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Un día oscuro

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Cada nueva esquina es como un aviso de lo que nos espera al final del camino. Poco a poco el asfalto de la calzada se va tornando una pista de tierra que transcurre entre casas desiguales y mal acabadas. Algunas lucen letreros pintados a mano por algún manitas local, herrería, colmado, farmacia, banca, y algunos negocios más que en la impresión del momento no alcanzo a recordar. Pienso que si no fuera por las circunstancias, habría podido hacer un par de fotos buenas para mi archivo de carteles curiosos. La pantalla del GPS hace rato que ha dejado de marcar la zona por la que nos movemos y apenas un punto rojo dentro de una mancha marrón nos indica que estamos prestos a llegar.  La cantidad inusual de gente frente a una vivienda nos avisa que hemos alcanzado el destino. La casa, de blocks en bruto, sin pintar, apenas cerrada de aguas por unas láminas de zinc y la vegetación que se la va comiendo, está abierta. Gente con semblantes serios entra y sale sin parar y nos hace...

Viernes de radionovelas

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Cuando era niño nos tocaba clase de gimnasia los viernes. Sin embargo, como mi colegio era un edificio en el centro de la ciudad sin patio ni zona deportiva, todos los viernes en la tarde íbamos a ejercitar nuestros jóvenes cuerpos a las pistas municipales. Me encantaban esos viernes porque tras finalizar la jornada de clases en la mañana, en lugar de volver a casa me iba a comer a casa de mi abuela. Recuerdo que llegaba cerca de la una del mediodía después de haber corrido por todas las calles del centro de la ciudad empujándonos con los otros niños, robando golosinas de las tiendas, pidiendo adhesivos en cada comercio y haciendo lo que mejor saben hacer los niños, ser niños. La llegada a casa de mi abuela, ya por aquel entonces viuda de mi amado yayo Santos, consistía en un apretón intenso y extenso chorreado de besos y un plato infinito de mis menús favoritos. Comía solo, con mi abuela sentada a mi lado ejerciendo de cheff , maitre , jefe de sala y camarera en el restaurante ...

Carta oberta a l’Honorable Senyor Joan Saura

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Honorable Senyor Joan Saura, En veritat ni l'he conegut ni crec que el conegui personalment mai a l’Honorable exconseller de la Generalitat Sr. Joan Saura, però durant molts anys he fet servir el seu nom en va de manera injusta i em veig en la necessitat de disculpar-me i aclarir-ho. La història comença fa molts anys quan l’empresa per la que jo treballava, i de la que m’estalviaré el nom per irrellevant, va fer un intent comercial intens per aconseguir vendre els seus productes a la ciutat de Terrassa, malauradament en ser la nostra empresa de Sabadell tots els intents per foradar el mercat veí van ser infructuosos. Un cop vam tenir clar que no hi hauria cap manera d’acostar-se a un públic que ens era esquiu, els amos van decidir comprar una empresa de Terrassa i comercialitzar els seus productes mitjançant aquesta companyia. Jo vaig ser l’encarregat llavors de posar-ho tot en marxa. I vet aquí que un dia, xerrant amb els antics amos d’aquesta empresa, em van explic...

La chica de la minifalda

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La veo casi todas las mañanas parada frente a la puerta del residencial en el que vivo, de pie, sola, esperando a alguien que por fuerza ha de pasar poco después de mí. La mayoría de los días luce minifaldas de colores vivos que dejan al descubierto dos piernas largas para su mediana estatura, bonitas, atléticas, de rodillas redondas y huesudas, quizá un poco grandes para el tamaño enjuto de la joven, aunque no por ello le restan atractivo. Pelo negro largo, suelto, lacio y alegre que se mece favorecido con la brisa temprana de esas horas. Su rostro maquillado matiza una ligera fealdad que apenas es perceptible si no te fijas con cuidado. De senos más bien pequeños, insinuados tras el vestido que combina con la minifalda y en el que luce una placa dorada de identificación. La veo apenas unos segundos, quizá ni siquiera llegue a eso, cuando salgo a llevar a mi hijo al colegio. Cada vez observo un detalle desapercibido en los días anteriores. No la miro mucho, un vistazo furtivo d...

ANACAONA, la última princesa del Caribe

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Os invito a escuchar el primer capítulo de la novela ANACAONA, la última princesa del Caribe ( http://mybook.to/anacaona ) narrado por mí. Espero que os guste. "Un libro que deberían leer todos los amantes de la historia y los que buscan una buena aventura"  "Destacable la fuerza de los personajes, en especial los protagonistas principales, la princesa Anacaona y Caonabó, y también de los secundarios, tanto aborígenes como castellanos, de esta maravillosa historia que deja poso." "Es una novela extraordinaria que todo amante de la buena literatura debería leer" "Exquisita es la palabra exacta que tengo para esta novela" "Recrea, desde dos puntos de vista (el de los indígenas y el de los conquistadores), el descubrimiento. Quizás sea la mejor novela que he leído desde hace tiempo." "Recupera los documentos perdidos de Fray Ramón Paner" "Ofrece una visión totalmente desconocida de la perdida cultura taína...

Una novela que te acaricia el alma

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Una novela que te acaricia el alma Esta opinión es de: Anacaona: La última princesa del Caribe "Jordi, acabo de terminar tu novela y me ha enganchado¡. Muy documentada históricamente me ha transportado al año 1492 cuando Cristóbal Colón desembarca en el nuevo paraíso acompañado de los primeros "conquistadores". Es una mirada clara, cruda, con multitud de matices, muy lejana de lo que nos contaron en los libros (la historia siempre es escrita por los ganadores), trágica pero a su vez muy humana y enriquecedora, tanto por la visión del fraile que cuenta la historia en primera persona y su exposición del horror y sufrimiento vivido, como de la bondad, ingenuidad y coherencia que transmite de los indígenas que poblaron aquellas maravillosas tierras (aspecto totalmente acorde con los libros históricos de la época escritos por los escasos defensores de los indígenas). Novela para reflexionar sobre "si el fin o las ideologías de cualquier clase justifican los...

Desde Londres con amor, por John Carlin

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JOHN CARLIN - 01/11/2017 01:08 - LA VANGUARDIA Me levanto aquí en Londres antes del amanecer, leo lo último sobre Catalunya y pienso qué feo que es todo esto. Qué feo y qué doloroso y qué decepcionante. Esperaba más de España, el país donde nació mi madre, donde he vivido quince de los últimos diecinueve años, donde me he propuesto vivir –en Catalunya, sea independiente o no– la mayor parte del resto de los días que me quedan. La gente es más simpática, noble y generosa que en cualquiera de los otros siete países en los que he vivido. Comparado con los más de 70 países que he visitado es un buen lugar para ser un inmigrante, es un buen país para ser homosexual, para ser mujer, para ser un niño o un anciano. Hay tanto en España que es admirable, envidiable, moderno y ejemplar. Es por todo esto que me decepciona y me deprime tanto constatar lo primitiva que sigue siendo la joven democracia española, en particular lo desquiciada que se vuelve cuando entra en juego el tema d...