dijous, de gener 24, 2013

He venido a hablar de mi libro


Todos los que tenemos una cierta edad, y hemos vivido en España, recordamos esta frase de Paco Umbral, pronunciada en un programa de Mercedes Milá, cuando veía que se iba acabando el tiempo de emisión y se debatía en el plató de todo menos sobre el libro que el ínclito acababa de publicar. Yo tomo prestada por enésima vez la sentencia, y la hago mía.

Hoy me acerco hasta este artículo para contestar un post que ha escrito mi estimada amiga, escritora de éxito, cabeza visible de la venta Indie en Amazon, generosa con todos nosotros, a quien le estoy muy agradecido por los comentarios siempre buenos que hace de mí, a la que tengo un cariño enorme por más cuestiones que las puras derivadas de los libros, y que no es otra que Blanca Miosi. Se plantea Blanca en su último post si "¿Se estará repitiendo el boom de los 60 con los escritores Indies?", y argumenta como uno de los principales motivos de comparación la solidaridad entre ambos grupos o generaciones, aunque yo no estoy muy por la denominación Generación Kindle, al ayudarse entre los autores promocionando las obras de los compañeros. Bueno, quizá en esto sí haya un cierto parecido, pero con la mano en el corazón, no veo ninguno más.

He buscado en la Todopoderosa Wiquipedia la definición de aquella generación, "el Boom latinoamericano de los 60", y entre otras dice que escritores como Gabriel García Márquez (¡en pie!), Mario Vargas Llosa (la caspa), Julio Cortázar o Carlos Fuentes, desafiaron los convencionalismos establecidos y se hicieron mundialmente famosos a través de sus escritos y su defensa de la acción política y social, y porque muchos de ellos tuvieron la fortuna de llegar a los mercados y las audiencias más allá de América Latina gracias a las editoriales de Barcelona, principalmente. Yo, en mi infinita ignorancia, añadiría que estos escritos, o su mayor parte, se siguen vendiendo hoy cincuenta años después de sus primeras ediciones.

Así pues ya tenemos varias diferencias, 
  • Autores que desafiaron convencionalismos,  yo no veo ninguno de los indies que desafíe nada, y no porque sean, o seamos, más blandos, sino porque ya no queda nada que desafiar. Nuestro cambio será tecnológico más que literario, aunque esto es una opinión personal.
  • Que se hicieron mundialmente famosos más allá de sus fronteras. Con alguna excepción no veo a ninguno de los Indies que escribimos en español cubierto con el manto de la fama.
  • Sus obras permanecen después de 50 años en los primeros lugares de venta de todo el mundo, mientras que la mayoría de las novelas Indies escritas y auto publicadas en las plataformas tipo Amazon ni llegan a los primeros puestos ni permanecen en ellos más allá de algunos días o semanas (con excepciones, claro, como La búsqueda de la propia Blanca Miosi).

Y hay un punto más que me hizo sonrojar al leer la comparación de generaciones que hacía Blanca, y es la calidad, esa barrera tan difícil de definir, pero que todo el mundo reconoce cuando la siente. Me pongo como ejemplo, y pido perdón por ello, pero hay más talento en las cuatro primeras frases de Cien Años de Soledad que en toda mi obra, y no es falsa modestia, es la pura realidad más allá de gustos personales. También creo que una de las grandes diferencias es que en el Boom del 60 los autores que triunfaron fueron escogidos, es decir, hubo alguien con criterio, Carme Balcells, por ejemplo, que escogió, que estrió el grano entre la cantidad de paja que se producía, algo que no está pasando ahora ya que cualquiera puede subir su novela (gracias a Dios Bezos) y ponerla a la venta, pero cuántos artículos no ha dedicado la propia Blanca a pedir que se corrijan los manuscritos, que se les de mil lecturas posteriores antes de publicar, que se contraten servicios de profesionales de corrección y estilo, y no se hace, no por lo menos de forma generalizada. Yo mismo, que compro casi todas las novelas que aparecen auto publicadas a bajo precio, he dejado la mayoría en las primeras páginas. Y no porque la idea fuera mala, aunque muchos nos repetimos, sino porque están inacabadas. ¡Cien años de Soledad no ha modificado una coma desde su publicación en 1967! 

Con esto no quiero decir que me entusiasmen todas las novelas publicadas por esta generación, a mi gusto Cortázar, por ejemplo, es un bocadillo de yeso sin agua con que pasarlo, Llosa ha escrito, sobre todo últimamente, algún que otro bacalao infumable por no comentar lo que opino de su estampa pública y de sus ideas políticas, de García Márquez me gustan hasta los andares, y de Fuentes he de reconocer que no he leído nada, pero sí de su predecesor Rulfo y es extraordinario.

Sé que este artículo no gustará a muchos de nosotros, más ilusionados que conscientes, pero de verdad es lo que pienso. Nada más lejos de mi intención que menospreciar o ningunear la importancia de una revolución brutal que hemos tenido la inmensa fortuna de iniciar, y que es el cambio en la edición, publicación y venta de la literatura, al contrario, gracias a la democratización que ha supuesto la tecnología actual, redes sociales, plataformas de venta, etc., cientos de manuscritos que jamás hubieran tenido una oportunidad (mi propia novela El péndulo de Dios sin ir más lejos), han conseguido llegar a los lectores, con más o menos fortuna, y de esa avalancha de obras habrá una docena que probablemente trascienda a estos inicios, pero de ahí a compararnos con una generación que transformó la manera de escribir, e incluso me atrevería a decir que la de leer, creo con toda sinceridad que es una exageración.

De todas formas el tiempo será quien lo decida, y mientras tanto, que nos quiten lo bailao.