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Blanca Miosi y su Mundo: Buenos autores independientes: Jordi Díez

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Del  Blog de Blanca Miosi , un magnífico regalo que agradezco a la prolífica autora súper ventas, además de apreciada amiga. Muchas gracias, Blanca, por tu generosidad. Buenos autores independientes: Jordi Díez Jordi es un viajero empedernido, gusta del turismo de aventura. Conocí la literatura de  Jordi Díez  al leer su novela  “El péndulo de Dios” . Empecé el libro con mucha curiosidad porque conocía al autor desde hacía un par de años y cuando todavía no habíamos entablado amistad visitaba su página  Mis ÚltimasLecturas , en las que escribe con mucha propiedad su opinión de las novelas que va leyendo. Un comentarista que se muestra escéptico ante la obra de un famoso merece todo mi respeto porque demuestra que no se deja arrastrar por modas o circunstancias externas a la hora de dar su opinión. No pude leer entonces  “La virgen del Sol”  porque no la encontraba en mi país, y no existía versión digital; había sido publicada por E...

Ludópatas con suerte

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La falsa blancura de la pantalla del ordenador portátil es la única luz de la habitación. Hace unas horas que la electricidad nos ha abandonado en un acto de solidaridad tecnológica. El sudor, envalentonado desde entonces por la falla eléctrica que alimenta la artificialidad del ambiente, se ha hecho con mi cuerpo como una amante caníbal. Lo siento brotar en los brazos, la cabeza, el cuello, rodar en forma de gotas transgresoras por mi espalda, por la prominencia de mi barriga nueva hasta estrellarse en las baldosas del suelo de piedra porosa que adorna toda la casa. Una casa de ricos, una de esas que se ven en las películas con jardín, piscina, jacuzzi y parking para dos coches. Cada habitación tiene su baño, y los ventanales que rodean la propiedad traslucen un paisaje hermoso, artificial y consonante con la vida que aquí se tiene, la falsa belleza de un campo de golf. Una gota recorre orgullosa e inmune mi pecho, la siento atravesar el vello que lo cubre y sé, por la postura ...

La frustración de Indiana Jones

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La frustración tiene dientes de plata y muerde en lo más hondo de uno, en ese lugar al que no llegamos con remedios caseros ni podemos curar aplicando cataplasmas de la abuela. No existe una Viagra para el sentimiento de fracaso que produce, ni otra cura más allá de la aceptación jodida o la consecución de un nuevo reto. Algunos creyentes de ciertas ramas del hinduismo se sientan a ver correr la vida sobre sus talones, aquello del “sitting in the dock of the bay” pero con cítaras, convencidos de que todo está escrito y de que el único camino para alcanzar la felicidad es el de dejarnos llevar liberados de deseos, anhelos y esperanzas. Lo cierto es que es una postura cómoda, pero que he de reconocer que no va conmigo. Soy más de aquello de “por sus actos los conoceréis” que de “hagas lo que hagas, pasará lo que tenga que pasar”. Acción, acción y más acción para avanzar, para crecer, para desarrollar…, un concepto que implica en sí mismo la contracara del terror indómito al dejar fl...

No había dejado de llover

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Ilustración de Andrés Edery Me pidieron que hablara de ti en menos de veinticinco líneas, maestro. Imposible. Pero si pudiera diría que nuestra relación comenzó sin que tú lo supieras con “El ahogado más hermoso del mundo”, recitado con el acento andaluz de un viejo profesor de literatura que hizo flotar tus palabras entre nuestras entendederas aún vírgenes. Nos dejó tu cuento a medias con el trabajo hereje de terminarlo a nuestra manera, y lo hice, te lo prometo, lo mejor que supe. Primero perlando una porquería de relato de bromas absurdas para que todos rieran con mis burdas ocurrencias, pero después en serio, con toda la pasión que un adolescente podía poner en sus letras, y salió un cuento extraño, comenzado por ti, por el más grande, y acabado por un saco de acné el día que supe que sería escritor. Nuestra relación continuó desde entonces con mi desespero de náufrago por beber en tus relatos, con épocas de fría distancia y momentos en los que mi única compañía fueron...

En la plenitud

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Un compañero de trabajo me dijo hoy, sin anestesia, que me encontraba en la plenitud de mi carrera profesional. Un comentario hecho con todo el cariño, supongo, y que venía a decir que me veía bien, que las personas que apostaron por mí para dirigir la compañía se sentían satisfechas con mi trabajo y que yo trasmitía el mismo nivel de satisfacción. Eso que llaman hoy un win and win, y que toda la vida se llamó bueno para ambas partes. Por supuesto he correspondido al comentario con una sonrisa, un apretón de manos y una frase de sincera y amable gratitud, pero a medida que me dirigía hacia el párking a recoger mi coche, sus palabras han comenzado a rebotar en la corteza cerebral como una pelota de goma en una pista de squash. ¿Qué significa estar en la plenitud profesional, que no hay más camino ascendente, que a partir de ahora he de comenzar a comprender que lo próximo será la decrepitud profesional, el declive o el mantenimiento, pero no la ascensión?, la verdad, no tengo ni ...

¿Y yo?

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Anoche fui al cine a ver una película de época, 12 años de esclavitud. Una película ambientada en la primera mitad del siglo XIX que trata sobre el drama humano que supuso la esclavitud para los negros en el sur de los Estados Unidos.  Un hombre negro y libre, que vive en la próspera New York, es secuestrado y llevado al sur donde sobrevive doce años como esclavo. Una buena película, la verdad, pero nada que no me esperara mientras compraba la entrada en la taquilla de la entrada. Drama, latigazos, tristeza, violaciones, violencia, sumisión, locura, horror en definitiva cargado en buena parte sobre las espaldas de los negros que tuvieron la desgracia de vivir en esos días. Sin embargo, y a medida que avanzaba la película, comencé a tener un sentimiento de angustia que todavía me dura hoy, y que no es otro que el preguntarme qué habría hecho yo de haber pertenecido al bando dominante. Una pregunta que me he hecho en numerosas ocasiones ambientándola en otras épocas, ¿qué hu...

Sandra Bruna entrevistada por Daniel Heredia

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Sandra Bruna: “Creo que el agente literario debe hacer un buen servicio al escritor, que no es estar a su servicio” ENTREVISTA   por DANIEL HEREDIA    ·  3 febrero 2014  ·   3 comentarios DEL BLOG: A LOS LIBROS, por DANIEL HEREDIA Sandra Bruna, agente literaria. (c) Lluc Oliveras C uando lea el nombre de Sandra Bruna tal vez se encoja de hombros con ese instinto de recelo o indiferencia hacia lo no muy conocido del que no está libre nadie. Pero si añadimos que la agente literaria Sandra Bruna saltó a la fama gracias a su trabajo con  La catedral del mar , la primera novela de Ildefonso Falcones, quizá mueva la cabeza afirmativamente y reconozca la labor de esta profesional jovial, amable, de sonrisa cordial y ojos vivísimos. Y una enamorada de su trabajo al frente de  Sandra Bruna Agencia Literaria , que abrió en 2001 tras una década de aprendizaje en la empresa de Mercedes Casanovas. Quizás se hizo agente por la...