dilluns, de març 07, 2011

El cuaderno de bitácora

Hola a todos,

Hoy escribo para haceros partícipes de un viaje extraordinario. Un viaje de apenas una semana de duración, pero que para aquellos que hemos tenido la fortuna de realizarlo en algún momento de nuestra vida, nos equivale a un año.

Un viaje hecho por Xesca y Toni, de quien he tenido el honor de transcribir literalmente el diario de a bordo de su último viaje a nuestro Cusco añorado.

Muchos de vosotros sabéis que, junto a otros amigos, montamos hace un tiempo una pequeña organización de ayuda en los Andes peruanos. Pues bien, en estos links podréis ver algunas fotos impresionantes de este último viaje.

Que lo disfrutéis,

Martes, 28 de diciembre de 2010
Miércoles, 29 de diciembre de 2010
Jueves, 30 de diciembre de 2010
Viernes, 31 de diciembre de 2010
Domingo, 2 de enero de 2011
Lunes, 3 de enero de 2011
Martes, 4 de enero de 2011

En estos escritos han quedado millones de emociones, cientos de horas de trabajo, cientos de Euros, Dólares y Soles recaudados y gastados para y por los demás, millones de calorías consumidas en jornadas agotadoras, docenas de horas de vuelo, decenas de botellas de gel higienizante, miles de juguetes repartidos entre niños que jamás tuvieron uno, centenares de bollos y vasos de chocolate, kilos de polvo tragado vía oral, vía nasal y alguna otra inconfesable, miles de besos y apretones de manos, muchos estimulantes "compañero kuna", centenares de ojos expectantes, millares de gestos temerosos ante la visita de los extrangeros, pero sobre todo han quedado toneladas de promesas y necesidades pendientes de cumplir.

Miles de ilusiones pendientes de la buena fe de los demás, de los que leéis este blog, del trabajo propio de los beneficiados, y de la dedicación a combinar estos ingredientes por parte de gente como Toni y Xesca, pero sin olvidar a personas cuyos corazones no cabrían ni en la montaña sagrada de Machu Pichu, Cris, Milusca y Celso.

A veces en la vida se tienen momentos de lucidez que nos enseñan por donde seguir, que nos ayudan a comprender el por qué estamos aquí. Momentos que imponen el corazón a la razón, impulsos que si tenemos el valor de seguirlos nos dan la vida, pero que si los ignoramos se mueren, y con ellos nosotros.

No lo hagamos, no muramos, ayudemos a vivir a los demás.

Paguemos contentos el precio de ser privilegiados, ¡tengamos ese valor, y vivamos!