divendres, d’abril 12, 2013

Escúchame bien, Scrooge, antes de que caiga la noche te visitarán tres espiritus


Hoy me han pasado algunas cosas que me gustaría compartir con vosotros, y que no sé muy bien cómo calificar...

La primera ha llegado con las horas más noveles de la mañana. Tras varias noches sin dormir bien, hoy me he despertado con el recuerdo de un sueño en el que empaquetábamos nuestras cosas y volvíamos a casa después de siete años de ausencia. He de confesar que soy de esos que nunca recuerdan sus sueños nocturnos, por lo que me ha llamado la atención que la sensación de felicidad por volver a casa hubiera traspasado la aduana del despertador.

Poco después ha venido la segunda del día. Tras dejar a mi hijo en el colegio, y ya de camino al trabajo, he recibido un mensaje de una lectora de El péndulo de Dios que me ha emocionado profundamente, un mensaje que me ha humedecido el alma y me ha llegado a los ojos (o al revés) porque lo he recibido en un momento en el que estoy ávido de señales, y que reproduzco para vuestro juicio.
Maria R.M.  Acabada de leer hace unos días e intentando asimilar todavía, me ha ENCANTADO Jordi, han habido noches que he apagado la luz a las 2 de la madrugada enganchada, cada día deseando que llegase la noche para, después de bregar todo el día con mis niños, la casa, el trabajo..., durante el rato que mis ojos aguantaban, trasladarme a diferentes épocas, lugares... GRACIAS!!!
En las encrucijadas de la vida, cuando llega el momento de estríar el nuevo camino que crees que has de seguir, uno se vuelve más sensible a las señales, más necesitado de verlas, de seguirlas, de interpretarlas con acierto; de escuchar al corazón, de saber con la intuición y el espíritu, más abierto a los mandatos de la voz que a los razonamientos del asustadizo, temeroso, cobarde y calculador cerebro. En momentos así hay que saber seguir las pequeñas luces que se iluminan en el camino para que no nos perdamos, y el mensaje de María ha sido un faro de 20.000 W de potencia con flechas en neón brillante que señalaban “¡HACIA ALLÍ, VE HACIA ALLÍ!”

Después de este chorro de luz, ha seguido un día más o menos rutinario, hasta que por la tarde, de camino a casa me ha ocurrido la mayor. En República Dominicana es habitual que la gente espere en los márgenes de la carretera, cerca de una casa, de un lugar iluminado, o de sitios de referencia, para pedir lo que aquí llaman “una bola”, y que no deja de ser solicitar que alguien te dé un aventón. Me ha llamado la atención una chica joven, de unos 20 años, con un bebé de pocos meses en sus brazos que esperaba junto a la estación de policía. Estaba de pie a pleno sol, sin buscar cobijo, erguida (cosa extraña aquí), en postura de digna espera, y solicitando que alguien la llevara. Nunca subo a nadie, esa es la verdad, salvo que sean niños que van o vuelven del colegio, o madres solas con sus hijos en circunstancias de mucho sol, lluvia, de noche,… Bien, la cuestión es que he decidido parar y, tras asegurarme de que iba en la misma dirección que yo, llevarla un tramo hacia su destino.

La chica ha resultado tener diecisiete años, me ha dicho su nombre y el de la bebé, y tras cruzar dos o tres palabras más de cortesía, me ha pedido que yo fuera su “novio”. Evidentemente me lo he tomado a risa, porque además de casi le triplico la edad, ni era lo que me esperaba escuchar ni lo que yo hubiera pretendido o insinuado en ningún momento. Sin embargo en ese instante he visto clara la situación, la puta y maldita situación: una persona humilde en un vehículo que vale más de lo que probablemente ella ganará en toda su vida, con un extranjero (mucha gente piensa que todos los extranjeros aquí somos ricos), buena apariencia, me refiero a que no parezco un tipo peligroso, un smart phone en la guantera, gafas de sol de marca, ..., debe haber pensado que no tendría muchas más oportunidades como ésa para jugar sus cartas, y me lo ha dejado ir tal cual. Después de gastarle un poco de broma y comprobar, en la forma de mirarme, de observar el coche, de comprender la realidad, que yo realmente podía hacer lo que quisiera con esa menor sin más barreras de las que me marcara mi conciencia, se me ha helado la sangre y se ha producido un silencio tenso y nervioso como hacía tiempo que no vivía. Sobre todo por mí parte, porque ella, si bien podía ser mi hija menor, parecía más frustrada ante mi negativa que preocupada por la situación.

Al llegar al lugar al que le había prometido que la acercaría, y mientras apuntaba con alivio el coche contra el bordillo para facilitar el desembarco, me ha preguntado si me gustaban los niños. Pregunta capciosa porque justamente la conversación escape que había utilizado para romper el tenso momento, había sido preguntar por su hija y manifestarle mi simpatía por los niños. He contestado de nuevo que sí mientras maniobraba y paraba el coche con un deseo incontenible de que se bajaran. 

Entonces la menor ha asentido a mis palabras con un movimiento afirmativo de cabeza, ha dejado a su hija en el asiento del acompañante con sumo cuidado, ha abierto la puerta y se ha bajado, no sin antes mirarme a los ojos y decirme con una sonrisa:

- Quédesela, se la regalo.



dijous, d’abril 11, 2013

La virgen del Sol, book-trailer

Hola amigos,

Comparto con vosotros un vídeo extraordinario sobre mi primera novela, La virgen del Sol, realizado por Edsoft, de Ernesto Valdes. Espero que os guste.


Y aquí os dejo los enlaces para adquirir la novela:

En versión e-book para toda América, 

En versión papel para toda América (os la envían a casa en pocos días)

En versión e-book para España

En versión impresa para España (os la envían a casa en pocos días)

divendres, d’abril 05, 2013

Indies, ese ¿movimiento?


Hola, 

Hace tiempo que quiero escribir sobre el movimiento de escritores Indies (de independientes), pero cada vez que tenía claro qué quería decir aparecían nuevos personajes en escena, o se producían cambios importantes sobre la percepción que tengo de este movimiento.

Mucho se ha escrito ya sobre él como para que yo explique ahora de que se trata. Mi amiga Blanca Miosi, un hallazgo genial, y otros compañeros de paraguas como Puri Estaril, Fernando Gamboa, Marta Querol, Josep Capsir, David de Pedro, Frank Spoiler,... entre otros (¡somos muchos!) ya han hecho referencia a este movimiento con mucho más detalle y acierto del que yo vaya a explicar aquí.

Por mi parte he de reconocer que nunca me he sentido cómodo en un grupo, ni siquiera de vecinos. Inmediatamente soy aceptado o invitado a formar parte de un colectivo siento que si existe un grupo de gente que piensa igual que yo, seguro que estoy equivocado, y en ese mismo instante comienzo a buscar nuevos puntos de vista. Es automático. Me pasa en todo, con los amigos, con la política, con el deporte, con cualquier tema con el que me sienta identificado, aún por mucho que haya luchado por llegar a él, en cuanto huelo a tres más que parecen pensar como yo me entran unas ganas terribles de cambiar de amigos, de partido, de animar otro equipo o rezar a otro Dios (si rezara…).

Por este motivo siento un tanto de pudor al hablar de este movimiento que se compone de un grupo de escritoras y escritores que publicamos directamente en las plataformas que nos lo permiten, y que hoy en día son numerosas, siendo la más conocida la omnipresente y omnipotente Amazon. Este grupo de escritores, sin contar con el apoyo de una empresa que nos promocione, lo hacemos de forma artesanal con todos los medios a nuestro alcance, principalmente la buena fe y las redes sociales, aunque cada vez parece que lo vamos haciendo mejor y más organizados.

No por ello desmerece el resultado, ojo, porque son docenas de miles de descargas las que se producen de nuestras novelas, aunque no puedo dejar de reconocer que sufro una profunda sensación de endogamia cada vez que publicito, a mis pocos y sufridos seguidores, la lista de novelas que pueden comprar, a precios escandalosamente asequibles, en Amazon. Una lista que la componen las obras de una serie de gente con quien facebooqueamos y nos tuiteamos como si nos conociéramos de toda la vida, y que creo (sin duda alguna) que es lo mejor de pertenecer a este grupo. 

También me produce una cierta preocupación, y porqué no decirlo, un tanto de vergüenza no haber leído apenas ninguna de estas novelas (salvo alguna excepción), entra las que se engloba una parte de mi escasa y mísera obra, sin saber si es bueno o no que me identifiquen con ellos,  o peor aún, a ellos conmigo. 

Con respecto a la venta, en mi caso particular no he notado ninguna diferencia entre pertenecer a un grupo o a una editorial. Las ventas de mis novelas se encuentran en estado de letargo desde hace meses, desde el momento que decidí vender los derechos de mi segunda novela, El péndulo de Dios, a Ediciones B, a la que entró por la puerta lateral (más bien una que tienen al fondo...) y donde se ha quedado en estado de hibernación, primaveración, veranización y otoñación hasta el día que recupere los derechos. Pero dicho esto, la pertenencia a un grupo de gente tan variada, de edades, sexos, estilos, gustos y procedencias tan distintas, me gusta. Me hace sentir bien esa proximidad que dan las redes sociales al mismo tiempo que permaneces en la más absoluta distancia, sin compromisos más allá de los que puedas asumir de buen grado. Aprovechándonos los unos del esfuerzo de los otros, los otros de la tirada de los unos, y todos de la inercia que se está consiguiendo en común. Me gusta.

Me gusta ver que si entras en la página de Fernando Gamboa, todo un fenómeno, o de Blanca Miosi, en la parte inferior de la pantalla hay una pestaña que dice “Customers Who Bought This Item Also Bought” aparecen mis novelas, como advirtiendo al lector, ¡ojo, si has comprado ésta, no te puedes perder las de este tipo! ¡Los otros ya lo han hecho!

He leído comparaciones, que no comparto en absoluto, entre este movimiento y otros de generaciones anteriores. No creo que estemos, ni por asomo, en capacidad de representar ningún momento ni circunstancia especiales, como sí lo hicieron otros movimientos literarios del pasado, y lo harán los de verdad en el futuro. Quizá en unos años, de esta marea de escritores Indies, se cribe un grupo de cinco o diez autores con calidad suficiente para enarbolar la bandera de un movimiento literario real, y no únicamente tecnológico o comercial, pero todavía siento que estamos lejos de ver algo así.

Uno de los problemas de la auto publicación es que no exige mayor control que el propio, y eso lastra la calidad de una parte importante de las obras. Historias que con un poco de ayuda profesional habrían resultado escritos de gran calidad, se quedan, por desgracia, a un paso de conseguirlo. 

En la industria se nos conoce como friquis, seguramente con bastante razón, yo mismo lo soy con disimulado orgullo. Pero que un buen número de obras publicadas bajo el sello de Indies no cumplan con los requisitos mínimos de calidad, sin duda ayuda a esta percepción. 

Por fortuna existe un factor que los Indies sí dominamos, y es el respeto al lector. La cintura suficiente como para reconocer cuando nos hemos equivocado, cuando una portada no está a la altura, o un texto necesita ser repasado de nuevo, y la predisposición absoluta para hacerlo. El cariño al eslabón más importante de la cadena y que durante años ha estado olvidado: el lector.

Acabo con dos pequeñas preguntas:

¿Cuántos escritores de éxito comparten, copian, responden o tuitean con sus lectores?

¿Cuántos trabajadores, que sacan horas de sueño para escribir, comparten, copian, responden o tuitean con sus lectores? 

dijous, d’abril 04, 2013

De mi amiga Carme Grau...

Vacaciones en autocaravana por la Australia Occidental

Grandes rascacielos a pie de playa que contrastan con un interior árido y desierto. Hasta la Australia Occidental nos desplazamos para acompañar a Carmen Grau y su familia en su aventura en autocaravana por el oeste del país oceánico.

Barcelonesa de nacimiento y ciudadana del mundo, Carmen hizo de Australia su hogar hace doce años. “Siempre he sido una gran viajera y desde los veinte años he vivido en varios países, principalmente Estados Unidos, Singapur, Malasia… y ahora Australia”. Afincada al sur del continente, decidió hacer las maletas, montarse en la autocaravana y escapar del frío junto a sus dos hijos hacia el clima cálido del que aún se podía disfrutar en la parte más occidental.

Autora de dos libros (Amanecer en el Sudeste Asiático y Trabajo temporal), Carmen realizó su primer y único viaje (por el momento) en autocaravana durante el pasado junio, una auténtica aventura familiar de un mes de duración en el que la mamá intrépida y los pequeños marsupiales Dave y Alex (de 6 y 4 años respectivamente) entraron en contacto por primera vez con el mundo del autocaravanismo.


“Siempre he sido una viajera de poco equipaje. Desde que tuve a mis hijos, me atraía la idea de viajar con la casa a cuestas. Mi ilusión es comprarme una autocaravana y hacer un recorrido largo, de un año como mínimo, por Australia y otros países. El viaje que hicimos en junio fue de prueba para ver si a los niños les gustaría, y tomar yo una primera experiencia con la autocaravana, ya que no lo había hecho antes”.

A bordo de una Toyota Hiace alquilada, Carmen, Dave y Alex empezaban su particular aventura en dirección a la costa occidental, visitando muchas de las pequeñas poblaciones que a su paso por el país encontraban, casi todas de poco más de cientos de habitantes, muchos de ellos aborígenes. “La primera noche la pasamos aparcados al lado de un famoso monasterio español de la primera mitad del siglo XIX, antiquísimo según los estándares australianos”.

Australia no es, quizás, uno de los destinos más elegidos por los autocaravanistas, al menos no en España (tampoco en Europa). Sin embargo, se trata de una práctica bien arraigada en el país. “La gente en Australia es muy amable, y el viaje en autocaravana, muy común. Siempre encontramos a gente dispuesta a ayudarnos cuando lo necesitamos, sobre todo parejas de jubilados que están muy acostumbrados a este tipo de vida; son conocidos como los grey nomads”.


A la izq., frontera del Outback australiano. A la dcha., la ciudad de Perth.

Desde Dunsborough hasta Perth, pasando por New Norcia, Dalwallinu, Morawa, Nothampton, Cervantes o Swan Valley. Lo más impactante del viaje, fue, sin lugar a dudas, recorrer el interior del país, conocido como Outback, donde imperan la aridez y el desierto, con pocas zonas fértiles, mostrando una inmensa área anaranjada. “Un momento memorable fue cuando cruzamos la frontera al Outback australiano, esa vasta y remota extensión de zona deshabitada. La carretera dejó de ser asfalto para ser ya solo de tierra y durante kilómetros y kilómetros no nos cruzaríamos con ningún otro vehículo”.

El inmenso contraste entre el interior del país, una inmensa zona árida y anaranjada con pequeñas poblaciones, y la zona costera, donde se encuentran las principales ciudades como Sidney, Melbourne o Adelaide, es sin duda la mejor característica de Australia. Aborígenes y colonos han hecho de Australia un país único. “Lo que más me interesó fueron los pueblos del interior, con mayoría de población aborigen, en especial Yalgoo”.

Conocer un país como Australia (lejano, diferente, desconocido…) siempre es enriquecedor para el viajero; hacerlo en autocaravana es, quizás, unas de las mejores formas de disfrutar al máximo de las oportunidades que ofrece.

“Lo que más me gustó de viajar en autocaravana fue la libertad de poder ir de un sitio a otro cuando quisiéramos, sin atenernos a horarios, y conocer a gente que hacía lo mismo. El hecho de poder parar donde quisiéramos y no tener que buscar alojamiento, y que cada día pudiéramos estar en un sitio diferente… Es muchísimo más fácil de lo que parece, y una experiencia muy liberadora. Eso sí, hay que prestarle especial atención al depósito de gasolina, y llevar siempre un bidón de repuesto, pues según qué zonas, la distancia entre gasolineras puede ser grande”.

Carmen Grau gastó, contando con el alquiler del vehículo, unos 4.000 dólares australianos aproximadamente (3.250€) en su viaje por Australia Occidental de un mes de duración. “Me gustaría realizar un viaje de al menos un año por toda Australia, con mi propia autocaravana y cuando los niños sean un poco mayores, para que le saquen más partido a la experiencia”.