça, ni al Parlament, ni a los fieles de la Moreneta, ni a los recién votantes de Esquerra Republicana, ni siquiera a los que no escuchan la COPE por no atentar contra la salud pública. El presidente de la feria declaraba hace unos días que no había sido fácil tratar con cuatro Consellers de Cultura en tres años, ni con tres directores del Ramón Llull en el mismo tiempo. ¡Qué vergüenza!

¿Qué es entonces la cultura literaria catalana?, nos podemos preguntar. Muy sencillo, todo aquello que se produce en la lengua catalana, pero no mezclemos catalana con Catalunya. Un señor nacido en Barcelona, de una calidad literiaria indiscutible, que ha hecho mucho por Barcelona y Catalunya, como es mi adorado e idolatrado Mendoza, no hace cultura catalana, y sí la hace el señor que escribe desde una cabaña menorquina en catalán, aunque escriba un recetario de cocina. No confundamos las cosas. Si la cultura invitada hubiese sido la castellana, tendrían que haber acudido los escritores que escriben en catalán, claro que no, y los bolivianos o chilenos que lo hacen en castellano, está claro que sí, ¿no?, pues es exactamente lo mismo.

¿Porqué han desaprovechado desde las instituciones esta gran oportunidad para hacer algo útil por una cultura minoritaria, que no consumimos a veces ni siquiera los que la entendemos? ¿Porqué no han aprovechado ese chorro, ese caudal de dinero público y publicidad mundial para traducir a lenguas mayoritarias como el inglés, el alemán, el francés o el portugués a los autores catalanes? ¿Porqué no han metido en el mercado literiario serio a una cultura única en una zona mediterránea que conoció tiempos mejores? ¿Para hacerse una puta foto todos juntos? ¿Para comer gratis?

Mi agente me dijo una vez que en los diez años que lleva acudiendo a la feria alemana por motivos de trabajo NUNCA había visitado el estand de la cultura invitada. Lo mismo que harán los miles de agentes literarios, editores y libreros que acuden a una feria dedicada al negocio de la literatura, no al negocio fotográfico de salir en portada de los diarios locales.

¿Tanto costaba ayudar a las editoriales que publican en catalán, o a los agentes que tienen los derechos, para que los vendieran con los costos de traducción asumidos a editoriales mayores de culturas mucho más grandes? Sí, era el precio de no visitar la ciudad teutona, salir en las fotos, ni comer de gratis.

Pasará esta semana de feria y la cultura catalana continuará siendo lo es, un pequeño jardín botánico en la manzana de una gran ciudad, cada vez más ahogado por el cemento que se levanta a su alrededor y con el pánico instalado en el corazón por saber que cualquier día será recalificado y se harán pisos en su cada vez más yerma tierra.

Eso sí, los pisos tendrán las fotos de los jardineros que no supieron, o no quisieron, vender las semillas de los crisantemos literarios que allí se plantaban. El propio Pla decía que somos un país de provincianos.

Y esta vez ni siquiera a Madrid le podremos echar la culpa.

Jordi Díez,
escriptor català que ho fa en castellà.

2 comentaris:

Marc ha dit...

Com sempre, la teva lògica i raó és aplastant. Records

Jordi Díez ha dit...

Moltes gràcies Marc,

Espero que estiguis molt be i que tot et vagi como diuen aquí, "e'pa'lante que vamos".

Transcrit literalment de com ho publica el ministeri d'obres públiques, i encara que vagin enrera més ràpid que un cranc a motor.

Una forta abraçada !!!!!

Jordi