divendres, de desembre 24, 2010

Tiempos de cambio

Hola,

Empieza pronto un nuevo año. Para mí, que no soy muy creyente de las tradiciones ni de los ciclos inventados por el hombre, no veo diferencia alguna entre el día 31 de diciembre y el 1 de enero. Vería más lógico que los años cambiaran con el inicio de la primavera, por ejemplo, que nuestro nuevo año comenzara con un nuevo ciclo natural, pero no es de eso de lo que quería hablar hoy, así que intentaré no dispersarme de nuevo.

Como decía, en pocos días inciaremos un nuevo año, y con él una nueva oportunidad de cambio. No hablo de apuntarnos al gimnasio, ni de aprender inglés, francés, alemán y chino mandarín por fascículos, ni de dejar de fumar. Hablo de la oportunidad que estas ocasiones nos ofrecen para cambiar de verdad.

Recordaba ayer con un amigo varios finales de año de los que dejan huella, recuerdo uno muy feliz en Camprodón, quizá el más feliz de todos, pero sobre todo recuerdo dos finales de año muy difíciles en mi vida particular. Dos finales de año que me ayudaron a comprenderme, a aceptarme, a enfrentar todos los cadáveres guardados durante años en los armarios y a renovarme, a convertirme en una nueva persona. A, en palabras de John Le Carré en la Casa Rusia, pensar como un héroe para comportarme como un hombre bueno.

Tras esos dos años, especialmente el segundo, comprendí una cosa muy importante, que la vida fluye con o sin nosotros, con o sin nuestra aprobación, con o sin nuestro consentimiento y con o sin nuestro agrado. Por este motivo la única forma de enfrentar la vida es ser flexible con ella, abrazar la corriente sin oposición, pero con la firmeza de permanecer encima, como un tronco que arrastrado por un río no puede ir en contra, pero que intenta no quedar trababado en un recodo, y sobre todo, no puede hundirse.

De otra forma la corriente siempre nos vencerá.

No debemos gastar nuestras energías limitadas en enfrentarnos al mundo, en abrazarnos a tramos del río más cómodos y acogedores, pero pasados. No podemos permanecer en el estado de ensoñación continua de tiempos mejores que no volverán, ni de tiempos futuros que no alcanzaremos. Creo que la única solución es vivir con felicidad el momento presente, con la absoluta certeza y proyección de que nuestros anhelos se están cumpliendo, no que se cumplirán, sino que se están cumpliendo. Moviéndonos continuamente en el momento presente, actuando con firmeza por lo que queremos, y no dispersándonos en lo que nos gustaría o en lo que haríamos si pudiéramos.

Hace días que quería compartir estas ideas.

Mi mejor amigo, el que muy bien puedo llamar mi hermano, y dos mil personas más, han visto como la empresa para la que habían trabajado los últimos muchos años se ha marchado y en su lugar ha venido otra. La forma de enfrentar este cambio es lo que definirá el cambio.

La situación será la misma para todas las familias afectadas, sin embargo algunos aprovecharán esta circunstancia para hacer valer lo que la empresa anterior no les dio opción, otros triunfarán de nuevo como habían hecho anteriormente, otros sólo hablarán de lo buena que era la otra empresa, sin valorar un segundo la nueva, otros sufrirán cada día el cambio de compañeros y de nuevos jefes, otros sólo sabrán hacer lo que hacían, sin comprender que su habilidad anterior ahora no vale para nada, y otros no aceptarán el cambio y creerán que todavía siguen en la empresa anterior. Es una pequeña metáfora de la vida. Casi con toda seguridad serán felices únicamente los dos primeros grupos, y el resto cargará con una mochila que no tiene sentido porque la situación, como el río, no volverá atrás.

Así que, desde estas líneas largas hoy, os animo a tomar la vida con la alegría que merece, y con la flexibilidad que necesita.

Vivan los cambios porque desde ellos podemos saltar más lejos.