divendres, de setembre 08, 2006

El anciano

Hola,

Quería recomendaros un pequeño libro. Es pequeño en cuanto a edición de páginas, pero no en cuanto a contenido.

Este libro se llama "Y ... el anciano habló", de Antón Ponce de Paiva.

Este señor tuvo una revelación en su adolescencia. Él, de familia acomodada peruana, decidió en un momento de su vida dedicarse de pleno a la labor de ayudar a los demás. Fundó una casa de acogida para niños huérfanos y ancianos desheredados. Por desgracia, en Perú no le van a faltar nunca clientes.

Antón Ponce, junto con su esposa Regia (la que aparece comigo en la foto del pie), fundaron Samana Wasi, un lugar de una calidad humana y espiritual extraordinario, situado en las tierras de la familia de Antón Ponce en la población de Urubamba, en pleno valle sagrado cuzqueño.

Hace unos cuatro años, cuando yo tuve el privilegio de visitarlo, vivían unos veinte niños y ningún anciano. Eran niños felices, de nombres tan mágicos como Akenatón, para recordarle a cada uno de ellos la grandeza de ser seres vivos. Recuerdo muy bien el caso de Akenatón, porque además de ganarle unas partidas de ping-pong, me explicaron que sus padres lo abandonaron en un cesto colgando de un árbol, "para que le picaran las serpientes".

Pues bien, los derechos que genera el libro recomendado, así como sus secuelas, son exclusivos para financiar Samana Wasi.

Este libro contiene una enseñanza espiritual profunda basada en las creencias de los antiguos habitantes del altiplano peruano. Los incas entre otros, pero su sabiduría es muy anterior al imperio inca.

Sólo os dejaré una de las enseñanzas que más me ha marcado en el trayecto de vida que recuerdo.

"Trata a los minerales como si fueran plantas,
Trata a las plantas como animales,
A los animales como seres humanos
y a los humanos como seres evolucionados de luz"

¿Podrías matar a un humano? ¿Aunque fuera para comerlo?

Os lo recomiendo y no os duela gastar seis o siete euros en él, porque además de crecer en vuestro interior, ayudaréis a Akenaton y sus amigos a comer.



Una vista del comedor, yo con la sra. Regia, y una vista del edificio principal. Si vais a Samana Wasi, os acojeran encantados. Nosotros fuimos cuatro personas sin avisar, las palabras de Regia cuando manifestamos nuestra intención de quedarnos a comer fueron "ya le echaremos más agua a la sopa".

Espero que os guste.

Que Atón os ilumine.