divendres, d’agost 18, 2006

¿Somos o no hijos?

Con un amigo comentábamos hace apenas unos días la importancia de ser padre. Ambos coincidimos en que quizá, y después de la propia realización, es la labor más imporante que un ser humano puede desarrollar en el paso fugaz que ocupa.

En lo que no estuvimos tan de acuerdo fue en la, cómo decirlo, intensidad del amor por los hijos. La diferencia clave, él no es padre y yo sí.

El amor que se siente por un hijo no es un amor como el resto, ni tan siquiera como el que se siente por la pareja, y mucho menos como el que se siente por los padres, si bien es cierto que tener un hijo hace que aprecies aún más su labor (en la mayoría de los casos, por supuesto), ni siquiera es comparable la sensación de amor que se tiene por un hijo, y mucho más cuando éste es todavía pequeño.

No tengo intención de sentimentalizarme en alabanzas hacia el amor a los hijos, no me parece "útil", pero sí debo reconocer que al amor hacia un ser desprotegido se le añaden muchos otros ingredientes que hacen del cóckel una bomba de relojería. Cómo vas a querer a una persona adulta con la misma sensación de protección que sientes al abrazar un bebé. Es físicamente imposible.

Supongo que hasta aquí, la concurrencia (si la hay) estará bastante de acuerdo con mi planteamiento simplón y perogrullista.

Es importante la concordancia de ideas para preguntarse porqué en el Líbano, en menos de un mes, se han asesinado a miles de hijos, a miles de seres que gozaban del amor incondicional de sus padres. No así de la protección que no han podido brindarles y que en muchos casos les han conducido hasta la muerte. ¿Por qué?
¿Es qué quizá el miserable o miserables que ordenan la invasión o el ataque contra otras personas, no tienen hijos? ¿No comprenden el daño que causan a otros como ellos? ¿Es qué quizá esos hijos eran menos hijos?


Quizá existan otros amores superiores al que se tiene por los hijos. No sé, amores a la patria, al poder, al petróleo o a las divisas, ..., quién sabe.

Doy gracias por no conocerlos.




Hay quien merece no haber sido hijo.