dilluns, de maig 23, 2011

Feria Internacional del ¿Libro? en Santo Domingo

Para nada quisiera caer hoy en el gravísimo error que he tenido que soportar durante muchos años en mi Catalunya natal, tierra de acogida, en la que muchos de los que vinieron de fuera a ganarse la vida criticaban a los catalanes con inquina, en lugar de agradecer que una tierra ajena les diera las herramientas para poder ganarse la vida.

Cuando alguien venido de fuera critica la tierra que le ha acogido, la respuesta es tan sencilla como recordarle que está allí por voluntad propia, y que si tanto le disgusta, se puede marchar en cualquier momento.

Por eso es complicado el artículo que voy a escribir hoy, porque cualquiera de mis amigos dominicanos tiene la respuesta tan fácil como decirme que si no me gusta me marche a mi Catalunya natal. Deseo que no sea así porque en mis palabras no hay, ni habrá, inquina, aunque sí bastante tristeza.

Este fin de semana visité con la familia la Feria del Libro, la única feria del libro en la que hay de todo, menos libros.

Enclavada en un espacio privilegiado, la plaza de la Cultura, que acoge a los museos de Historia Natural, del Hombre Dominicano (donde se guarda la cámara de fotos más antigua de la República Dominicana), el Teatro Nacional, entre otros, bajo la espesura de los árboles que sombrean los paseos para el bienestar de peatones y expositores, se encuentran amplios espacios para instalar carpas, puestos de venta de libros, escenarios para presentaciones y todo tipo de facilidades para hacer del lugar una excelente feria del libro.

Teatros, escenarios musicales, zonas infantiles y juveniles, trenecitos para los más perezosos, cafés, pizzerías, hamburgueserías, puestos de perritos calientes, venta de pulseritas, venta de collares, trenzas, altavoces por doquier del tamaño de la pirámide de Keops, estudiantes, soldados, adolescentes, teléfonos móviles, todos los cuerpos de policía, casetas gubernamentales, fotos del presidente, compañías privadas, camiones de Coca-Cola, curas, una construcción del Vaticano de unos cuatrocientos metros cuadrados con la foto del Papa en tamaño y estilo ayatolah, en fin, un lugar con tantas actividades que se olvidaron de los libros.

Apenas una calle con libros "cristianos", es decir, Biblias de todas las confesiones cristianoides que colapsan el país de gritos, una calle con los libros que se autopublican los políticos para autobombo propio (la mayoría repeticiones de los discursos de Balaguer), otra calle con libritos para colorear y algunos cuentos infantiles muy tristes, una zona "internacional" en la que había tres casetas de metro y medio correspondientes tres países, y dos calles que sí tenían un cierto interés, una con los autores dominicanos y otra con casetas de venta de libros de las siete u ocho librerías del país. Lo demás, mil cosas que no tienen, ni tendrán, nunca nada que ver con los libros.

Una feria del libro en la que apenas nadie llevaba una bolsa con libros, hamburguesas, algodones de azúcar, globos, perritos calientes, etc., sí, de eso sí, mucho y de todo, pero libros, ni uno.

Reconozco que me entristeció muchísimo ver esa feria del libro sin libros, sin autores, sin nada. Sin novedades literarias, sin cómics, sin libros culturales, sin libros de imágenes del país, de historia, libros antiguos, best-sellers internacionales, ediciones especiales, autores firmando sus libros, filas de fans entusiasmados por hacerse una fotografía o recoger una firma, en fin, lo que distingue a cualquier feria de este estilo. Casi nada de esto se encuentra en la feria del libro de Santo Domingo más allá de las naturales excepciones. Joyas contadas entre la inmundicia, la chabacanería, el griterío, la música a volúmenes insalubres, y poco más. Y lo que es peor, envuelto para regalo de las masas con la pátina de la cultura, como si poniendo la palabra mágica "libro" se beatificara el esperpento.

Sin embargo, cuando ya la pesadumbre se había apoderado del todo de mi ánimo, recordé que había hecho tres horas de coche para ver a una autora novel, Ingrid Natera, quien publicaba su primera obra, Amada y el Artista, y vi que, como en todos los desiertos del mundo, también en el cultural aparecen flores. Una flor en forma de autora con ganas, con ilusión, con voluntad de hierro, con maneras, con cultura, con una voz suave alejada del griterío general, con la humildad que requieren los inicios, y conocí también a su editor, un aventurero que intenta rescatar algún valor entre la inmundicia que cubre el absoluto desinterés por las letras impresas en esta isla.

Y este detalle, pensar que hay muchas más Ingrid, sólo esto, ya hizo válido el viaje.

dimecres, de maig 11, 2011

Hay que tomarlo con humor



Claro que si hicieran un vídeo de estos de los catalanes, no sé si nos haría demasiada gracia...

dilluns, de maig 02, 2011

El cuerpo, lanzado al mar

Se ha despertado hoy el mundo con una noticia esperada, aplaudida y tardía. La "muerte" de Osama Bin Laden.

Anoche, cientos de personas se alegraban in situ frente a la Casa Blanca, Time Square y la zona cero de New York. Precisamente hace apenas una semana que nosotros estuvimos de turista en esa ciudad y nos sobrecogió la magnitud de la caída de las torres. Allí, en el sur de Manhattan, se levantan edificios que producen calambres musculares sólo de seguirlos con la vista hasta el final, y apenas llegan, a juzgar por las fotografías, a la mitad de la altura de las dos torres violadas.

El cerebro maquiavélico de la operación fue Osama Bin Laden, así como de otros atentados a embajadas americanas, creo recordar que más de doscientas personas murieron en el atentado de Tanzania, y el bestial atentado de los trenes en Madrid, del que el gran Aceves y Pedro J. todavía andan buscando mochilas, así que todos tenemos la idea de que el tal Osama era un asesino despiadado y un cabronazo. Todos en el mundo occidental, claro, porque en otros lares planetarios el barbudo es tenido por un héroe.

No quiero entrar en valorar este aspecto, para mí era un miserable, un asesino, y un ser que no merecía vivir tranquilo. Sin embargo a este asesino le han pagado con la misma moneda. Es decir, un tipo despreciable que mataba cuando le parecía por "justicia" (la suya, claro), ha sido tratado por sus víctimas de la misma forma, pero con una gran diferencia: las víctimas se supone que son países y personas democráticas, que encarnan los valores humanos paridos del cristianismo moderno y la revolución francesa, estado del bienestar más "fraternité, egalité i liberté".

Pero no. Un comando entrenado entre Guantánamo, Hollywood y Langley ha entrado en un país extranjero, se ha liado a tiros sin mayores miramientos y han asesinado al asesino. ¿Juicio? no, gracias.

Todavía a estas horas no he leído en la prensa, ni nacional ni internacional (no hablemos de la de USA) ni un sólo comentario en este sentido. O sea, ahora cuando un tipo nos robe el coche nosotros podemos coger una barra de hierro, presentarnos en su casa, molerle a golpes la puerta, llevarnos el televisor, meterle una paliza a él y a su hijo, y cuando lleguemos a la plaza mayor de nuestro barrio seremos aclamados por los vecinos al grito de "héroes, se ha hecho justicia".

Obama, presidente demócrata ha dicho: "Osama bin Laden ha muerto". ¿Cómo puede ser tan sinvergüenza? ¿Ha muerto, de qué, de una viruela? Lo han asesinado. "Se ha hecho justicia", ha añadido también en el discurso, y yo, que tengo poca memoria he intentado recrear la imagen ancestral de la diosa de la Justicia, y no la recuerdo cargando una espada en cada mano...

Me da mucha tristeza que ninguna voz mundial se atreva a decir algo. Ni la denostada ONU, de la que se cae hasta el edificio, ni los gobiernos europeos, nadie. Todo el mundo a reir la gracia del matón de la clase. Evidentemente que el tipejo, y muchos de sus seguidores, merecían un castigo ejemplar, pero esto no es el Far-West. Ha costado miles de años de evolución conseguir una situación como la actual, con normas y leyes que se han pulido durante todo este tiempo. Sociedades avanzadas gracias a sus normas, no a sus bíceps. Sociedades en la que un señor de 65 kilogramos con gafas y brazos de periquito tiene los mismos derechos que un profesional de la lucha libre de 150 Kg.

Y encima lo venden como un éxito..., tardar once años en encontrar al más malo cuando en las películas de Bruce Willis son capaces de meterte un misil por el ojo que nunca ve el sol desde miles de kilómetros de distancia a los pocos segundos, no me parece tampoco un éxito. A mi edad no soy un iluso, y sé que la fuerza hay que combatirla a veces con más fuerza, pero estos héroes quizá deberían ver el video del rescate de Betancourt en vez de tantas películas de Van Damm.

Una vergüenza, una pena y una nueva ocasión desperdiciada para demostrar que del mico al hombre existen años de evolución.

Eso sí, el Barça y el Madrid han de volver a jugar y el Papa que se cargó la apertura del Concilio Vaticano ya es beato.

God save the wedding's king.

Ah, el cuerpo será lanzado al mar porque "ningún país lo quiere en su tierra". Una cuestión que casi me atrevo a augurar que no han preguntado demasiado, porque el mundo está lleno de mausoleos erigidos a asesinos en serie de la misma calaña que el Laden, o incluso peor. Napoleón, Franco, Lenin, así a bote pronto, y que encima son visitados como reclamo turístico.

Quizá me equivoque...