Entrades

Filete de murciélago

Imatge
Tal día como hoy, cinco años atrás, deteníamos una excavadora que estaba a punto de desbrozar un terreno para la construcción de un edificio. Antes de eso, nos habíamos vendido nuestra vivienda de Barcelona para financiar la edificación de un bloque de apartamentos en la población de Verón, en la trastienda de la famosa Punta Cana. Ese mismo día nos quedaban en stock varios cientos de metros de tela recién comprada para la confección de uniformes que nos habían encargado varias empresas turísticas de la zona. Se sumaban a medio millar de camisetas que, ya pagadas, no tendríamos a quien facturar. Si a esta situación le añadimos que venía de tomar, por primera vez en mi vida, un año sabático en el que no había acumulado ni un euro de ingresos, la situación se tornó difícil. No más difícil que para otras personas, ni trágica, como sí lo fue para millones de ciudadanos a lo largo del planeta. Que pregunten si no a los familiares de los ancianos en las residencias de la poderosa Madrid… No,...

Avui és Sant Jordi

Imatge
Avui és el meu sant, Sant Jordi, i també un dels dies més esperats del calendari any rere any. Veure les parades de flors al carrer, els llibres, els mitjans informant de tot lo que passa, la cursa al més pur estil de MotoGP dels escriptors per veure qui és el més venut de la jornada en un dia de màxima expressió catalana, de cultura, de bon rotllo, de companyonia i d’orgull patri, fins i tot en aquells que no se’n senten i que per un dia veuen en la diada un exemple de comportament comú. I així ha estat per més de cinquanta anys..., però ja no, o com a mínim, ja no tant. Aviat farà divuit anys que sóc a fora, vivint a un altre país a on tot això no els importa una mé, bé, de fet gairebé res no importa una mé en aquest punt remot perdut a l’oceà, i per això fa una pila d’anys que no veig paradetes de llibres, ni escriptors, ni roses al carrer. El temps s'ha menjat fins i tot aquella il·lusió que tenia de ser un d’ells algun dia, de veure’m estrenant un llibre de la meva autoria i p...

24 de febrero

Imatge
Llueve, y el césped del patio está cubierto de hojas amarillas que asemejan pequeñas flores recostadas en un lecho verdoso y húmedo. Los que amamos las letras de García Márquez sabemos que así es como se presenta la muerte.  Hoy me recuerda mi hermana que nuestra madre habría cumplido 78 años si 28 años atrás no se la hubiera llevado un cáncer cabrón. Hoy, que a un loco maldito se le ha ocurrido apretar el botón de la muerte ajena por engrandecer el ego de sus bolsillos, hoy, que hablaba con un amigo y me explicaba que no ve razón para seguir después de que su esposa, tras treinta y cinco años juntos, también hubiera muerto. Hoy, que nuestro patio ha amanecido cubierto de hojas amarillas, es 24 de febrero. Toda medida requiere de otra para comparar su magnitud, y si ponemos nuestro tiempo en la balanza infinita apenas no somos ni un pedacito de la te del tic-tac del reloj cósmico, pero si transmutamos veintiocho años a una vida humana es, como poco, un tercio. Mi madre murió con ci...

Esqravos

Imatge
No soy nadie, de hecho ninguno de nosotros somos nadie, o por lo menos eso es lo que he comprendido tras algunos días de vivir en lo que dicen es el primer mundo. Y cuando digo que no soy nadie quiero decir que no soy lo suficientemente humano para llegar a ser nadie. Antes, quizá en otra época que ha quedado grabada en mi memoria como cierta, las personas íbamos a los lugares y se nos reconocía por las formas, el rostro, el tamaño de la cabeza, la ropa que vestíamos o los idiomas que hablábamos. De esa forma nuestros interlocutores, camareros, policías, funcionarios, dependientes, otros seres humanos como nosotros, sabían que todos pertenecíamos a la misma especie y se nos abrían las puertas de la interacción con ellos.  Antes, quizá en esa época que creo recordar que existió, ibas a un bar, una tienda, un aeropuerto, una casa, y la persona que te recibía reconocía en ti un ser humano con potestad para ser tratado como algo vivo, algo por encima de una mascota o una caja de cartón...

Los diez puntos de dirección de Ted Lasso, el anti jefe

Imatge
Estos días he tenido la suerte de ver una serie en televisión: Ted Lasso. Vaya por delante que no soy capaz de seguir una serie dramática más allá de los dos o tres primeros capítulos (con suerte) porque cualquier historia, por buena que sea, acaba estirándose como un chicle y convirtiéndose en eso, en una serie de televisión, o como le decíamos antes, en un culebrón. La trama en este caso es sencilla, un equipo de fútbol de la Premier Ligue que contrata a un entrenador de fútbol americano como máximo responsable del área técnica. Es decir, contratan a un director que no tiene ni la más remota idea del deporte en el que va a competir, o dicho de otro modo, contratan a un directivo que jamás en su vida ha trabajado en la rama a la que se va a dedicar. Sin embargo, y tras los primeros ridículos públicos fruto de su desconocimiento, el coach Lasso comienza a presentar los cimientos en los que se basa su método de dirección, y que voy a intentar resumir en 10 puntos: 1. No basar el éxito...

Gracias, República Dominicana

Imatge
Ayer tuve el placer de ir a cenar con un grupo de amigos a los que hacía algunos meses que no veía, mitad por la pandemia, mitad por mi falta de tacto social, y durante la tertulia, en la que nos reímos y comentamos mil historietas, salió el tema de lo que suponía para nosotros vivir en República Dominicana. Casi siempre, cuando sale a colación la dominicanidad entre los extranjeros que vivimos aquí, tendemos a resaltar más las carencias que las virtudes. Supongo que quizá se deba en parte al síndrome del emigrante que recuerda la tierra propia como el paraíso en comparación a la de acogida, pero como sea, en esa charla uno de los colegas dijo estar muy agradecido a este país porque aquí había conseguido la mayoría de sus sueños. Fue tan así que nos explicó que había hecho una lista de sueños conseguidos en República Dominicana y que jamás, pero jamás de los jamases, habría podido ni imaginar en su España natal. La idea me pareció tan buena que no quiero dejar pasar el día grande de es...

Moáis de ébano

 - Yo le dice, no deje la escuela, pero ella piensa mujer porque tiene diecinueve y se casa con hombre y ahora está muerta. Es Richard quien me explica que ayer murió su hermana desangrada por una hemorragia tres días después de parir.  - Ella dice hombre tiene cédula y se casa. Me lo explica con su español aprendido a base de decir sí amo y obedecer desde que dejara su Haití natal para intentar sobrevivir más allá de los cuarenta años que la estadística le hubiera reservado de quedarse en el infierno del planeta. Lo miro a los ojos y me rehúye la mirada. Está triste, pero sólo por dentro. Desde mucho tiempo atrás, quizá antes de nacer, sabe que los pobres de la tierra no tienen derecho ni siquiera a demostrar sus emociones. Un día, charlando con un amigo en un batey, le hice notar que allí los niños no lloraban. ¿Para qué?, me preguntó. Richard es uno de esos niños, y Samuel, y Yodel, y la mayoría de los jóvenes inmigrantes que voy conociendo. Duros, flacos, nudosos como ...