dilluns, de juny 25, 2007

Se puede ser buena persona ...

Hola,

Hoy tengo que hacerme una reflexión en voz alta, o en público, y os he escogido a vosotros, seguidores de mis letras, para hacerla.

La otra noche tuve la fortuna de compartir mesa con una serie de personas variopintas, de diferentes lugares, y sobre todo, de diferentes mentalidades. Lo que comenzó como una cena de españoles, una colombiana, un portugués y yo, en un restaurante español de ajado nombre, el Rocío se llama, terminó en un gran disgusto por mi parte y en una ira contenida que he necesitado dos días para sofocar antes de acometer esta hoja en blanco.

La cuestión que me planteo desde entonces, con más fuerza incluso que antes, es la siguiente, ¿se puede ser buena persona y disfrutar con el sufrimiento ajeno? ¿se puede ser buena persona y disfrutar de la tortura al débil bajo un barniz de fiesta, tradición o mandanga varia? Desde mi punto de vista la respuesta es evidente, no.

Entonces me hago la segunda reflexión, ¿qué proceso ha sufrido una persona para llegar a ese punto? ¿en qué lugar del camino se confundió de sendero?, y la respuesta aquí es que no lo sé.

Entre llesca de pan con jamón (si lleva tomate deja de ser rebanada para ser llesca), queso para algunos, y copita de vino salió el manido tema de la tortura a los animales, en concreto la que se inflige a los toros mal denominados bravos, y para mi sorpresa, indignación e ira mal contenida, hubo comensales en la misma mesa que yo que estaban a favor e hicieron un alegato inversemblante sobre la cultura y la tradición para defender algo tan indefendible como la muerte.

¿Qué parte del corazón se les ha pudrido? ¿En qué lugar anida el mal de esos corazones? Debo pedir perdón, sobre todo a mí mismo, por mi falta de valor para no haber dejado esa mesa y haberme acabado mi ración de queso manchego en el aparcamiento del restaurante. Lo consideré entonces, de manera errónea creo, descortés, pero cómo no ser descortés con alguien que está defendiendo la más vil de las torturas mientras mastica una croqueta, sentado en una silla de cáñamo y sin que nadie le banderille su rechoncho lomo.

Os reconozco que tuve pesadillas esa noche, y que todavía hoy me es imposible comprender cómo alguien pueda defender semejante barbarie y ser buena persona. Por eso he llegado a la conclusión, algo más tranquilo, de que no sé si son malas personas o no, pero sí que tengo la convicción interna y profunda de que buenas, lo que se dice buenas personas, no lo son.

Hay una teoria defendida por algunos psicólogos llamada "del espejo", y que consiste en analizar nuestros sentimientos desde lo que más nos molesta de los demás, y comprender que ese cabreo interno se nos produce justamente por no haber sanado nosotros ese acto que nos lo genera. Creo que es una teoría que no se puede aplicar siempre. En este caso no por lo menos.

Mi enfado y decepción están causados por una total indignación, incomprensión y aceptación a regañadientes de que en realidad sí existen personas que disfrutan con el dolor ajeno. La diferencia entre las que matan y las que miran: la altura a la que ponen el listón de los ajenos.



1 comentari:

Rodrigo ha dit...

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