dilluns, de juny 18, 2007

El sapo sumergido

Hola,

Hoy quiero dar gracias a mi querido amigo Cecilio.

Llevo unos días, prácticamente desde que deje Catalunya para volver a la República Dominicana, con una sensación de ahogo en la boca del estómago. Un nudo duro que no se soluciona con una descarga de gas metano, y que me ha hecho pasar estas dos semanas de bastante mal humor.

No sé porqué, pero la verdad es que siento como si en cualquier momento fuese a ver el famoso Sapo Sumergido de Garp. John Irving, en su extraordinaria novela, dota al protagonista de un sexto sentido que lo advierte de cuando algo no va a ir bien, él lo denomina el Sapo Sumergido. Esa sensación de que tus pasos más recientes te llevan a un lodazal en el que como poco vas a salir lleno de barro hasta los ojos.

Cada palabra que recibo, incluso de mi adorada Luz, me molesta, me duele tener que hablar, que contestar a preguntas incluso por simple cortesía, me irrita saber que estoy a diez mil kilómetros de mis amigos, pero sobre todo me angustia no poder contentar a todo el mundo y saber que he firmado una nueva losa que deberé llevar, si no me doy prisa en solucionar, otro buen porrón de años.

¿Qué debe hacer un hombre para ser libre, para estar tranquilo? No lo sé. ¿Cómo encontrar espacios en un mundo que cada palmo cuadrado de terreno tiene dueño? Tampoco lo sé. A veces tengo la sensación de ser uno de esos clientes del metro de Tokyo en hora punta que se ven embutidos a empujones en los vagones por solícitos empleados de guante blanco. ¿Cómo puedo hablar con los seres que forman parte de mí, si están a cientos de kilómetros? ¿Cómo alcanzar la libertad suficiente para ser? ¿Cómo puedo explicarle a Xesca lo muchísimo que la echo de menos, si no es mirándola a los ojos?
Pero esa angustia, que se ha hecho patente con más fuerza este último fin de semana, se ha neutralizado, como a los hiper tensos con su pastillita diaria, con sólo escuchar la voz de mi amigo. Él me devuelve a un mundo al que, a pesar de no sentirme cómodo, tengo la imborrable sensación de pertenecer.

Por eso quiero dar gracias a mi compañero de vida, por su generosidad al avisarme justo a los pies del lodazal en el que vive el Sapo, y por cambiar este mensaje de angustia contenida por una recomendación. Se sincero, se agradecido, ama a tus amigos y lee El Mundo Según Garp.

Aprovecho también este artículo para enviaros un beso muy fuerte a todos, y para pedir perdón a aquellos que no tuve tiempo de visitar en los cortos diez días que estuve en casa. Os aseguro que no fue por falta de ganas.

Creo que después de escribir, el Sapo se ha sumergido, porque ha entrado en mi despacho una de mis compañeras de trabajo y respondido a su sonrisa con otra.

Gracias Cecilio, tu voz ha obligado a la bestia a dar un paso atrás, y ya estoy contento.

1 comentari:

cecilio ojeda ha dit...

para mi tambien es un placer pensar que un pequeño saltamontes como yo puede hacer que tus dias puedan ser un poco mejor.
un besote para los dos.