Como en la canción de Juan Luis Guerra, se va la Guagua, que escucho mientras escribo estas letras. Hoy, después de siete intensos días de viaje y estancia en una de las ciudades más acogedoras del planeta, Buenos Aires, regreso a mi Dominicana querida. Han sido siete días de trabajo, mucho trabajo, de renuncias (a la comodidad de casa, a la familia, a mi esposa, a mi hijo y a mi ahijado, a la rutina diaria), de esfuerzo físico y mental, de abrazos, de apretones de manos, de confidencias, de estar horas de pie con la sonrisa del vendedor expectante, de conocimientos y, quisiera pensar, de nuevas amistades. Unos días en los que he recopilado varias frases que no quisiera dejar de anotar como remedio a mi cada vez más maltrecha memoria, perlas como éstas: - Después de trabajar como un cabrón toda la vida, contó y se dio cuenta que era millonario. - Los agentes de viajes tenemos (ya me atrevo a incluirme) vida de champain y bolsillo de cerveza. - Para triunfar hay que dormir tres horas. H...