dimarts, de maig 20, 2014

La frustración de Indiana Jones


La frustración tiene dientes de plata y muerde en lo más hondo de uno, en ese lugar al que no llegamos con remedios caseros ni podemos curar aplicando cataplasmas de la abuela. No existe una Viagra para el sentimiento de fracaso que produce, ni otra cura más allá de la aceptación jodida o la consecución de un nuevo reto.

Algunos creyentes de ciertas ramas del hinduismo se sientan a ver correr la vida sobre sus talones, aquello del “sitting in the dock of the bay” pero con cítaras, convencidos de que todo está escrito y de que el único camino para alcanzar la felicidad es el de dejarnos llevar liberados de deseos, anhelos y esperanzas. Lo cierto es que es una postura cómoda, pero que he de reconocer que no va conmigo. Soy más de aquello de “por sus actos los conoceréis” que de “hagas lo que hagas, pasará lo que tenga que pasar”. Acción, acción y más acción para avanzar, para crecer, para desarrollar…, un concepto que implica en sí mismo la contracara del terror indómito al dejar fluir, al dejarse llevar, al pánico del vacío.

Hoy me ha mordido con fuerza esa dentadura de plata y me lo he preguntado por enésima vez, qué hacer frente al precipicio, justo a punto de dar el paso de Indiana Jones antes de alcanzar el Grial, cuando el terror atenaza el movimiento.

He mirado abajo y me he detenido en la línea del miedo, al borde, hasta percibir de nuevo el lejano y conocido titilar de monedas que se revuelven inquietas en un caldero al final de un arco iris de color marrón, y la duda me ha asaltado, ¿he de regresar a por el caldero confiando en que cuando lo tenga, el camino marrón habrá valido la pena y caminaré por una vereda de flores perfumadas, o salto al vacío?

He de reconocer que la esperanza de que la caída no sea tal es menor a la de que el arco iris no esté hecho de lo que parece, pero también he recordado la lección de los hinduistas, aquella en la que la esperanza es la base de la frustración, y me he preguntado, ¿podría vivir sin frustración?